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Silvio Báez: “En Nicaragua estamos ante un sistema viciado, autoritario y antidemocrático”

Una de las voces más críticas de la iglesia decidió no votar frente a un proceso electoral que considera “es hijo de un sistema viciado de raíz

Silvio Báez, obispo auxiliar en Managua y miembro de la Conferencia Episcopal.
Silvio Báez, obispo auxiliar en Managua y miembro de la Conferencia Episcopal.

Silvio Báez (Masaya, Nicaragua, 1958) tuvo que dejar la comodidad del Vaticano tras ser nombrado en 2009 por el papa Benedicto XVI como obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, un nombramiento considerado como político por analistas nicaragüenses: la Iglesia necesitaba una voz crítica en un momento de fractura política en Nicaragua, con el Gobierno del exguerrillero sandinista Daniel Ortega torciéndose en una deriva autoritaria, mientras manipulaba los símbolos religiosos para hacerse con el favor de un pueblo profusamente católico. Báez cambió las ricas bibliotecas vaticanas por el calor asfixiante de la capital nicaragüense, donde ha ejercido su labor pastoral con duros comentarios sobre la forma en que Ortega ejerce el poder. Es, posiblemente, la voz más crítica de la iglesia, considerado por muchos como el “cerebro” detrás de los pronunciamientos oficiales de la Conferencia Episcopal sobre las decisiones políticas del Gobierno. Báez es un intelectual que se ha ganado el cariño de los feligreses y hasta el respeto de disidentes del sandinismo que en la década de los ochenta del siglo pasado criticaban y desdeñaban a la iglesia. Muy activo en Twitter, sus opiniones son seguidas por centenares de nicaragüenses. En esta entrevista el obispo explica por qué decidió no votar en las elecciones presidenciales de este domingo, consideradas como una “farsa” por la oposición y en las que el presidente Daniel Ortega espera lograr su tercer mandato consecutivo, en este caso con su mujer, Rosario Murillo, como su vicepresidenta. Para Báez se trata de proceso electoral “hijo de un sistema viciado de raíz”.

Pregunta. Usted ha catalogado el sistema político de Nicaragua como ruinoso en la homilía que ofreció este domingo en Managua, ¿considera que este proceso electoral es legítimo y transparente?

Respuesta. Este proceso electoral lo he analizado, lo he seguido en detalle, me he interesado. Este domingo he tomado mi decisión, que ha sido de superación de la indiferencia, no he ido a depositar mi boleta a ningún centro electoral y no por abstencionismo, sino por responsabilidad y por amor a Nicaragua. No me he fijado solo en este proceso, sino en toda la historia reciente de Nicaragua y para mí el problema no es el proceso electoral, porque este proceso electoral es hijo de un sistema viciado de raíz, autoritario y antidemocrático. En conciencia yo no podía prestarme a ir a ser parte de un juego que considero que no respeta la voluntad de los nicaragüenses y que no le trae ningún bien a Nicaragua.

P. El cardenal Leopoldo Brenes ha votado esta mañana, ¿usted cree que su participación legitima por parte de la iglesia estas elecciones criticadas por la falta de transparencia?

R. No. Él mismo lo dijo: que había ido como ciudadano a depositar su voto y estoy seguro que el cardenal Brenes tuvo la misma decisión que yo, de buscar el bien de Nicaragua, pero en conciencia cada quien decide libremente lo que mejor cree. Un proceso electoral no se mide por la participación el día de las elecciones, sino que tiene una historia. Y esta historia no comenzó en junio, cuando se dieron las decisiones autoritarias e ilegales que este gobierno tomó. Este proceso se desvirtuó desde que se comenzó a violar la constitución política en 2010-2011. No perdamos la memoria. Los votos de una elección, e incluso la transparencia que se podría hoy aducir, no legitiman un proceso electoral que es hijo de un sistema viciado de raíz.

P. Entonces los resultados que dé esta tarde el Tribunal Electoral o las autoridades que se declaren electas, ¿considera que son ilegítimas?

R. No quisiera entrar en el tema de legitimidad, porque es entrar en el campo del derecho y de la política, que no es el mío. Yo, como nicaragüense, con dolor creo que los nicaragüenses merecen unas autoridades electas de otra manera, que representen verdaderamente el sentir popular, en donde no quede excluido ningún nicaragüense y donde haya habido todo un proceso que garantizara la participación de todos.

P. ¿El llamado de la Iglesia a los feligreses a votar o abstenerse?

R. Me he dedicado en estas últimas semanas simplemente a repetir lo que dijimos los obispos: que cada quien se conectara con su propio corazón y no se dejara mover ni por el miedo ni por los halagos, sino buscando la verdad y lo mejor para Nicaragua. No quise revelar antes del domingo mi propia decisión, precisamente para, como obispo, no influir sobre nadie y respetar lo que los obispos dijimos. Yo no he hecho campaña por la abstención y creo que con el hecho de no ir a votar tampoco he hecho abstencionismo. El no ir a votar para mí hoy es un compromiso muy grande, yo me comprometo hoy por Nicaragua, a construir un país mejor desde mi ser de ciudadano y de obispo.

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