Atentado en Berlín

Aumenta el nerviosismo ante la sorpresa de que el atacante siga huido

Los mercadillos de Navidad seguirán funcionando en Alemania con la excepción del que sufrió el ataque

Una mujer enciende una vela en el árbol de Navidad cerca de la Plaza de Brandenburgo, en memoria por las víctimas del atentado, este martes.
Una mujer enciende una vela en el árbol de Navidad cerca de la Plaza de Brandenburgo, en memoria por las víctimas del atentado, este martes. CLEMENS BILAN / AFP

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En la Breitschadtplaz, la popular y turística plaza ubicada a los pies de la famosa Gedächtniskirche y que fue escenario en la noche del lunes del peor ataque terrorista que haya vivido Alemania en los últimos años, reina un silencio respetuoso. El lugar sigue vigilado por la policía y nadie puede ver el lugar exacto donde un camión irrumpió por un costado y atropelló mortalmente a 12 personas.

Una enorme valla de tela impide ver en su interior y un cordón policial evita que los peatones se acerquen. La policía es rigurosa y recomienda a los periodistas que hacen guardia en el lugar, que sean prudentes en el trabajo. “Aquí hubo una matanza anoche y la prioridad es respetar el dolor de los familiares de las víctimas”, dice un agente, que no está autorizado a dar más información.

Todos los puestos y tenderetes del mercadillo de Navidad que no fueron destruidos por el camión, permanecieron cerrados. Nadie sabe cuándo regresará la normalidad, aunque el ministro del Interior, Thomas de Mazière y sus colegas regionales acordaron que los mercadillos debían seguir funcionando en todo el país, una recomendación que fue aceptada por el resto de los mercadillos de Berlín, que abrieron sus puertas el martes.

El daño causado en el de Breitschadplatz es enorme, y el pesar se refleja en el rostro de la gente que se acercó el martes al lugar para hacerse una idea de la tragedia. Aunque algunas personas se dejaban fotografiar, la gran mayoría no ocultaba una mezcla de tristeza e indignación.

La plaza donde se instala cada año el mercadillo se convirtió a lo largo de la jornada en un lugar de peregrinación y también en un inédito escenario donde la gente intercambiaba opiniones o se dejaban entrevistar por decenas de periodistas que han montado guardia en lugar.

Un tema recurrente fue la noticia que puso en duda que un joven refugiado pakistaní de 23 años y que fue detenido en la noche del lunes, fuera el conductor del camión asesino. "¿Y entonces quién es el asesino?“, quiso saber Erich Schmidt, un obrero de la construcción que fue interrogado por la cadena de noticias NTV.

Nadie lo sabe. Y la idea de que el asesino se encuentre prófugo y posiblemente armado ha causado inquietud en la plaza. En la tarde del martes, varias decenas de personas caminaban por el lugar, que lucia un aspecto sombrío y casi siniestro a causa de la oscuridad y el frio. El único lugar alumbrado era la capilla, donde tuvo lugar un servicio ecuménico destinado a honrar a las victimas.

El ambiente en la plaza era diferente cuando Berlin comenzó a vivir su primera jornada tras el atentado. Un mesero del restaurante Vapiano, que fue testigo a la distancia del atentado, resumió la noche trágica con una frase breve y categórica, que fue compartida por varias personas: "Escuché gritos de la gente que pedía ayuda. Si el autor del atentado es un refugiado, como dice la prensa, entonces la responsable indirecta de la tragedia es la canciller Merkel, dijo el joven de 28 años que no quiso identificarse. “¿Cuántos terroristas llegaron al país el año pasado disfrazados de refugiados gracias a ella?”.

La posibilidad de que el autor del ataque fuese un refugiado paquistaní —como se pensó durante horas, hasta que el principal sospechoso fue liberado sin cargos— contaminó el ambiente de la plaza con un pesado halo de xenofobia. Sólo comenzó a disiparse cuando el presidente de la policía de Berln, Klaus Kandt, manifestó sus dudas sobre la verdadera autoría. "En realidad no es seguro que [el detenido] se trate del conductor", reconoció ante la prensa. "No podemos confirmarlo", insistió.

La confesión del policía causó alivio e inquietud entre los transeúntes que se acercaron a la plaza. Poco antes de que se iniciara el servicio ecuménico en la capilla, varias decenas de personas que querían ser testigos de la ceremonia religiosa preguntaban casi en voz alta sobre el paradero del fugitivo. "Un asesino anda suelto en la ciudad“, dijo Klaus Müller, un médico que tiene su consulta a pocos metros del lugar. "Está en marcha un gran operativo policial para capturarlo“, le respondió un agente de la policía, al admitir una medida que no fue hecha pública por las autoridades.

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