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Se busca líder con carisma en Marruecos

El éxito del boicot ciudadano a tres grandes empresas debilita la credibilidad del Gobierno y la oposición

El jefe del Gobierno, el islamista Saadedín Otmani (en el centro, con un folio en la mano), anuncia el 25 de marzo de 2017 la formación de su Ejecutivo de coalición. EFE

Estamos en Ramadán. Y en Marruecos, como en tantos países musulmanes, la vida transita con más calma. Se consumen más alimentos que en cualquier época del año, la jornada laboral suele acortarse y se acude a las mezquitas más que nunca. Sin embargo, un movimiento de protesta poderoso, incontrolable, imprevisible, discurre paralelo a esa engañosa placidez. El 20 de abril nació en Facebook de forma anónima una campaña contra la carestía de vida que llamaba al boicot de tres empresas hegemónicas en sus sectores. Las marcas afectadas eran la leche Centrale (perteneciente al grupo Danone, con una participación del 5% del consorcio industrial del rey Mohamed VI), el agua Sidi Ali y la cadena de estaciones de servicio Afriquia, propiedad de Aziz Ajanuch, quien ejerce como ministro de Agricultura y Pesca desde hace 11 años, es el segundo hombre más rico del país, después del rey, y está al frente del Reagrupamiento Nacional de Independientes (RNI, liberal), formación clave en la coalición de cinco partidos que integra el Gobierno.

Ante ese boicot, que sigue avanzando frente a los dirigentes como una bola en el pasillo de una bolera, ningún dirigente ha sabido convencer a la población para detener la inercia. El político más carismático de Marruecos, el islamista Abdelilá Benkirán, ex secretario general del Partido Justicia y Desarrollo (PJD) permanece alejado del poder desde que el rey Mohamed VI lo destituyera en marzo de 2017. Benkirán había ganado las legislativas de 2016 con un resultado récord: 125 de los 395 escaños del Parlamento. Pero el monarca lo destituyó tras cinco meses en los que Benkirán no logró formar un Ejecutivo de coalición porque se negó a aceptar las condiciones que le exigía Aziz Ajanuch. El rey nombró en su lugar a Saadedín el Otmani, segundo hombre del PJD.

El Otmani llegaba con una imagen de consenso y perfil discreto. Sigue siendo discreto, pero la discreción no le ha valido para infundir confianza frente a las protestas de Alhucemas o las de Yerada, donde los vecinos denunciaban también las míseras condiciones de vida. Sus titubeos a la hora de afrontar el boicot también han mermado su credibilidad. Primero optó por el silencio, después el portavoz de su Gobierno amenazó con perseguir judicialmente a quien difundiera informaciones falsas con relación al boicot. Y por último, él mismo declaró esta semana que el boicot es un “grito de sufrimiento” de una parte de la clase media y que no va a ignorar ese fenómeno ni a hacer como si no existiera.

En noviembre, El Otmani consiguió que el Consejo Nacional del PJD votara contra un posible tercer mandato de Benkirán como secretario general del partido. Pero ganó con solo 25 votos de diferencia sobre un total de 231. La llamada “hermandad” del PJD quedó más dividida que nunca. El pasado 1 de mayo El Otmani fue abucheado en Casablanca por miembros de la Unión Nacional del Trabajo de Marruecos (UNTM), brazo sindical del partido islamista.

En el sistema político marroquí es imposible que una sola formación obtenga la mayoría absoluta. Los partidos gobiernan en coalición y eso no facilita los liderazgos de peso. La última palabra siempre la tiene el rey. El Gobierno lo forman ahora cinco partidos. De ellos, los islamistas fueron los más votados. En la oposición se encuentra la segunda formación en votos en las legislativas de 2016, el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), fundado en 2008 por el actual consejero del rey Fuad Ali el Himna para combatir la pujanza de los religiosos.

El que era hasta ahora líder del PAM, el rifeño Ilias el Omary, quedó debilitado tras perder frente a Benkirán en 2016. Y se vio aún más desacreditado tras su papel irrelevante durante las protestas del Rif, a pesar de que es rifeño de Alhucemas y presidente de la región Tánger-Tetuán-Alhucemas. El partido acaba de nombrar la semana pasado un nuevo secretario general. Es también rifeño de Alhucemas y se llama Hakim Benchemach. Uno de sus principales mensajes hasta ahora consiste en decir que no es una marioneta de Ilias el Omary. De momento, a Benchemach le quedan tres años por delante como principal dirigente opositor.

Tal vez la persona más desgastada por el boicot, además del jefe del Gobierno, sea Aziz Ajanuch, el líder del RNI, el gran contendiente frente a los islamistas para las próximas legislativas de 2021. La campaña anónima ha resaltado su punto más vulnerable: el conflicto de intereses entre el cargo y los negocios. Se cuestiona ahora más que nunca el margen de beneficios que ha podido obtener como principal distribuidor de combustible. Como ministro de Agricultura y Pesca Ajanuch declaró en la primera semana de la campaña: “Los productos marroquíes siguen evolucionando y la realidad sobre el terreno no va a ser detenida por la web (…) Esto no es un juego, el que quiera jugar que se vaya a otra parte”. El día a día demostró lo contrario: Centrale Danone, anunció la semana pasada que ha reducido sus compras de leche a ganaderos en un 30%. Lo cual se puede traducir en falta de ingresos para cientos de familias. En efecto, esto no es un juego. Pero nadie sabe detenerlo. Al inicio de Ramadán en Facebook el boicot se extendió también al pescado, para denunciar la subida de precios. Y esta vez, el ministro de Agricultura y Pesca no efectuó ninguna declaración.

Mohamed Daadaoui, profesor de ciencias políticas en la universidad estadounidense de Oklahoma y autor de un libro sobre la monarquía marroquí y el desafío islamista, apunta por correo electrónico su visión sobre crisis de liderazgo: “La causa de este fenómeno es que el régimen intenta de forma constante afrontar los nuevos desafíos del Estado con las viejas herramientas autocráticas; como ha quedado demostrado con el movimiento de protestas (Hirak, en árabe) en el Rif”. Daadaoui cree que si el Palacio Real no hubiera “empobrecido” la escena política y “castrado” a sus actores más prometedores, las reivindicaciones de la calle habrían sido “absorbidas” por la sociedad civil y por las instituciones.

Benkirán permaneció en silencio desde que comenzó el boicot hasta que el pasado fin de semana hizo un llamamiento para detener el boicot contra la leche Centrale Danone. Pero esa defensa le está acarreando críticas en diversos medios. Varios de los ministros islamistas del PJD también han defendido los intereses de Centrale Danone y eso les está provocando una pérdida de popularidad. En las redes, al islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) se le ha apodado Partido de la Justicia y de Danone.

Mientras tanto, se enconan las divisiones en el seno del PJD. El sitio digital LeSite revelaba la pasada semana que varios miembros del PJD visitaron a Benkirán en su casa y el ex jefe de Gobierno criticó a su sucesor al frente del partido y del Gobierno con estas palabras: “El problema del hermano El Otmani es que la gente quería que él fuese un imán. Pero solo está desempeñando el papel de muecín [el que llama a la oración de los fieles]”. Trasladado al catolicismo: la gente esperaba un cura y se topó con un monaguillo. Y aún dijo más Benkirán, según el citado medio: “El problema no reside en la pérdida de popularidad, sino en la credibilidad. (…) Si perdemos credibilidad, nuestra presencia en la escena política no tiene ningún sentido”.

Mientras tanto, el rey aún no se ha pronunciado sobre el boicot.

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