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Temer se enfrenta en el mismo día a dos tribunales por distintos casos de corrupción

El presidente brasileño debe contestar hoy al Fiscal General por la grabación que le originó la crisis y responder por la supuesta financiación ilegal de su campaña

Michel Temer
Temer durante una ceremonia en el Palacio del Planalto. EFE

El presidente brasileño Michel Temer se enfrenta hoy a un día decisivo, tanto para la crisis política de la que es incapaz de salir desde hace semanas como para su accidentada presidencia en general. Por un lado, el Tribunal Electoral escuchará hoy al instructor que investiga la legalidad de su candidatura a las elecciones de 2014, cuando se presentó como vicepresidente de su rival ideológica, la hoy destituida Dilma Rousseff. Desde entonces, se han conocido tantas irregularidades, tantas acusaciones de financiación ilegal con empresas que luego recibieron tratos favorables en aquella campaña que se le acusa de saltarse la ley electoral. Se prevé que el instructor pida la suspensión del presidente.

Y ese es solo uno de los escenarios que empujarían a Brasil hacia territorios desconocidos. El presidente también tiene hasta las cuatro y media de la tarde, en hora de Brasilia (dos de la tarde en México D.F. ) para entregar a la policía las respuestas a las 84 preguntas que le entregaron ayer de parte del Fiscal General. Las preguntas versan sobre aquella maldita grabación del dueño del gigante grupo cárnico JBS, Joesley Batista, en la que éste le cuenta cómo compraba el favor de los jueces que le investigan por corrupción. Cuando ese documento fue publicado hace unas semanas desató un huracán político que ha causado estragos en la credibilidad y los apoyos del presidente. En este caso, se le acusa de corrupción, obstrucción a la Justicia y de ser partícipe en una conspiración criminal.

La defensa del presidente intentará cuestionar la validez de la grabación como prueba judicial. Pero buena parte del daño ya está hecho. Temer ha tenido que admitir que se citó con Batista, objeto de cinco macrooperaciones de la policía, fuera de su agenda pública, en su residencia oficial, y que estuvo escuchando cómo este compraba favores de la Fiscalía. Otra cosa que le es imposible negar a estas alturas: que al oír que se estaban cometiendo estos delitos, no hizo absolutamente nada. Temer ha argumentado que si dio su aquiescencia a lo que oía era porque no se lo tomaba en serio. O sea, que el propio presidente ha abierto la puerta para que le juzguen de prevaricación.

Para hacer frente a esta semana crucial, Temer ha organizado un gabinete de crisis en Planalto. En una sala conjunta a su despacho hay un grupo de expertos jurídicos y de comunicación que asesoran al mandatario tras cada uno de los muchos sobresaltos que les propina esta crisis. Discuten desde la estrategia para encajar el chorro de malas noticias negativas para el Gobierno hasta la postura que deben adoptar según la investigación avanza, inexorablemente, rumbo a él.

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