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La ciudad del millonario cobra vida en Palestina

La primera localidad creada en Cisjordania en 50 años de ocupación quiere ser un vivero de empresas tecnológicas para amarrar a la juventud a la tierra

Vista de la ciudad palestina de Rawabi desde el gran anfiteatro del parque.
Vista de la ciudad palestina de Rawabi desde el gran anfiteatro del parque. EFE

Hace casi una década, el multimillonario palestino Bachar Masri propuso construir una nueva ciudad en Cisjordania, moderna, sostenible, con un distrito de negocios que aspirase a ser la puerta de entrada de la tecnología más puntera en Oriente Próximo. Muchos pensaron entonces que el promotor inmobiliario formado en Estados Unidos soñaba despierto. Pero el visionario Masri se puso manos a la obra y el sueño llamado Rawabi –colinas, en árabe– se hizo realidad de la mano de Bayti, su empresa inmobiliaria; el grupo Massar Internacional, también dirigido por su familia, y la empresa Qatari Diar, que pertenece al Gobierno de Doha.

“Vamos por el buen camino. Acabamos de abrir el Q Center y 2018 será un gran año para Rawabi. Aquí estará nuestro Silicon Valley”, anuncia Masri en su despacho en el corazón del distrito financiero, aún a medio construir, en el centro de la primera ciudad construida por los palestinos en 50 años de ocupación israelí. El Q Center está concebido como catalizador de la futura oferta de empleo. Se trata de un centro de negocios donde cualquier emprendedor puede alquilar un espacio de trabajo completamente equipado, pero también está preparado para acoger a grandes empresas en un parque tecnológico.

Masri ya ha trasladado a Rawabi la sede de sus empresas. “Mis trabajadores se han mudado aquí porque yo lo he ordenado”, confiesa entre risas. “El mayor obstáculo es la percepción. La gente piensa que aquí silban las balas por todos lados, pero eso no es cierto”, argumenta. “Estamos construyendo un Estado y hay que dar ejemplo si queremos atraer a empresas internacionales. Ya hay decenas de compañías que se han interesado”, asegura.

Reconoce que tener que lidiar con los israelíes no le ha puesto las cosas demasiado fáciles. “Aunque estamos en zona A (controlada en exclusiva por la Autoridad Palestina), también padecemos la ocupación porque el acceso a Rawabi pasa por la zona C (controlada por Israel)”, explica. Las diferencias con la Administración israelí obligaron a retrasar la llegada de residentes a la ciudad “Nadie quería mudarse a un lugar sin agua corriente”, admite. Tras 18 meses de tira y afloja, el Comité Conjunto para el Agua –integrado por israelíes y palestinos– dio luz verde a la conexión a la red principal de suministro.

Ahora la disputa se centra en mejorar los accesos. “Cuando estuvo aquí Jason Greenblatt (enviado especial de la Casa Blanca para Oriente Próximo) dijo que hablaría con Benjamín Netanyahu para asfaltar la carretera, pero el Gabinete del primer ministro israelí lo rechazó”, relata.

La cooperación necesaria con los israelíes para el desarrollo de Rawabi ha generado muchas críticas hacia el empresario palestino. “Los colonos nos miran con recelo y en Palestina hay quienes nos acusan de normalizar la ocupación. Mi visión es diferente, aunque también es nacionalista", replica. "Esto es un desafío a la ocupación. Si queremos dar oportunidades a nuestros jóvenes y que se queden en nuestra tierra, tenemos que darles un futuro. No se puede consolidar la economía dando la espalda a los vecinos, ya que el 93% de lo que exportamos va a Israel y el 83% de lo que importamos viene de Israel”, advierte.

De hecho, una de las empresas que ya tiene empleados trabajando en el Q Center es Mellanox, nacida como una start up israelí. Esta empresa, que cotiza en el Nasdaq, tiene en nómina a 100 programadores palestinos. “Tenemos que tender puentes. Convencer a la industria puntera israelí de que no tiene que deslocalizar parte de sus servicios en Europa del Este. A su lado hay un capital humano de jóvenes palestinos muy bien formados”, asegura Masri.

Hay proyectados un total de 22 barrios que albergarán a unos 40.000 vecinos. Ahora tiene 4.000 residentes en tres barrios. Disfrutan de una zona comercial –recién inaugurada–, donde ya operan un banco, un restaurante, y tiendas de grandes firmas como Mango o Swarovski, así como varios establecimientos multimarca con productos internacionales de renombre.

A la entrada de la ciudad, concebida como un espacio peatonal, se encuentra el esqueleto del futuro hospital. Ya se imparten clases en un colegio bilingüe británico, en el que estudian unos 300 alumnos. “Dos tercios de ellos vienen de Ramala, aunque hay niños de toda Cisjordania”, detalla Jack Nassar, miembro de la Fundación Rawabi.

Al contrario que en el resto de ciudades palestinas, no hay ni rastro de cables, depósitos de agua o antenas parabólicas a la vista. “Me gustaría mudarme aquí”, asegura Rishan, una ingeniera palestina de Nablus que trabaja en la nueva ciudad en el desarrollo de una aplicación para una plataforma médica. En los barrios residenciales, los precios de las viviendas van desde los 60.000 euros, para un apartamento de unos 90 metros cuadrados, hasta los 180.000 euros para los 300 metros cuadrados.

A pesar de que estos precios no están al alcance de muchos palestinos, Rawabi se ha convertido en uno de los principales centros de ocio para la población de Cisjordania. Sus zonas verdes atraen a familias enteras los fines de semana y jornadas festivas. La mayoría pasa el día entre barbacoas y paseos junto a un gran anfiteatro al aire libre. Frente al parque, en una colina cercana, los viñedos aterrazados marcan el embrión de una futura bodega. Se trabaja además en un centro de convenciones, en una mezquita, en una iglesia...Todo es nuevo en Rawabi, la ciudad que soñó Masri para amarrar a un pueblo a su tierra.

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