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El Ejército sirio recupera Palmira de manos del ISIS

Los yihadistas han causado grandes daños en restos históricos protegidos por la Unesco

El Ejército del régimen del presidente Bachar el Asad ha reconquistado este jueves Palmira, la urbe monumental del desierto sirio, después de que el Estado Islámico se apoderara por segunda vez de la ciudad el pasado diciembre. Apoyadas por la aviación rusa, las tropas gubernamentales se hicieron con el control de la estratégica ciudad, que ha cambiado cuatro veces de manos desde mayo de 2015 y alberga templos, tumbas y teatros grecorromanos declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco. El ISIS se ha cebado con los valiosos restos históricos de los siglos I y II de nuestra era.

Soldados del régimen sirio retoman posiciones en Palmira el 2 de marzo de 2016.
Soldados del régimen sirio retoman posiciones en Palmira el 2 de marzo de 2016. AFP

El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, una ONG con informadores sobre el terreno, constató la retirada de las milicias del ISIS después de haber sembrado de minas y trampas explosivas las calles. Los artificieros del Ejército intentaban desactivar las bombas antes de que las tropas pudieran desplegarse en la población. El Estado Islámico ha ido perdiendo terreno en Siria desde que se hiciera con más de un tercio del país en el verano de 2014. El revés sufrido en Palmira se produce pocos días después de que perdiera también la ciudad de El Bab, situada al noreste de Alepo, ante fuerzas rebeldes apoyadas por Turquía.

El ISIS irrumpió por primera vez en Tadmur (el nombre en árabe de Palmira) en mayo de 2015 y permaneció en la ciudad durante más de ocho meses, hasta que las fuerzas del Ejército sirio desalojaron a sus combatientes. Los yihadistas del ISIS causaron centenares de muertes entre la población civil y ejecutaron a decenas de funcionarios del régimen en el escenario del antiguo teatro romano, que fue parcialmente destruido. La mayoría de sus 100.000 habitantes huyeron entonces. Templos como los de Bel y Baal Shamin, el tetrapilón o el arco del triunfo fueron dinamitados en acciones que la Unesco calificó como crímenes de guerra.

Las fuerzas sirias de Bachar el Asad, que no pudieron defender Palmira durante la batalla de Alepo a finales del año pasado, han tardado más de dos meses en recuperar la ciudad tras los intensos bombardeos de la aviación rusa y sobre posiciones yihadistas. Poco después de que fuera reconquistada por primera vez, el Kremlin envió a la orquesta del teatro Maríisnki de San Petersburgo para que ofreciera un concierto en el anfiteatro romano de la llamada Perla del Desierto.

En otro giro al conflicto civil en el país árabe, que se dispone a entrar en su séptimo año, los rebeldes de las Fuerzas Democráticas de Siria –coalición encabezada por las milicias kurdas Unidades de Protección del Pueblo (YPG)– han cedido una amplia franja de territorio a la guardia de fronteras del régimen de Damasco entre las ciudades de Manbij y de Al Bab. Las fuerzas kurdas pretenden que las tropas actúen como fuerza de interposición ante las fuerzas respaldadas por Turquía. Las YPG forman parte de la alianza auspiciada por Estados Unidos para conquistar Raqa, la capital del Estado Islámico en el noreste de Siria.