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Estoicismo llanito frente al ‘Brexit’

Gibraltar afronta “con optimismo” su salida de la UE y descarta graves consecuencias para su economía

Una calle de Gibraltar la semana pasada.

Ante un duelo o tragedia, la psicología dice que toda persona se enfrenta a un proceso de cinco fases: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Para Gibraltar, el suceso traumático llegó el 25 de junio de 2016 con la victoria del Brexit, pese a que el 95,9% de los habitantes del Peñón dieron un fervoroso sí al remain (quedarse). La negación, la ira y la depresión se entreveraban en el discurso disgustado de los llanitos durante esos primeros días de verano. Luego vino la negociación del Gobierno de Fabián Picardo: de sugerir que Gibraltar siguiera en la Unión Europea a pelear porque la Roca mantenga su estado en el nuevo escenario europeo. Ahora, nueve meses después y justo en el momento en el que la primera ministra Theresa May activa el artículo 50 del Tratado de Lisboa, los llanitos ya han aceptado su sino con optimismo. 

Algo ha tenido que ver su ADN histórico más reciente. Acostumbrados a décadas de frontera cerrada (de 1969 a 1982) y familias separadas, a colas y bloqueos, conflictos diplomáticos y soflamas soberanista de uno y otro lado; el Brexit que se materializará en 2019 es ya el nuevo reto a afrontar en la ciudad, como reconoce Mary López, una gibraltareña de 70 años. “Nací en el norte de Irlanda porque a mi padre le pilló la Segunda Guerra Mundial. Vi 13 años cerrada la frontera de Gibraltar con España y conseguimos vivir lo mejor posible. Ahora, esto también vamos a superarlo. Somos optimistas porque estamos acostumbrados”, reconoce López orgullosa.

El sentir de Mary, manifestado mientras paseaba por una Main Street atestada de turistas y ajetreados llanitos, resume bien el parecer de los gibraltareños. Sin embargo, el optimismo no se asienta solo en la historia reciente del Peñón. Con el varapalo del Brexit, el Gobierno de Gibraltar decidió analizar hasta qué punto el pilar central de su bienestar social y económico, el sector financiero, se podría ver afectado con la salida de la Zona euro. “Solo cuando alguien se enfrenta a una encrucijada así es cuando averigua”, reconoce el director del Centro Financiero de Gibraltar, James Tipping. Y descubrió que “el 90% de los negocios financieros gibraltareños se están produciendo con Reino Unido”, como añade Tipping.

“Estamos donde estamos y tenemos que hacerlo lo mejor posible con las cartas que jugamos”, reconoce el director. El siguiente paso fue atar lo conseguido hasta ahora bajo el paraguas de la UE. A diferencia de lo que ocurre en los otros 13 territorios británicos de ultramar, Gibraltar posee acceso libre al mercado inglés (mayoritario) y europeo. “Tenemos el compromiso del Gobierno británico que las relaciones entre Gibraltar y Reino Unido se van a mantener en los mismos términos”, añade Christian Hernández, presidente de la Cámara de Comercio de Gibraltar que aglutina a 400 empresas con unos 9.000 empleados. “La cuestión —añade Hernández— es ver cómo va a mantenerse la City londinense (su distrito financiero) y es tan potente que, difícilmente, tras el Brexit dejará de serlo”.

Aunque Hernández, también socio del bufete de abogados Isolas, reconoce su descontento por el Brexit, cree que se generó “sensacionalismo irresponsable de campaña, al pintarlo todo más negro de lo que era realmente”. “Desde la Cámara siempre dijimos que Gibraltar es una economía pequeña, flexible y diversificada”, añade el abogado en referencia a las empresas financieras, de juego online, seguros o aprovisionamiento de barcos de la zona.

