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Por qué no quiere Macron hablar de la ‘fábrica de salchichas’ de la política

El presidente francés se niega a comentar ante la prensa una tempestuosa llamada telefónica que mantuvo con el presidente Trump la semana pasada

Donald Trump y Emmanuel Macron, el pasado abril en la Casa Blanca.

¿De qué hablan los gobernantes cuando nadie les escucha? ¿Qué se dicen cuando el telón ha caído y nadie les ve?

El presidente francés, Emmanuel Macron, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, hablaron la semana pasada por teléfono sobre comercio e inmigración. La sintonía personal exhibida en sus comparecencias públicas, pese a las diferencias políticas entre ambos, se había esfumado. La conversación fue tempestuosa, según algunas informaciones.

“Simplemente mala. Terrible”, resumió una fuente a la cadena CNN. “Macron creyó que podía decir lo que pensaba, basándose en la relación que mantienen. Pero Trump es incapaz de aceptar que le critiquen así”.

El martes, cuando en una rueda de prensa en París un periodista preguntó al presidente francés por la conversación, la respuesta remitió a una cita que ya es un lugar común, atribuida al canciller Otto von Bismarck (1815-1898). “Quizá soy un poco clásico”, respondió. “Nunca he explicado las bambalinas. Porque, como decía Bismack, si explicásemos a la gente la receta de las salchichas, no es seguro que siguiésemos comiéndolas”.

La cita original de Bismarck se refería aparentemente a la fabricación de las leyes, y cómo, si los ciudadanos conociesen el procedimiento por el que se elaboraban, les perderían el respeto, o incluso les causaría náuseas (un artículo en la web de la Fundación Otto von Bismarck precisa en todo caso que no hay pruebas de que el canciller de hierro pronunciase tal frase).

La metáfora de la fábrica de salchichas no se refería sólo a la llamada telefónica con Trump, sino que sirvió a Macron para formular una reflexión sobre su manera de gobernar.

“Estoy apegado a que la gente vea el plato servido, pero no estoy persuadido de que el comentario de la cocina ayude al buen servicio del plato o a su buen consumo”, dijo. Es decir, importa el qué, no el cómo.

Macron llegó hace un año al poder con una idea: hacer, en casi todo, lo contrario que su antecesor, François Hollande, a quien había visto trabajar de cerca, pues fue su colaborador en el Palacio del Elíseo y después su ministro de Economía. Uno de los rasgos de Hollande que irritaba a Macron —y que en su opinión contribuyó a sus problemas— era su tendencia a comentar su acción de gobierno al tiempo que gobernaba. Creía un error su proximidad con los periodistas y su afición a mostrar las bambalinas de la política: la fábrica de salchichas. También es cierto —y esto lo obvia el presidente francés al despreciar la fábrica de salchichas— que algunas de las mejores aproximaciones a su figura son relatos de las bambalinas, realizados además con su complicidad, como el documental Macron: el camino a la victoria.

Ante la llamada con Trump, sin embargo, su respuesta fue clara: “En París no tenemos la costumbre de hacer comentarios sobre lo que pasó: si fue caliente, frío, cálido, terrible. Nosotros hacemos, y avanzamos”.

¿De qué hablan los gobernantes cuando nadie les escucha? ¿Se esconde ahí la verdad de la política?

El no comment de Macron es ya es un comentario: la fábrica de salchichas como la verdad última de la política.

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