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“Trump está usando a Peña Nieto; no es bienvenido”

La visita relámpago del republicano levanta ampollas entre políticos e intelectuales mexicanos

Un grupo de menos de una decena de manifestantes en el Ángel de la Independencia.

Donald Trump no tiene amigos en México. O al menos, no a la vista. El sorpresivo anuncio de su reunión privada con el presidente Enrique Peña Nieto ha levantado un mar de críticas. De poco sirvió que el mandatario justificara la visita relámpago como un intento de defender a sus ciudadanos del hombre que les ha acusado públicamente de ser violadores y ladrones. “Creo en el diálogo para proteger a los mexicanos donde quiera que estén”, alegó el presidente.

Lejos de estas buenas intenciones, la mayoría de las reacciones entendían el encuentro como una claudicación presidencial, en la que el único beneficio procedería de una excepcional petición de perdón por parte Trump. Algo que finalmente no ocurrió. “El dilema parece ser: o Trump pide una disculpa en forma a los mexicanos o Peña Nieto pierde la aprobación que le queda”, indicó en Twitter el intelectual Héctor Aguilar Camín. “Uno no apacigua tiranos, uno los confronta. Trump debe ofrecer una disculpa pública, la retractación del muro y las deportaciones”, remachó el historiador Enrique Krauze. “Señor presidente, dígale simplemente que usted es mexicano y está orgulloso de serlo”, le conminó en un vídeo el ex secretario de Relaciones Exteriores, Jorge Castañeda.

En un momento de extrema debilidad presidencial, con sus índices de valoración bajo mínimos históricos, la fisura abierta por la inesperada reunión fue rápidamente aprovechada por la oposición. El presidente del derechista PAN, Ricardo Anaya, fue de los primeros en atacar: “¿En qué cabeza cabe invitar a Donald Trump? Los mexicanos tenemos memoria y dignidad”. Más duro aún fue el líder en el Senado del izquierdista PRD, Miguel Barbosa: “Tu presencia en México no es grata. ¡Lárgate! Vienes a tomarte la foto con quienes has ofendido”.

En este mismo sentido se expresó en una entrevista el expresidente Vicente Fox (2000-2006). “Trump no es bienvenido a México. No le queremos, no nos gusta, lo rechazamos. No entiendo por qué Peña le ha dado esta oportunidad, le está usando y está asumiendo un enorme riesgo político: si se muestra blando (con Trump) se le considerará como un traidor porque no aceptamos ser ofendidos como lo hemos sido. Es un error de Peña Nieto”.

La visita también sorprendió a la rival de Trump, la demócrata Hillary Clinton, que cuenta con el apoyo de la mayoría de votantes de origen mexicano en EE UU. Una de las ventajas de Clinton, que fue secretaria de Estado entre 2009 y 2013, es su experiencia y contactos internacionales. Como Trump, recibió la semana pasada la invitación de Peña Nieto para reunirse, pero todavía no ha concretado un encuentro. Uno de los argumentos centrales de su campaña consiste en retratar al republicano como un hombre poco fiable, sin experiencia e imprevisible que podría dinamitar las alianzas de EE UU y su posición en el mundo. El viaje de Trump a México intenta desarticular este argumentario.

La candidata demócrata intentó minimizar el viaje. “Conseguir que los países trabajen juntos exige algo más que intentar borrar un año de insultos dejándose ver durante unas horas y después regresando a casa en avión”, dijo.

Desde ayer, México ya ocupa un lugar central en la campaña para las elecciones del próximo noviembre en EE UU.

 

 

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