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Las dos mujeres del ISIS que afirman ser españolas

Fuerzas kurdas localizan a las dos yihadistas cuando abandonaban el último reducto del Estado Islámico en Siria

En el este de Siria, junto a la frontera con Irak, coinciden mujeres a las que ocho años de contienda han arrastrado por caminos muy dispares. Unas llegaron para sumarse al califato del Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés); otras para destruirlo. Entre las primeras se encuentran dos mujeres que afirman ser españolas. Han salido de Baguz, último bastión que mantiene el ISIS en Siria, por el punto que controlan milicianas kurdas.

“Parece como si estuvieran en coma, delirantes, radicalizadas”, cuenta en conversación telefónica Lilwa Abdulá, de 25 años, comandante de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF, en sus siglas en inglés), en referencia a las yihadistas con las que intenta dialogar en los puntos de criba a la salida de Baguz. “Me dan pena”, prosigue esta joven. Le resulta difícil entender a estas mujeres —que suman más de 45 nacionalidades— porque “o no hablan árabe o lo chapurrean con espesos acentos”.

Las instantáneas que llegan de Baguz narran los últimos estertores del califato y de su pueblo. En los confines de este desarrapado oasis se cruzan los caminos de las víctimas con sus libertadoras y las esposas de los yihadistas evacuadas. Una renqueante marea negra de abayas con bebés arrastra pesados petates militares antes de toparse con un muro verde caqui de milicianas tocadas con coloridos pañuelos cargando fusiles. El pasado 1 de marzo, una de estas yihadistas llegó a posiciones de las SDF con una menor en brazos. De su niqab (velo facial integral) sobresalían unas gafas rectangulares. Este diario ha tenido acceso a una grabación en la que la mujer responde a preguntas de un combatiente kurdo.

—“¿De dónde eres?”, le pregunta en inglés el miliciano.

—“Soy de España, soy española”, responde también en inglés.

—“¿De Madrid?”, pregunta de nuevo el uniformado.

—“Sí”.

En un segundo vídeo, aparece rodeada de cuatro menores. “Hermano... ¡No quiero hablar!”, responde, esta vez molesta y en árabe clásico con marcado acento.

Se trata de las primeras imágenes de una mujer bajo custodia de fuerzas kurdas en los campos del norte de Siria que defiende tener nacionalidad española. Según los mandos kurdos consultados en el seno de las SDF, otra mujer aseguró tener nacionalidad española cinco días antes en ese mismo punto de criba donde son brevemente interrogadas. “Dijo ser de origen marroquí, de 24 años y hablaba árabe fluido. Salió acompañada de siete menores [sin que se sepa cuántos de ellos son hijos suyos]. Según su propio relato, quedó viuda hace tiempo al morir su marido combatiendo con el ISIS”, señala a este diario un uniformado kurdo que pide mantener el anonimato. EL PAÍS no ha podido confirmar la nacionalidad de estas dos huidas del ISIS.

Según las cuentas de los servicios de inteligencia españoles, desde 2012, entre 20 y 30 mujeres españolas o de origen magrebí con permiso de residencia se subieron a un avión para mudarse a tierras del califato. Una docena de ellas fueron posteriormente localizadas en Raqa, en donde los vecinos aseguran que las solteras fueron esposadas con muyahidines y varias de ellas quedaron embarazadas. Se les pierde el rastro en octubre de 2017, mes en el que el ISIS fue expulsado de su autoproclamada capital por las milicias kurdo-árabes. En Raqa, los extranjeros ocuparon las mejores villas y recibieron los sueldos más altos y las mejores escuelas para sus hijos. Imágenes difundidas en las redes sociales del interior de Baguz esta semana muestran un desolador paraje de zanjas, basuras y polvorientas mantas como único cobijo para estas extranjeras y sus niños. De entre las zanjas surgen mujeres cubiertas por aballas y armadas con fusiles y percheras.

Hasta la fecha, “son los dos únicos ciudadanos cautivos en el norte de Siria de los que se tiene constancia que defienden ser españoles”, aseguran oficiales de las SDF consultados. Una cifra que corre el riesgo de aumentar después de que más de 7.000 personas se hayan entregado a las SDF en las últimas 72 horas. “Una vez terminada la ofensiva podremos hacer público el desglose por nacionalidades de las miles de cautivas y yihadistas que se han rendido. Es posible que entre ellos aparezcan nacionales españoles o magrebíes con ciudadanía española”, asegura por WhatsApp Mustafá Bali, portavoz de las SDF.

