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La UE extiende los controles fronterizos hasta febrero

Cinco países europeos pueden aún aplicar una suspensión temporal de Schengen

El ministro alemán del Interior, Thomas de Maiziere, visita a unos solicitantes de asilo.
El ministro alemán del Interior, Thomas de Maiziere, visita a unos solicitantes de asilo. EFE

La libre circulación en la Unión Europea no recobrará enteramente la normalidad al menos hasta mediados de febrero. Los Estados miembros han aprobado este viernes prolongar otros tres meses los controles internos que realizan cinco países del área Schengen (Alemania, Austria, Suecia, Dinamarca y Noruega) a raíz de la crisis de refugiados. Bruselas avala esos chequeos en fronteras interiores pese a reconocer que los flujos se han moderado drásticamente en los últimos meses. La medida salió adelante con el voto en contra de Grecia.

La suspensión —aunque sea temporal y limitada— del derecho a atravesar sin controles las fronteras interiores europeas refleja, como ningún otro símbolo, la magnitud que adquirió la crisis de refugiados. Aunque el pacto con Turquía ha reducido al mínimo las entradas por Grecia desde el pasado marzo, la UE aún teme que los 60.000 migrantes y refugiados atrapados en Grecia puedan desplazarse. Hasta el cierre de la llamada ruta de los Balcanes, la inmensa mayoría de quienes entraban a Europa por Grecia seguían ese recorrido hasta alcanzar Alemania o Suecia, los países con el sistema de asilo más desarrollado.

Con las imágenes de las colas de refugiados en las fronteras aún en mente, los países miembros, representados en el Consejo Europeo, adoptaron esa prórroga, que durará hasta el 12 de febrero. El aval no cubre cualquier tipo de chequeo fronterizo, sino que está limitado a varios pasos concretos de los cinco países afectados (Noruega no pertenece a la UE, pero sí a Schengen).

Grecia mostró su rechazo a esta medida a través de una declaración individual, publicada junto a la decisión comunitaria de extender las limitaciones a Schengen. El malestar griego deriva del argumento legal al que recurrió la Comisión Europea para justificar el mantenimiento de los controles fronterizos. El pasado mayo, lanzó una recomendación para aplicarlos tras constatar “deficiencias graves” en el control de fronteras en Grecia. Y a finales de octubre se reafirmó en ese razonamiento.

Atenas alega que ya cuenta con la ayuda de Frontex, la agencia europea de fronteras, para controlar sus lindes y que no hay riesgo de que los 60.000 migrantes y refugiados bloqueados en territorio griego se trasladen al norte de Europa, como se observa desde el pasado mes de marzo. “La propuesta se basa en especulaciones y carece de la necesaria argumentación para prolongar los controles”, esgrime el comunicado griego.

Vallas en Hungría

También Hungría, el país que con más severidad ha abordado la crisis de refugiados, amagó con votar en contra de la decisión mayoritaria, aunque finalmente optó por la abstención. “Prolongar los controles temporales ofrece una respuesta inadecuada a los problemas reales y podría conducir a la caída de Schengen”, alerta Budapest. El Ejecutivo de Viktor Orbán considera que la solución consiste en frenar a los demandantes de asilo en las fronteras exteriores (su país construyó vallas con Serbia y Croacia). De esa forma, los controles internos resultan innecesarios y se puede preservar la integridad del espacio Schengen, argumentan los responsables húngaros.

Por diferentes motivos, también Bulgaria y Chipre se abstuvieron en la decisión de prolongar los chequeos en cinco países. La aplicación no requiere unanimidad.

La primera excepción a Schengen la planteó en septiembre de 2015 Alemania, desbordada por los miles de potenciales refugiados que arribaban a su territorio (más de un millón el año pasado). La ola de refugiados y las amenazas de seguridad tras los atentados terroristas llevaron a otros países a replicar esos controles, pero desde el pasado mes de mayo ya solo los aplican cinco Estados.

Aunque la Comisión Europea ofreció hace unos días el aval político que ha permitido mantener los chequeos internos, también ha dado a entender que, si no ocurre nada extraordinario, se acabarán las prórrogas. Pese a todo, el código Schengen permite aplicarlos durante dos años desde que se adopta la primera decisión (es decir, podrían extenderse hasta mayo de 2018).