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Slobodan Praljak, criminal de guerra, ingeniero, académico y dramaturgo

El exgeneral bosniocroata, que se suicidó este miércoles en el Tribunal para la antigua Yugoslavia, se consideraba un patriota y fue amigo de los musulmanes bosnios que luego mandó perseguir

El general Slobodan Praljak (c) junto a dos militares cerca del frente de Sunja (Croacia) en la guerra de los Balcanes en septiembre de 1991.

Ingeniero eléctrico, licenciado en Filosofía y Sociología, escritor y director de cine y teatro en Croacia, Slobodan Praljak, el exgeneral bosniocroata que se suicidó este miércoles ante los atónitos jueces del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY), era uno de los condenados más contradictorios de la guerra de los Balcanes. Profesor universitario y responsable de varias series y documentales en su país, sabía que su gesto sería recogido por las televisiones del mundo. Aunque el pulso le tembló y su mirada reflejaba horror, apuró un frasco que contenía “un veneno mortífero”, según ha acreditado la Justicia holandesa. La confusión del momento ha oscurecido el hecho de que la muerte en directo de Praljak fue presenciada también por su familia, que se encontraba entre el público presente en la sala de vistas.

Condenado a 20 años de cárcel en 2013 por crímenes de guerra contra los musulmanes bosnios, y a igual pena en la apelación durante la cual se quitó la vida, Praljak se refirió a sí mismo en tercera persona para negar a gritos haber sido un criminal de guerra. Un último acto antes de que Carmel Agius, el juez que volvía a condenarlo, ordenara correr un prosaico telón: la cortinilla que separa el banquillo de los acusados de la sala.

Fue un final inesperado para un hombre que había pisado la universidad y los escenarios y que nació en 1945 en Capljina, una localidad de Herzegovina situada cerca de la frontera croata. Allí se relacionó con las élites nacionalistas y, aunque su trayectoria inicial nada tuvo que ver con la milicia, en 1991, al estallar la guerra croata de independencia contra los serbios, se sumó a las recién creadas Fuerzas Armadas Croatas. Llegó a general y representó luego al Ministerio de Defensa en la República Croata de Herzeg-Bosnia, proclamada en 1991 como una entidad autónoma en el territorio de Bosnia Herzegovina. Temperamental e independiente, fuentes de la comunidad croata en La Haya que piden mantenerse en el anonimato señalan que “tuvo unos encontronazos con sus correligionarios que pudieron llevarle a dejar el uniforme”. Praljak llevaba 13 años en prisión, desde que en 2004 decidió entregarse voluntariamente al tribunal, junto con otros cinco políticos y militares bosniocroatas. Entre ellos figura Jadranko Prlic, ex primer ministro de la República de Herzeg-Bosnia. Estaban seguros de contar con el apoyo de la comunidad internacional, cuyos planes de paz, propuestos antes y durante la guerra de Bosnia (1992-1995) la dividían en tres entidades étnicas: croatas, serbias y bosnias.

Aunque Praljak había cumplido las dos terceras partes de sus 20 años de condena, y podría haber pedido su liberación dentro de poco, 13 años de encierro han pesado mucho, según las mismas fuentes. “Es posible que no resistiera la presión, como tampoco pudo hacerlo Milan Babic, primer presidente de la República Serbia de Krajina, que se ahorcó en 2006 en su celda”. La gran diferencia es que Babic pidió perdón por los crímenes contra la humanidad cometidos en Croacia, por los cuales le condenaron a 13 años de encierro. Praljak, por el contrario, mantuvo siempre su inocencia. Dijo que luchaba por su patria croata, primero contra los serbios con ayuda de los musulmanes bosnios. Luego, entre 1993 y 1995, contra estos últimos a los que “aplicaron la limpieza étnica para crear una Gran Croacia sin ellos”, según el pliego acusatorio del tribunal. “Sin embargo, también es verdad que no los atacó al modo de Radovan Karadzic, el exlíder político serbobosnio, o su jefe militar, el exgeneral Ratko Mladic [condenados a 40 años y cadena perpetua, respectivamente, por el genocidio de Srebrenica]. Creció con los musulmanes y tenía amigos en dicha comunidad, así que su idea era echarlos para que ocuparan un espacio fuera de los límites croatas”, siguen las mismas fuentes.

Su muerte ha sido uno de los sucesos más chocantes de la historia del tribunal. De momento, se sabe que los días anteriores al suicidio Praljak no quiso ver a su mujer e hijos. La Fiscalía presume que había planeado con cuidado quitarse la vida, y trata ahora de averiguar quién le proporcionó el veneno. Y dónde, porque solo hay dos posibilidades: en la cárcel o en el propio TPIY.

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