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Sánchez amenaza con votar contra el acuerdo del Brexit por Gibraltar

España exige aclarar que la colonia británica no forma parte de Reino Unido

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, interviene en la sesión de control al Ejecutivo, este martes en el pleno del Senado. En vídeo, las declaraciones de Pedro Sánchez.

El malestar español con el acuerdo del Brexit sube de rango. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, amagó este martes con votar en contra de este pacto, clave para el futuro de la Unión Europea, si no se resuelven las objeciones españolas respecto a Gibraltar. “Si el domingo [el día de la cumbre extraordinaria convocada en Bruselas para aprobar el divorcio con Reino Unido] va el acuerdo de retirada y la declaración política de futuro en los términos que está ahora mismo, España votará que no”, anunció solemnemente Sánchez en un acto organizado en Madrid por la revista The Economist.

Es la primera vez que las autoridades españolas, poco dadas a mantener posturas de bloqueo en la UE, expresan abiertamente esta posibilidad respecto al Brexit. El Gobierno de Pedro Sánchez se siente traicionado por un artículo en apariencia inocuo —pero con repercusiones jurídicas para el encaje europeo de Gibraltar— introducido a última hora en la propuesta de texto de retirada que deberían ratificar este domingo los jefes de Estado y de Gobierno de la UE. El polémico texto alude a la relación futura que deberán pactar Bruselas y Londres una vez concluya el periodo de transición tras el Brexit y que deberá negociarse “con pleno respeto a los respectivos órdenes legales”. España interpreta que esta expresión permite a Reino Unido aplicar cualquier vínculo futuro entre la UE y Londres a todos los territorios incluidos en su orden constitucional, entre ellos Gibraltar. España rechaza que la colonia forme parte de Reino Unido.

Con ese espíritu, el Gobierno rechaza cualquier automatismo y exige tener la última palabra sobre si Gibraltar se beneficia o no del marco general futuro que perfilen los socios comunitarios y sus excompañeros británicos. “Los primeros sorprendidos somos nosotros”, enfatizó Sánchez, que esgrimió la actitud “constructiva y proeuropea” demostrada por España para pedir comprensión en Bruselas.

Poco después de esas declaraciones, el presidente habló por teléfono primero con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y después con el del Consejo, Donald Tusk, para tratar de reconducir la situación. Porque aunque técnicamente solo hace falta mayoría cualificada de los socios comunitarios para ratificar el acuerdo, las instituciones de la UE no contemplan otra fórmula que no sea el consenso en un asunto tan crucial. Fuentes de Moncloa aseguran que la discusión resultó positiva, pero que aún no se ha hallado la fórmula para sortear este escollo. Sánchez también trató de ponerse en contacto con la primera ministra británica, Theresa May.

Más allá de la sutil redacción de ese artículo del tratado de retirada británica, a España le incomoda el borrador sobre el texto de la relación futura, que acompañará el acuerdo de retirada y que deberá servir de guía para las negociaciones futuras entre Bruselas y Londres. España exige cambios en los dos textos para cambiar de postura.

Aunque cuesta imaginar un voto negativo del Ejecutivo de Sánchez al Brexit, las fuentes consultadas insisten en que el Gobierno no va de farol. “Si no se halla una solución satisfactoria, votaremos en contra”, aseguran. En sus declaraciones públicas, Sánchez realizó algo poco común en un dirigente español: expresar críticas a las instituciones comunitarias. “Alguien no ha hecho bien su trabajo en Bruselas”, deslizó el mandatario, en referencia clara al equipo del negociador europeo para el Brexit, Michel Barnier.

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