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Todos los escenarios para la frontera de Irlanda tras el Brexit

Analizamos la situación tras el rechazo de Boris Johnson al acuerdo del Brexit que negoció su antecesora, Theresa May, y que incluía una salvaguarda irlandesa

La situación en que quedará tras el Brexit la frontera entre Irlanda —Estado miembro de la UE— e Irlanda del Norte, parte del Reino Unido, es quizás el asunto que más quebraderos de cabeza está trayendo de cara a la salida británica del club comunitario, prevista para el 31 de octubre. En el acuerdo sobre el Brexit que alcanzó con la UE la anterior primera ministra británica, Theresa May, y que rechaza su sucesor, Boris Johnson, se establecía una salvaguarda que evitaría el regreso de la noche a la mañana a una denominada "frontera dura".

Una nueva solución propuesta por tres expertos abre una posibilidad distinta a la salvaguarda. Con el nuevo sistema, no habría frontera física, ni sería necesaria la salvaguarda que el Gobierno de Boris Johnson y los euroescépticos rechazan al considerar que la soberanía del Reino Unido quedaría sometida a las normas comunitarias.

Como explica Xavier Vidal-Folch en el vídeo que encabeza este artículo, hasta ahora había tres escenarios posibles. El actual, sin fronteras de ningún tipo entre ambas partes del territorio y que cambiaría tras el Brexit. El de una "frontera dura", que devolvería a la zona a la situación previa a 1998 —año en que se firmaron los acuerdos de paz de Viernes Santo— y generaría un coste de 20.000 millones de libras (unos 22.000 millones de euros) anuales, según las primeras estimaciones. Y el de la salvaguarda, que mantendría a Irlanda del Norte dentro del mercado interior europeo.

La nueva propuesta

Controles en origen para los productos que se producen a un lado y se exportan al otro de la frontera invisible. Esa es la clave que manejan para la situación el británico ex alto cargo de la Comisión Europea Jonathan Faull y los especialistas en Derecho Joseph Weiler y Daniel Sarmiento. Los británicos velarían porque exportadores y productores de Irlanda del Norte cumplieran la normativa europea y, al revés, los europeos se encargarían de que las exportaciones desde la República de Irlanda hacia el Ulster, fueran acordes al derecho del Reino Unido. Así, ambas partes del territorio mantendrían sus autonomías regulatorias sin una frontera dura.

Para no fiarlo todo a la buena voluntad de la otra parte, la iniciativa contempla la creación de centros de control de la UE en Reino Unido y de Londres en Irlanda. También recoge severas sanciones para los incumplimientos y los exportadores tendrían que mostrar a los transportistas documentos que certifiquen que su mercancía cumple con los estándares de la otra parte.

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