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ANÁLISIS i

Sudán, contrarrevolución a la egipcia

Los militares han limpiado de 'rebeldes' el espacio público y anunciado sin rubor que rompen con los acuerdos para una transición democrática

El comandante en jefe del Consejo Militar de Transición, Abdel Fattah al Burhán, anuncia la convocatoria de elecciones en nueve meses, este martes en la televisión estatal. / En vídeo, las declaraciones del portavoz de la ONU, Stephane Dujarric.

Para desgracia de Sudán y los sudaneses, su vecino del norte, Egipto, siempre ha condicionado la historia contemporánea del país. Y ahora que se hace patente que la contrarrevolución está en marcha, los peores augurios se cumplen: a la masacre de este lunes de los manifestantes pacíficos acampados a las puertas del cuartel general del Ejército en Jartum, le ha seguido el anuncio por parte de Abdel Fattah al Burhán, el comandante en jefe del Consejo Militar de Transición (CMT), de la convocatoria de elecciones dentro de nueve meses. Democracia bajo control militar, esa es la propuesta del CMT a las demandas de una transición civil de la Alianza por la Libertad y el Cambio, que aglutina a las fuerzas democráticas.

Como sucedió en Egipto en el verano de 2013, los militares a cargo de la ansiada transición primero han limpiado de rebeldes el espacio público y luego han anunciado sin rubor que rompen con los acuerdos para una transición democrática. Y claro, imponen su propia hoja de ruta, en la que no faltan comicios a la carta y declaraciones altisonantes llamando a la estabilidad y denunciando injerencias extranjeras. Todo ello se ha producido cuatro días después de que una huelga general paralizara el país y mostrara la capacidad de movilización de las fuerzas opositoras.

Hay que interpretar que el asunto empezaba a descontrolarse a ojos del CMT. Sus cabecillas, el mencionado Al Burhán y Muhammad Hamdán Dagolo, el general en la sombra que se perfila como futuro hombre fuerte de Sudán, habían realizado en mayo un periplo por Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Egipto. Previamente, a finales de abril, Emiratos y Arabia Saudí libraron una ayuda de 3.000 millones de dólares al país, socio de la coalición militar para la guerra en Yemen. A los sudaneses les cabían pocas dudas de las intenciones de la CMT, y por ello han persistido en la ocupación de plazas y calles y en la protesta civil masiva.

Hemetti, que es como se conoce a Dagolo, es además el jefe de las Fuerzas de Intervención Rápida, una milicia paralela al Ejército regular, y se presenta como un curtido pacificador de las fronteras del país, incluido Darfur. A las pocas semanas de la destitución de Omar al Bashir, el pasado 11 de abril, y a la vista de las demandas de los manifestantes ya afirmó: “Mi paciencia con la política tiene un límite”. Este militar del Estado profundo, en buenas relaciones con los grupos islamistas contrarios a las demandas democráticas de la alianza opositora, es el estratega del terror como medio para acabar con las protestas. La coacción y el miedo le han dado buenos resultados en los confines de este enorme país, pero está por ver si en las ciudades la estrategia funciona con la misma facilidad. Jartum, Port Sudan y Omdurman son nombres míticos en la historia de la resistencia sudanesa... solo hay que preguntar a británicos y egipcios.

Luz Gómez es profesora de Estudios Árabes de la Universidad Autónoma de Madrid. Su libro más reciente es Entre la sharía y la yihad. Una historia intelectual del islamismo (Catarata, 2018).

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