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COLUMNA

Como un plebiscito

La segunda vuelta se definirá entre el miedo a Álvaro Uribe o el miedo a Gustavo Petro

Siempre se ha dicho que en la primera vuelta presidencial se vota por el que uno quiere y en la segunda contra el que más se rechaza. Todo parece indicar que esto es lo que ocurrirá en Colombia el próximo 17 de junio. Los dos candidatos que se disputan la presidencia han desarrollado estrategias para que así sea. Por un lado, el candidato de la extrema derecha, quien puntea de lejos en las encuestas, Iván Duque, ha intentado hacer de la segunda vuelta una votación contra el miedo a Venezuela. Durante meses desarrolló la campaña de la estigmatización contra el candidato de la izquierda, Gustavo Petro, y quiere hacer de la segunda vuelta una votación contra lo que se denomina el populismo de izquierda.

Por otro lado, Gustavo Petro, ha hecho lo propio. Ya no se ha dedicado a defenderse y rebatir a quienes lo acusan de populista, sino que ha comenzado una fuerte arremetía mediática con posturas de centro. Mientras, las figuras políticas que lo rodean han intentado hacer de la segunda vuelta un plebiscito contra el expresidente Álvaro Uribe. Han comenzado a recordar los problemas de corrupción, derechos humanos y persecución política, que ocurrieron durante los dos Gobiernos del expresidente, con ello buscan agrandar el miedo al regreso de Uribe.

La encuesta más reciente le da un 55% de los votos a Duque, un 35% a Petro y un 10% de voto en blanco. Quedan menos de 15 días para lograr modificar ese tablero. Pero en los últimos días han ocurrido tres situaciones que comienzan a llevar a muchos indecisos y de voto en blanco, a tomar partido. Lo primero es que la campaña de Iván Duque recibió el apoyo de toda la clase política tradicional, muy cuestionada en los últimos años y muchos de ellos involucrados en escándalos de corrupción. La totalidad de congresistas involucrados en el escándalo de Odebrecht han dado su apoyo al candidato del uribismo, así como los vinculados al cartel de la hemofilia y el del sida. Estos carteles se refieren a mecanismos que se utilizaron para desangrar económicamente los recusados públicos de la salud con pacientes fantasmas de enfermedades de alto costo. La campaña de Duque sabía que esto tendría un alto costo, por ello, las mayoría de las adhesiones se hicieron con declaraciones de estos políticos, pero sin foto con el candidato presidencial. Aun así la lluvia de críticas no se hizo esperar.

Lo segundo es que algunos académicos y tecnócratas en economía han dado su respaldo al modelo de Gustavo Petro: el primero fue Thomas Piketty, quien le dio una bocanada de aire a la campaña de la izquierda. Horas después fue el economista Salomón Kalmanovitz. Con esto, la campaña de que Petro era igual al castrochavismo comienza a derrumbarse. Igualmente una serie de académicos, analistas y hasta artistas han dicho que prefirieren a Gustavo Petro, incluso, manifiestan que no comparten algunas de sus ideas, pero lo prefieren a un regreso del uribismo.

Lo tercero que ocurrió es que varios líderes políticos del centro manifestaron la intención de votar en blanco, con lo cual, le dieron un fuerte golpe a la campaña de la izquierda y terminaron favoreciendo la de la derecha. Para muchos, la unidad de Fajardo, Petro y de La Calle era casi obvia, con la idea de salvar el proceso de paz, ya que la campaña de la derecha ha dicho que hará trizas los acuerdos, aunque en los últimos días ha cambiado la palabra trizas por la de reformas estructurales, en un intento por deslizarse al centro y no verse como los enemigos de la paz.

Así las cosas, con el voto en blanco de algunos líderes políticos, se daba casi por seguro que Gustavo Petro perdería las elecciones. Sin embargo, la ola de adhesiones que ha logrado en las últimas horas podría llevarlo a subir algunos puntos y ponerle emoción a la campaña. El miedo a Uribe o el miedo a Petro, así se definirá la votación.