Una frontera fluida, en juego

Según sostiene el informe El impacto económico de la economía de Gibraltar en el Campo de Gibraltar, realizado en 2015 por la Cámara de Comercio, el 25% del PIB de la región lo genera El Peñón y se calcula que da trabajo a casi 7.000 españoles. “Es la segunda empresa que genera más trabajos en Andalucía, por detrás de la Junta. Además, los gibraltareños salimos de ocio a la comarca, tenemos segunda residencias o negocios allí”, explica el presidente de la Cámara. Pero es este estado el que podría peligrar si cambia la situación de la frontera con España.

“En la práctica, la frontera gibraltareña es como si ya estuviese fuera del espacio europeo. Está al margen de la zona Schengen y tenemos aduana comercial”, añade Hernández. El peor escenario sería que el paso fronterizo cerrase, algo que Tipping y Hernández dan casi por descartado. Tampoco Mary López cree que llegue a ocurrir. “Distinto será si un día se levantan (por España) con el pie izquierdo y empiezan las colas”, añade la pensionista.

Es el fantasma de ese exceso de celo en el control fronterizo (una crisis diplomática ya originó colas kilométricas hace tres años, por ejemplo) el que preocupa a gibraltareños y españoles de la comarca. Paco Villalta sabe bien de este miedo. Es uno de los 250 empleados de la empresa gibraltareña de importaciones y restauración Anglo-Hispano y cruza todos los días desde San Roque para acudir a su puesto de trabajo. “Si hay restricciones, tanto en el paso de pasajeros como en la aduana, en Gibraltar no se venderá tanto y sobrarían muchos trabajadores españoles”, resume el gaditano de 55 años.

“¿Porqué no recuperamos el foro tripartito?”

Es casi un grito al viento que no espera respuesta, pero el presidente de la Cámara de Comercio de Gibraltar, Christian Hernández cree que el inminente Brexit debería servir para rescatar el Foro tripartito que, tras el Acuerdo de Córdoba de 2006, sirvió para sentar a la mesa a Gibraltar, España y Reino Unido. Cuando los populares llegaron al Gobierno de España, el foro quedó enterrado al no asumir a Gibraltar como entidad negociadora. En el Peñón creen que es el momento de rescatarlo, como abunda Hernández: “España se reservó su posición sobre la soberanía, pero se sentó y sirvió para mejorar muchas cosas”. El empresario John Isola también cree que es el momento adecuado para “trabajar por encontrar mejoras económicas y ciudadanas”.

Aduana ralentizada

John Isola dirige la empresa donde trabaja Villalta. Sus camiones de bebidas alcohólicas, alimentos o tabaco son parte de los 300 que cada día traspasan la aduana de la frontera, situada en el límite con La Línea de la Concepción. Aunque prefiere ser optimista, muestra sus dudas: “Como empresario ahora te lo piensas todo más. La incertidumbre es lo peor de todo esto”. Máxime cuando reconoce que, desde hace un año, ya se está produciendo “un exceso” de controles aduaneros.

“Las mercancías se controlan por un sistema que va desde el verde al rojo, dependiendo de su importancia fiscal. Antes, el 100% de las mercancías del nivel verde pasaban sin problemas. Ahora se está abriendo hasta un 70% de ellas, aunque vengan precintadas y en tránsito desde Reino Unido. No es algo necesario y creemos que se hace por fastidiar”, sentencia Isola. El propio diputado socialista Salvador de la Encina ya planteó una Proposición No de Ley, el pasado 22 de marzo en el Congreso de los Diputados, para se mejorase la situación de la aduana gibraltareña.

Isola, también miembro del Grupo Transfronterizo (una entidad que vela por los intereses de empresarios y trabajadores de ambos lados de la frontera), teme que tras el Brexit esta situación pueda ir a peor, pese a que “hay mucho que perder para ambos lados de la frontera”. Con la cosoberanía ofrecida por España como escenario descartado, él tiene claro cuál sería el arreglo para evitar problemas en la frontera. Cree que la clave es pensar en el día a día, por encima de riñas diplomáticas y sentencia contundente: “Las cuestiones soberanía están muy por encima de la vida de los ciudadanos”.

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