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Bruselas censura el veto migratorio de Donald Trump

La Comisión Europea carga contra la discriminación de refugiados por su religión

"Esto es la Unión Europea. Y aquí no se discrimina por nacionalidad, raza o religión". La Comisión Europea ha lanzado este lunes la primera andanada retórica contra el activismo de Donald Trump, cuyos mensajes sobre tortura, terrorismo e inmigración empiezan a encontrar acomodo en la normativa estadounidense vía decreto ley. Un portavoz del Ejecutivo comunitario ha afeado este lunes a Washington el polémico veto migratorio de Trump tras el revés judicial que paraliza las deportaciones. Europa se suma al estupor global. Y empieza a enseñar los dientes. Poco —con un mensaje medido hasta la última coma— tarde —ha tardado 10 días en pronunciarse— y mal: a través de un portavoz a la vista de que el presidente Jean-Claude Juncker sigue en silencio.

Ni Juncker ni el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ni el del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, han expuesto aún de viva voz la posición europea. La única figura representativa de la UE que de momento ha dicho esta boca es mía es Federica Mogherini, alta representante de Política Exterior. Las formas de Trump, ha explicado Mogherini, "no son las formas europeas". "La UE continuará acogiendo y cuidando a los refugiados sirios y de otros países que huyen de la guerra", ha apuntado tras una reunión con el ministro de Exteriores de Noruega, Borge Brende. Trump debe centrarse "en las divisiones a las que se enfrenta su país, en su debate político, en su sociedad" y dejar en paz a la UE.

Y aun así Bruselas dispara un par de dardos con veneno. La Comisión ha avisado a la Administración Trump que "garantizará que no haya ningún tipo de discriminación" a los ciudadanos europeos con doble nacionalidad, según el portavoz. Los servicios jurídicos comunitarios están estudiando todas las derivadas del decreto estadounidense. De momento, la UE no se plantea represalias —tal como ha amenazado Irán, por ejemplo—, pero su brazo ejecutivo anuncia que "se analizará ese decreto y la forma en la que está siendo aplicado para ver si tiene impacto" en los europeos con doble nacionalidad.

Duramente criticada por el acuerdo con Turquía —impulsado por Alemania— para frenar la inmigración, la Comisión defiende los valores europeos frente a Trump. "En la UE no se discrimina por la nacionalidad, la raza o la religión, y no solo respecto a las políticas de asilo: eso vale para todas nuestras políticas", ha destacado el portavoz de Juncker sin mencionar a Estados Unidos. "Hay que elegir entre una sociedad igualitaria, abierta y solidaria o una sociedad aislada, desigual y forjada en los egoísmos nacionalistas", ha dicho.

Los líderes europeos podrían discutir en la cumbre de esta semana en La Valeta (Malta) una respuesta coordinada a las sucesivas afrentas de la nueva Administración estadounidense. Trump está aplicando todo lo que prometió: solo decepciona a quienes pensaron angelicalmente que el Trump presidente iba a ser distinto del Trump candidato. Bruselas ha evitado pronunciarse en los últimos días, pese a que el presidente estadounidense ha aplaudido el Brexit, ha pronosticado la desaparición de la eurozona y aplica ya medidas que tienen consecuencias y han generado una respuesta clara por parte de Berlín y París. Bruselas se suma ahora a ese frente, aunque sigue a la defensiva. Frente a las provocaciones, ha reaccionado con una mezcla de miedo y ansiedad, a la espera de decisiones muy relevantes para su futuro inmediato. En primavera, Estados Unidos tendrá que pronunciarse sobre las sanciones a Rusia. Para entonces está prevista también una visita de Trump a la Hungría del extremista Viktor Orbán: la UE teme que el presidente norteamericano aproveche cada oportunidad para desestabilizar Europa, para dividir a los Veintisiete —ya con Reino Unido de salida— y para apoyar a los populismos.

De momento, la Unión vela armas, prepara medidas para reforzar el gasto en defensa europeo —ante las soflamas anti OTAN de Trump— y podría volver la cabeza hacia Asia en busca de acuerdos comerciales, a la vista de que Estados Unidos ha roto con el acuerdo transpacífico (TTP, por sus siglas en inglés) y ha metido en el congelador el pacto con Europa (TTIP). "Pero no hay donde esconderse: el decreto migratorio es una jugada puramente política y la ansiedad no va a dejar de crecer a medida que Trump transforme su retórica en medidas reales", apunta Mujtaba Rahman, del think tank Eurasia Group.

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