El nuevo Congreso afronta el reto de rebajar la tensión en un país dividido

La creciente diversidad del país, tan reflejada en estos comicios, contrasta con el clima crispado y un repunte de crímenes de odio en varios Estados

Las elecciones de medio mandato celebradas ayer en EE UU han servido para renovar buena parte del Congreso, pero es muy previsible que continúe la dificultad para alcanzar acuerdos bipartitos, tónica que ha marcado la actividad de las Cámaras durante los últimos años. Ese es el primer problema al que se enfrentan los nuevos legisladores y que se ha acabado traduciendo en una fractura social. La creciente diversidad del país, tan reflejada en estos comicios por la variedad de candidatos que se han presentado, contrasta con el clima divisivo, que tiene en la información basura una peligrosa vitamina.

Imagen del Capitolio este martes, día de las elecciones legislativas, al amanecer.
Imagen del Capitolio este martes, día de las elecciones legislativas, al amanecer.J. David Ake (AP)

Pocos episodios recientes explican la tensión creciente como lo ocurrido la víspera de la elección con el anuncio del equipo electoral de Donald Trump: un vídeo que vinculaba a Luis Bracamontes, un inmigrante mexicano indocumentado que mató a sangre fría a dos policías en California en 2014, con la caravana de miles de centroamericanos que está intentando cruzar México para llegar a EE UU. La publicidad mezclaba las imágenes del asesino, sonriente, con las de la caravana de migrantes, formada por miles de hombres, mujeres y niños, junto a frases como “los demócratas lo dejaron entrar a nuestro país” o “los demócratas lo dejaron quedarse”. Las cadenas de televisión CNN y NBC, así como Facebook, rechazaron emitir el anuncio, pero también para la cadena conservadora Fox, gran apoyo trumpista, fue demasiado y lo rechazó.

Trump ha identificado muchas veces inmigración irregular con delitos violentos. Esa vinculación fue la marca identificativa de su carrera hacia la presidencia desde el primer momento y también del año y medio que lleva de mandato. Pero se han registrado sucesos graves en los últimos días en EE UU, ha corrido la sangre, y hasta medios leales al presidente como la Fox han visto en un caso como este la necesidad de calmar los ánimos.

El 26 de octubre la policía arrestó a un fanático republicano como supuesto autor del envío de paquetes bomba a varias personalidades, en su mayoría políticos demócratas, con algo en común: son algunos de los personajes más detestados por la derecha. Al día siguiente, en pleno sabbat, el día sagrado de la semana para los judíos, otro hombre cometió en Pittsburgh el crimen antisemita más grave en la historia del país, al asesinar a 11 personas mientras rezaban en su sinagoga.La agencia Associated Press y otros medios locales informaron de que el detenido, Robert Gregory Bowers, había escrito en Gab.com, una red social muy usada por la ultraderecha, contra la organización judía HIAS, que busca alojamiento a refugiados en cooperación con la Administración federal. “A HIAS le gusta traer a invasores que matan a nuestra gente. No puedo quedarme sentado y ver a mi gente masacrada”, escribió.

Mi gente versus la otra gente. Ese es un concepto conflictivo para la convivencia en cualquier país, pero reabre muchas heridas en EE UU, la mayor potencia del mundo, levantada sobre la inmigración y que tiene en la diversidad de origen una de sus grandes señas de identidad, pero que al mismo tiempo arrastra un pasado de segregación.Los comicios ofrecen la sensación de que dos mundos se separan: mientras las candidaturas muestran la diversidad del país y, más importante, la normalización de esa diversidad —nunca tantas mujeres, personas abiertamente gais o miembros de minorías raciales son candidatos—, los crímenes de odio han repuntado en muchos Estados.

La polarización de la política estadounidense no es un invento de la era Trump. Los dos últimos años de la Administración de Barack Obama resultaron incendiarios. Un análisis de Pew Research, el centro de investigaciones sociológicas de referencia en el país, alertaba en 2014 de que la antipatía de los adultos en todo EE UU hacia el otro partido era mayor que en cualquier otro momento de las dos últimas décadas, y resaltaba que el espacio centrista se evapora. El porcentaje de republicanos con una imagen “muy negativa” del Partido Demócrata saltó del 16% al 38% entre 1994 y 2014; en el caso de los demócratas respecto al Partido Republicano, el salto era aún mayor: del 17% al 43%.

La creciente división cuenta además con una potente armada de informaciones falsas y crispantes que se difunden con más rapidez y profundidad que nunca gracias a las redes sociales, ahondando la brecha y la sospecha u odio hacia el otro.

La información tóxica marcó las elecciones presidenciales de 2016 y ha logrado su espacio también en las legislativas de este martes. Un informe del Oxford Internet Institute (OII) recalca que las noticias basura —con títulos como “El consejero especial y exdirector del FBI Robert Mueller acusado de violación por ‘testigo muy creíble” o “Nuevo vídeo demuestra que personal de la campaña de Beto O’Rourke ayuda ilegalmente a la caravana”— se han compartido en esta campaña más que hace dos años.

Joanne B. Freeman, historiadora especializada en la violencia política en EE UU, comparaba en septiembre en The New York Times el “poder destructivo” de las redes con la ola de propaganda falsa que el telégrafo difundió en la década de 1850, contribuyendo a la violencia. “En esencia, la democracia es una conversación entre los políticos y el público. No debería sorprender que cambios radicales en los modos de esta conversación también causen cambios radicales en la democracia en sí misma”, razona Freeman. En el centro de esta conversación, afirma, figura el Congreso, el mismo que se renovó este martes y que cada vez tiene más dificultades para cerrar consensos bipartitos. Por eso, advierte, “un Congreso disfuncional puede suponer la clausura del escenario crucial del diálogo nacional, dejándonos vulnerables de un modo que no hemos empezado ni a imaginar”.

Facebook bloquea un centenar de cuentas sospechosas

J. FAUS

Facebook anunció la noche del lunes, en la víspera de las legislativas, el bloqueo de 115 cuentas (85 de ellas en Instagram) sospechosas de llevar a cabo un ataque "coordinado no auténtico” relacionado con grupos extranjeros que tratan de influir en las elecciones. El gigante tecnológico ha redoblado sus esfuerzos en los últimos meses tras ser acusado de pasividad ante la campaña de desinformación masiva por parte de Rusia en las presidenciales de 2016. En octubre, Facebook eliminó 82 páginas relacionadas con Irán y en agosto se deshizo de 652 páginas con vínculos iraníes y rusos. El objetivo de esos grupos era atizar divisiones sociales y socavar la fe democrática.

Por su parte, Twitter ha identificado 4.600 cuentas y unos 10 millones de mensajes sospechosos. El Gobierno estadounidense ha acusado a Moscú de tratar de interferir en las legislativas y ha reforzado sus controles. Según las agencias de inteligencia norteamericanas, Rusia interfirió en las elecciones de 2016 con el objetivo de ayudar a Donald Trump a ser presidente.

Sobre la firma

Amanda Mars

Corresponsal jefe de EL PAÍS en EE UU. Comenzó su carrera en 2001 en Europa Press, pasó por La Gaceta de los Negocios y en 2006 se incorporó a EL PAÍS, donde fue subjefa de Economía y corresponsal en Nueva York. Desde 2017 vive en Washington. Ha cubierto dos elecciones presidenciales, unas legislativas, dos impeachment y un asalto al Capitolio.

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