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Polémica en Argentina por el acercamiento de Mauricio Macri al Reino Unido sobre Malvinas

El presidente pide en la ONU una “solución amigable” y hasta sus socios critican una nueva posición que se abre a prospecciones petroleras británicas en aguas cercanas a las islas

Mauricio Macri y su canciller, Susana Malcorra, ingresan a la sede de Naciones Unidas en Nueva York.
Mauricio Macri y su canciller, Susana Malcorra, ingresan a la sede de Naciones Unidas en Nueva York. Presidencia

El asunto de las Islas Malvinas, que provocaron la única guerra en la que participó Argentina en el siglo XX –el país se mantuvo neutral durante las dos guerras mundiales- es muy sensible en el país austral. En los últimos años de kirchnerismo creció la tensión con el Reino Unido y cada efeméride del inicio de una desastrosa campaña bélica organizada en plena dictadura subía el conflicto diplomático. Los intentos de Inglaterra para localizar petróleo en las costas cercanas aumentaron aún más la escalada verbal. El país se ha llenado de calles “Malvinas Argentinas”, escuelas, edificios públicos, e incluso municipios enteros. Uno de los más poblados de los alrededores de Buenos Aires se llama así. Nadie olvida que en ese conflicto murieron 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civilesque vivían en la isla.

Pero Mauricio Macri ha decidido dar un giro completo a esta estrategia y busca casi desde que llegó un acercamiento al Reino Unido. Sin embargo, ese nuevo tono en las relaciones le está generando críticas no solo de la oposición sino dentro de su propia coalición. La ministra de Exteriores, Susana Malcorra, ha sido forzada a acudir al Congreso a dar explicaciones por una declaración conjunta que firmó la semana pasada con el Reino Unido en la que se apuntaba la posibilidad de ampliar los vuelos desde Argentina a las islas y revisar el bloqueo actual en la búsqueda de petróleo. Con el Gobierno de los Kirchner, Argentina inició un proceso penal para frenar las prospecciones que estaban realizando algunas empresas británicas.

El comunicado conjunto, que se firmó aprovechando la visita a Buenos Aires de un alto funcionario británico, el ministro de Estado para Europa y las Américas del Reino Unido, Alan Duncan, plantea “remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos”.

Mientras los kelpers, los habitantes de las islas, que no tienen ninguna intención de ser argentinos, celebraban con entusiasmo este acuerdo –que Malcorra insiste en que es solo una declaración conjunta sin consecuencias legales- en Argentina aliados del Gobierno como los líderes de la Unión Cívica Radical y Elisa Carrió mostraron su desacuerdo. Carrió ha convocado a la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, que ella preside, para tratar allí el asunto. Macri está en minoría en las dos Cámaras, con lo que se arriesga a una derrota si no busca una posición intermedia.

Muchos reprochan a Macri y Malcorra que hayan dejado las reclamaciones de soberanía de lado para negociar con el Reino Unido. La oposición le ataca con dureza y ha organizado una recogida de firmas contra el acuerdo a la que se han sumado personajes como el premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel. La reclamación de soberanía “es permanente y no negociable”, tuvo que aclarar Macri en declaraciones a la prensa desde Nueva York.

Sin embargo, cuando le tocó el turno de su primer discurso oficial en la ONU, Macri mostró claramente ese giro hacia un acercamiento a Londres y utilizó un tono muy suave en el que reclamó “diálogo con el Reino Unido para solucionar amigablemente la disputa que tenemos hace dos siglos por Malvinas”. “Hemos dado muestras de interés de avanzar en nuestra relación bilateral. Confiamos en que será posible activar una solución definitiva”, insistió Macri.

Todo su discurso estuvo lleno de mensajes positivos y políticamente correctos, en contraste con su antecesora, Cristina Fernández de Kirchner, que el año pasado lanzó una intervención durísima en este mismo foro en el que acusó a EEUU de estar protegiendo al espía Antonio Stiusso, un hombre clave para esclarecer la muerte del fiscal Alberto Nisman. Una vez más, Macri trata de ser la antítesis de Kirchner: su relación con EEUU es extraordinaria y Stiusso salió de su escondite y volvió a Buenos Aires, desde donde se mueve en la sombra para atacar a la expresidenta.

Macri desplegó su tono más positivo en la ONU, donde incluso se mostró dispuesto a acoger más de los 3.000 refugiados sirios ya comprometidos: “La argentina que acaba de celebrar 200 años de independencia siempre abrió sus puertas. Convivimos pacíficamente cristianos, judíos y musulmanes. Somos una sociedad abierta en un mundo que prolifera en fragmentación. No hay que temer a la interdependencia. Tenemos que convivir en paz, como nos aconseja el Papa Francisco”.

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