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Un cepo invisible

La extravagante receta monetaria de Maduro agrava la crisis social y dispara la emigración

Nicolás Maduro está llevando a su última frontera la creencia principal del populismo. Todo es política. No hay ninguna dinámica pública que no pueda ser modelada o corregida por la voluntad del que manda. Quienes profesan esta concepción suelen explicarse desequilibrios complejos como oscuras conspiraciones de poder. Maduro acaba de interpretar bajo esa lente las gravísimas distorsiones económicas que él mismo introdujo en su país.

En Venezuela se repite una historia milenaria. El Gobierno fantasea con solucionar una espiral inflacionaria controlando los precios de los bienes de consumo masivo. El resultado es el previsible. Muchísimos venezolanos son incentivados a vender en Colombia o en Brasil, a valores de mercado, los productos que el Estado les subsidia. Así se expanden el desabastecimiento y el contrabando. Como siempre. Maduro entiende que la combinación de infinidad de voluntades que responden a los incentivos de la oferta y la demanda, conocida como “mercado”, es, en realidad, una gigantesca conspiración que debe ser desbaratada con más intervenciones. Por eso anteayer anunció que sustituiría el billete de 100 bolívares, con el que suelen realizarse esos intercambios. La medida pretende perjudicar a los contrabandistas que acumulan esos papeles. Pero enloquecerá todavía más a todos los venezolanos. Se calcula que los bancos no darán abasto para realizar la operación antes del viernes, como exigió el presidente. Al desabastecimiento general habrá que agregar el de moneda.

A Maduro no le alcanzan sus propias regulaciones. Anticipó que pedirá a su colega Juan Manuel Santos que impida el cambio de bolívares por pesos colombianos. El vídeo en el que Maduro explica su estrategia podría ser desopilante, si no fuera por el dolor que provoca en millones de venezolanos.

La extravagante receta monetaria se inscribe en una crisis social cada vez más aguda, que dispara la emigración. No hay cifras precisas. Pero se calcula que la diáspora venezolana alcanza a dos millones de personas. Dejan el país por la inseguridad, la falta de medicamentos, de alimentos y de insumos básicos. También por la falta de esperanza, sobre todo entre los jóvenes, a quienes se les ofrece un horizonte cada día más borroso.

Los habituales destinos de estos emigrados son Brasil, Argentina, Colombia, Perú, Chile, Estados Unidos y España. La Argentina tiene un atractivo especial porque ofrece ventajas para la radicación, ya que es socia de Venezuela en el Mercosur. Al menos por ahora. Eso explica el aumento de las radicaciones temporarias que se registra en la Dirección de Migraciones de ese país. En enero, fueron 263. Pero en abril ya habían llegado a 1781. En 2014 se habían trasladado a Buenos Aires 1.777 venezolanos. En 2015 fueron 4.707. Y en los primeros cinco meses de este año llegaron a 3.768.

Sin embargo, el brazo del Estado chavista es más largo que el exilio. El régimen consular se vuelve, a su manera, persecutorio. Lo primero que niega al venezolano que marchó hacia el extranjero es el derecho al voto. Los registros electorales, que permanecían abiertos todo el año, fueron clausurados. Es lógico: la gran mayoría de los que huyen del régimen son opositores al régimen.

Hay otras represalias. La entrega de pasaportes o certificados de conducta se vuelve eterna. En algunas ciudades, como Miami, ya es imposible, desde que se cerró el consulado. La condena para quien deja Venezuela es transformarse en ilegal. Y estar expuesto a la deportación. El sábado pasado, el Estado brasileño de Roraima devolvió a 450 venezolanos ilegales. En lo que va del año ya hubo 900 deportados. En Brasil se multiplican los pedidos de asilo político: en 2010 hubo sólo uno. Pero este año ya superan los 1.800.

Las oficinas migratorias de los países receptores tienen las manos atadas frente a la reticencia de Venezuela a proveer la documentación. Sin embargo, un crítico acérrimo del chavismo, como Pedro Pablo Kuczynski, el presidente de Perú, anunció la firma de un decreto especial facilitando la radicación de venezolanos. Kuczynski es un crítico acérrimo del chavismo.

Los venezolanos armaron una red para la diáspora destinada a liberarse de Maduro cuando están fuera del país. El sábado pasado, cinco dirigentes del movimiento Todos somos Venezuela se reunieron con el secretario general de la OEA, Luis Almagro, para reclamar garantías en el exterior. Entregaron una carta con 6.000 firmas de 109 ciudades y 376 países. El mismo día realizaron presentaciones en la ONU y en el Parlamento Europeo.

Esa organización de venezolanos se expresa en las redes sociales a través de los hashtags #yodenuncio y #abajocadenas. Esta última consigna es un verso del himno nacional de Venezuela. Doscientos años después de haber sido escrita, sirve para reclamar por la eliminación del cepo invisible de Maduro.