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La Comisión ataca a Tusk por su plan para eliminar las cuotas de asilados

El debate sobre los refugiados vuelve a enfrentar a las instituciones comunitarias

Un grupo de refugiados desembarca en el puerto del Pireo (Grecia), procedentes de la isla de Lesbos.
Un grupo de refugiados desembarca en el puerto del Pireo (Grecia), procedentes de la isla de Lesbos. EFE

La migración enfrenta abiertamente a las dos grandes instituciones europeas. El presidente del Consejo, Donald Tusk, ha enviado una carta a los gobernantes de la UE para tratar de desbloquear el debate, encallado hace meses. Tusk insta a abandonar la idea de fijar cuotas de refugiados porque “causan enormes divisiones” y “resultan ineficaces”. El comisario europeo de Migración, Dimitris Avramopoulos, respondió este martes airado: “La propuesta es inaceptable y antieuropea”.

Pocas veces se escuchan en los estrados de la Unión Europea mensajes tan rotundos como el que lanzó Avramopoulos. El enfado derivaba del modo tan poco diplomático con que Donald Tusk, la cabeza visible de los Estados miembros en Bruselas, ha despachado la política de reparto de refugiados, presentada en su momento como llave frente a la crisis de llegadas. Ante la evidencia de que la asignación obligatoria de un número de demandantes de asilo a cada Estado miembro enfrenta a los Gobiernos europeos, Tusk aboga por una solución drástica: abandonar la iniciativa.

La sugerencia figura en una carta que Tusk ha enviado a los jefes de Estado y de Gobierno, adelantada por EL PAÍS, para que debatan en la cumbre europea que arranca este jueves en Bruselas. La versión final, divulgada este martes, suaviza algunos detalles. Así, en lugar de defender que solo los países afrontan el desafío migratorio con eficacia, Tusk se aviene a reconocer la contribución del marco europeo. Pero el mensaje central no varía: las cuotas obligatorias provocan “grandes divisiones” entre Estados y resultan ineficaces. El líder del Consejo lo justifica así: “Este enfoque [la reubicación de refugiados] ha recibido una atención desproporcionada a la vista del impacto que han tenido sobre el terreno; en este sentido han resultado ser ineficaces”.

Un alto cargo de la UE refuerza el argumento: el debate sobre cuotas ha monopolizado al menos la mitad de los debates europeos sobre política migratoria. Sin embargo, el programa que la Comisión Europea puso en marcha en 2015 para repartir por la UE a 160.000 refugiados llegados a las costas griegas e italianas ha tenido unos resultados más que modestos. Solo se trasladaron unas 32.000 personas en dos años. Una cantidad ínfima respecto a los aproximadamente 1,5 millones de personas que llegaron a las costas mediterráneas de la UE entre 2015 y 2016.

A partir de ese esquema temporal de crisis —aprobado también por los países, con el voto en contra de cuatro Estados—, la Comisión propuso una fórmula de reparto permanente. Pero el texto se reescribe una y otra vez para concitar —de momento sin éxito— el respaldo de la mayoría.

Tusk da ahora por superado ese marco, que en todas sus versiones incluía un componente de acogida obligatoria por parte de todos los Estados en situaciones de crisis. Además de rechazar las cuotas, pide que cualquier reforma en este ámbito tan sensible se haga por consenso, no por mayoría cualificada. Ese es el enfoque con el que el jefe del Consejo pretende abrir boca en la cena de líderes, el momento de las cumbres considerado más franco y distendido.

Ineficaces

El comisario europeo mostró irritación ante la iniciativa de Tusk. “El papel del presidente del Consejo es defender la unidad europea y sus principios. Este documento mina uno de los principales pilares del proyecto europeo: la solidaridad”, criticó Avramopoulos en conferencia de prensa desde Estrasburgo. Y recordó uno de los reproches que suelen recibir los países del Este —Tusk fue primer ministro de Polonia— cuando se oponen a la idea de aceptar demandantes de asilo. “Las soluciones en Europa no se basan en elegir lo que nos gusta, no son a la carta”, deslizó.

Es de esperar que la discusión genere un vivo debate entre los líderes. Aunque ninguno contempla con entusiasmo las cuotas obligatorias, países como Alemania, Suecia, Italia y Grecia las defienden como un mal menor para repartir responsabilidades ante una crisis de refugiados.

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