De regreso a los puntos de salida de Baguz, las milicianas aseguran que algunas de las cuestionadas se dicen arrepentidas y desengañadas por un califato que hoy acusan “de corrupto e injusto” y cuyas férreas leyes han sufrido en sus propias carnes. Y, sin embargo, tampoco son pocas las que se encaran a las cámaras de televisión allí presentes con el dedo índice levantado hacia el cielo bramando: “el califato sigue vivo”. “Solo hemos abandonado Baguz porque el emir Abu Baker el Bagdadi, que dios le proteja, nos lo ha pedido, para que nuestros maridos puedan continuar la yihad [guerra santa] con la venia de dios”, espeta una de ellas en una entrevista con una cadena de televisión siria.

Más de 66.000 personas -la inmensa mayoría de ellas mujeres y niños- se hacinan en el campo de acogida de Al Hol, según el recuento que hace la ONU. Son precisamente estas huestes de radicalizadas las que la justicia europea teme tornen en caballo de Troya de llevar a cabo las repatriaciones masivas de sus nacionales tal y como solicitan las FDS. Mientras, más de 80 menores han muerto en el campo o camino a él debido a una desnutrición aguda tras sobrevivir a varias semanas de cerco. Algunos de estos lactantes han sido enterrados en el desierto por las mismas combatientes que asisten también a los partos acaecidos en plena evacuación en un extraño pulso entre vida y muerte.

“Queremos que sus países de origen se las lleven, o al menos que pongan los medios para des-radicalizar a las extranjeras que viajaron a nuestra tierra”, dice Abdulá. Las milicias kurdas han perdido a 8.000 de los suyos en los cerca de cinco años de lucha contra el ISIS. Los tres últimos, este martes en Baguz. Desde que Al Bagdadi proclamara el califato en el verano de 2014, más de 5.000 personas han sido ejecutadas, decapitadas, lapidadas, quemadas vivas o lanzadas desde las azoteas de edificios por el ISIS, según el recuento del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. Miles de mujeres iraquíes y sirias han sido secuestradas, vendidas como exclavas y violadas repetidamente. Cientos de menores han sido convertidos en niños soldado.

Las víctimas conocen a sus libertadoras

Sorprendentemente, en los puntos de registro también hay cabida para los abrazos y las expresiones de alegría. Las milicianas de las FDS han logrado rescatar a unas 200 mujeres y niños yazidíes que el ISIS secuestró en Irak. Tres salieron esta semana de Baguz. Nadia (seudónimo de una de ellas) se recupera tras haber sido operada de urgencia. “Está en estado de shock. Ha sido violada repetidas veces y salió de Baguz con múltiples fracturas óseas tras recibir varias palizas”, explica en conversación de WhastApp el Sheij Ziyad, a cargo de Mala Ezidi, el centro de acogida que recibe a estas mujeres y gestiona su regreso junto a sus familias en Irak. Y a pesar de todo, Nadia es una afortunada frente a las 3.000 yazidíes que aun siguen desaparecidas. Una fosa común descubierta recientemente en los alrededores de Baguz con decenas de cuerpos hacen temer lo peor. “La mayoría son cadáveres de mujeres decapitadas. Una masacre”, lamenta el comandante de las FDS Adnan Afrin.

“No busco venganza”, asevera Abdulá. Para esta licenciada en ingeniería agrícola, la lucha no termina en Baguz. Dice que tras acabar con este reducto del ISIS “aparcará las armas” para proseguir la lucha ideológica y política en pro de la liberación de las mujeres. “La ideología del Daesh [ISIS] sobrevive en la cabeza de muchas mujeres y hombres que les dieron la bienvenida en Deir Ezzor o Raqa”, apostilla la comandante. Para sumarse a las FDS la joven tuvo que confrontar las leyes patriarcales no escritas de la tribu a la que pertenece y que rigen esta provincia en la que "no aprueban que las mujeres vistan uniforme, manejen el fusil y luchen codo con codo con hombres”.

La comandante siria Lilwa Abdulá (en el centro) conversa con mujeres del ISIS evacuadas del reducto yihadista sirio de Baguz el pasado 6 de marzo

La miliciana fue de las primeras en sumarse a la lucha armada para lo que contó con el apoyo de sus cuatro hermanos menores, también milicianos. Otras 1.000 mujeres árabes siguieron sus pasos para unirse a las 15.000 guerrilleras kurdas, quienes a su vez confrontan otra sociedad patriarcal: la kurda. Las mujeres milicianas cuentan por el 20% de las fuerzas aliadas de la coalición, según los datos provistos por el Centro de Información de Rojava. Fue precisamente una mujer, la comandante Rojda Felat, la que lideró las operaciones para exulsar al ISIS de Raqa.

Las compañeras kurdas de Abdulá dicen que no bajarán las armas por ahora, porque después del ISIS “habrá que repeler a las tropas turcas y las milicias sirias aliadas que han invadido el cantón kurdo de Afrin". Conforme Nadia y sus compañeras yazidíes liberadas esperan reunirse en los próximos días con lo que queda de sus familias en Irak, el destino de las yihadistas extranjeras cautivas, incluidas las españolas, sigue siendo incierto.