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López Obrador se enfrenta a su primera crisis en Morena

Las críticas tras la elección del líder en la Ciudad de México cuestionan algunas de las banderas del dos veces candidato presidencial: honradez y transparencia

Ricardo Monreal
Ricardo Monreal

A un año de las elecciones presidenciales, el líder en todas las encuestas, Andrés Manuel López Obrador, recibe los dardos más hirientes de donde menos se esperaba: de su propia casa.

La elección interna del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) para elegir candidato a gobernador de la Ciudad de México, resuelta con una oscura encuesta a favor de la delegada de Tlalpan, Claudia Sheinbaum, ha abierto una crisis interna al poner en cuestión las banderas con las que López Obrador ha seducido a medio país: honradez, transparencia y lealtad.

"Está en juego la credibilidad de Morena (…) solo pido transparencia”, dijo el derrotado aspirante Ricardo Monreal a EL PAÍS pocos días después de las polémicas primarias que lo alejan de la alcaldía. “No es una osadía pedir transparencia, disminuir la opacidad o corregir los errores", protestó, antes de insinuar que su objetivo es gobernar la capital del país con o sin la ayuda de López Obrador, el hombre con el que ha cabalgado políticamente los últimos 20 años. “Yo ya renuncié a ser senador, no busco chamba, lo que quiero es gobernar la ciudad”, añadió.

En el centro de sus protestas está el sistema elegido por Morena para escoger candidato a través de una encuesta de la que hasta el lunes, cuatro días después de los resultados, se desconocía todo.

Ricardo Monreal
Ricardo Monreal

Lo desconcertante fue que cuando se conoció la metodología, las dudas fueron mayores: el 37% de los encuestados no sabía las preguntas y el 22,9% eligió la opción de ninguno. El resto del sondeo, elaborado por ninguna empresa conocida, señaló que Sheinbaum es la preferida para el 15,9% de las 1.300 personas encuestadas; Martí Batres lo es para el 10,3% y Monreal para el 9,7%. Con este resultado la dirección del partido decidió que Sheinbaum será la candidata para las elecciones para gobernar la ciudad en 2018, en unos comicios que lidera su partido.

Para la pataleta postencuesta, Monreal tiene dos argumentos: 20 años de lealtad y 17 encuestas previas, elaboradas por diversos medios de comunicación, que le daban ganador. "Si las estadísticas no mienten, no es posible que los resultados cambian en ocho días (…) tengo el informe de un experto que confirma las inconsistencias existentes (en la encuesta oficial)” acusó. “Sin embargo, el problema es la opacidad con la que se hizo la encuesta desde el principio".

Desde su partido, Yeidkol Polevnsky, secretaria general y mano derecha de López Obrador, defendió que Monreal participó en una encuesta cuyas reglas conocía y le reprochó que  haya ventilado en los medios su descontento. Para Monreal, Polevnsky es la mano que mece la operación en su contra.

Broncas internas al margen, lo que hasta ahora era solo un problema estético, se ha convertido también en un problema político para Obrador.

Los analistas le atribuyen a él, como líder de un partido en el que no se mueve un folio sin que dé su aprobación, la torpeza metodológica que tantas argumentos ha proporcionado a quienes lo consideran autoritario y cacique.

El primer esfuerzo público de democracia interna de la joven formación de izquierdas, fundada en 2014 tras la escisión del izquierdista PRD, fue el mejor argumento para quienes lo odian. El PRI, PAN y PRD, incapaces de frenar hasta ahora en las encuestas a López Obrador, que lo ubican como líder en la carrera presidencial del próximo año, se frotan las manos viendo cómo Morena se apuñala desde dentro.

Ricardo Monreal
Ricardo Monreal

Obrador intentó no reproducir el famoso ‘dedazo’ con el que antiguamente los mandatarios del PRI designaban a su sucesor y decidió que un “comité de encuestas”, nombrado por otro comité superior, elaboraría un sondeo interno para elegir al candidato a la capital. El resultado ha abierto una de las crisis más graves y ha desconcertado a una militancia, donde la honorabilidad del líder ni se cuestiona.

A partir de ahora, si Monreal, como insinuó a este diario, decide presentarse por su cuenta a las elecciones de la Ciudad de México, Morena, tendrá que remangarse para ganar a un candidato que conoce la calle, las estructuras que mueven el voto y con amigos en casi todos los partidos, como ha insistido durante estos días de amargura.

La propia Polevnsky admitió que Monreal “es un gran activo” y que formaciones como el PRD “van a querer peleárnoslo”, dijo en entrevista a El Financiero.

Además de su importancia demográfica, la capital tiene enorme peso electoral- es el segundo padrón del país- y un símbolo para la izquierda que gobierna ininterrumpidamente desde hace dos décadas.

Desde 1997, cuando Cuauhtémoc Cárdenas se convirtió en Jefe de Gobierno, la Ciudad de México ha sido la catapulta social y política para varios aspirantes y el escaparate progresista en el que se mira el resto del país. En el año 2000 López Obrador se convirtió en alcalde y desde aquí preparó su asalto a la presidencia en 2006, cuando fue derrotado por Felipe Calderón.

A nivel social, las iniciativas legales salidas desde la capital sobre matrimonio homosexual, el aborto o el uso de la marihuana medicinal, han sido un espejo para el resto del país que progresivamente ha ido incorporando algunos de estos avances. Sin embargo, hasta el momento, el dulce más codiciado de la izquierda incluye también una buena dosis de vinagre, fermentado en casa.

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