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Un nuevo giro del laborismo inclina la balanza hacia un Brexit suave

Presionado para apoyar la permanencia en el Espacio Económico Europeo, Jeremy Corbyn propone un camino intermedio para evitar una rebelión en el partido

El líder laborista, Jeremy Corbyn.
El líder laborista, Jeremy Corbyn. REUTERS

El opositor Partido Laborista británico ha dado un nuevo giro que sitúa su postura un poco más cerca de la modalidad más suave del Brexit, en un intento de unir a un grupo parlamentario fracturado de cara a una serie de importantes votaciones que tendrán lugar la semana que viene. El partido de Jeremy Corbyn propuso una enmienda a la gran ley de salida de la UE -que la semana que viene regresa a la Cámara baja tras una tramitación en la Cámara de los Lores de la sale con nada menos que 15 enmiendas que tratan de suavizar el enfoque del Gobierno de Theresa May- en la que pide al Gobierno negociar lo que llama un nuevo “acuerdo de mercado interno”. Se trataría de perseguir una relación nueva y muy cercana con la UE, sin pertenecer al mercado único pero manteniendo muchas de sus ventajas.

La intención de Corbyn es neutralizar una probable rebelión entre sus diputados: hasta 60 de ellos estarían decididos a desafiar al líder, que pide la abstención, y apoyar una de las enmiendas introducidas por los lores que aboga por la pertenencia al Espacio Económico Europeo. Se trata de un grupo de países, como Noruega, que están fuera de la UE pero dentro del mercado único.

El conocido como modelo noruego constituiría un mal menor para los más proeuropeos, ya que implica acatar normas de la UE en cuya elaboración no se ha participado pero, al menos, permite comerciar sin aranceles en el mercado único. Es, sin embargo, una línea roja total para los partidarios de una ruptura radical con la UE, pues supone aceptar la libre circulación de personas.

El atasco de las negociaciones con Bruselas ha vuelto a poner sobre la mesa, aunque no abiertamente, el modelo noruego: se antoja como una de las pocas salidas si Londres no quiere perder el acceso al mercado único ni ver una frontera física entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, uno de los problemas más difíciles de resolver del Brexit. Ayer mismo, la primera ministra tuvo oportunidad de tratar sobre ello con su homóloga noruega, Erna Solberg, a quien recibió en Downing Street en su primera reunión oficial.

Corbyn ha recibido fuertes presiones desde los sectores más proeuropeos del laborismo para abrazar el modelo noruego, pero su propuesta se cuida mucho de no plantearlo literalmente: hacerlo pondría en peligro su apoyo en las regiones urbanas del norte de Inglaterra que votaron por el Brexit recelosas de la inmigración. Es un nuevo y cauteloso juego de equilibrios, como lo ha sido cada variación en la postura del partido en el debate europeo, pero supone el más significativo movimiento del laborismo hacia un Brexit suave. Y es un elemento más, de considerable peso, en una corriente que desde diversos frentes va alejando la inercia del Brexit de la ruptura radical que viene planteando desde el principio el Gobierno de May.