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Michel Temer, el presidente que nadie pidió

El nuevo presidente brasileño es el blanco de la ira de amplios sectores de la población que no se sienten representados por él

El presidente interino de Brasil, Michel Temer, en la recepeción a los atletas olímpicos
El presidente interino de Brasil, Michel Temer, en la recepeción a los atletas olímpicos

Cuenta Michel Temer, el hombre que ayer asumió la presidencia de Brasil, que cuando era un niño de nueve años, lector y solitario, vio una imagen que se le quedó grabada para siempre: era en Canción inolvidable, un filme sobre el compositor franco-polaco Frédéric Chopin. “Me quedé tan impresionado cuando vi caer una gota de sangre sobre el piano que le pedí a mi padre que me matriculase en clases de piano”, recordaba en 2010 para la revista Piaúi. En cambio, su padre, un inmigrante que había llegado a Brasil del Líbano hacía 10 años, le apuntó a clases de mecanografía.

Ayer, Michel Miguel Elías Temer Lulla fue investido séptimo presidente de la democracia brasileña. A sus 75 años, tiene el aspecto reservado y ceremonioso de quien se se ha criado divirtiéndose con una máquina de escribir. El de alguien que no ha tenido que llamar la atención del público en los 26 años que lleva en política. Ni los últimos nueve, como líder del PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño); ni tampoco los últimos seis, como vicepresidente de Dilma Rousseff, su rival ideológica (él es decididamente más conservador) y aliada política por conveniencia. Pero hace un año la presidenta empezó a tambalearse en el poder y él empezó a pronunciarse. En agosto de 2015 comentó a unos periodistas que Brasil necesitaba a alguien “capaz de unirnos a todos”. En septiembre dejó caer ante un grupo de empresarios que sería difícil que Rousseff llegase al final de su mandato. En diciembre, cuando la rueda del impeachment empezó a rodar, él sencillamente se hizo a un lado y esperó a ser encumbrado por eliminación. El 12 de mayo se convirtió en el tercer vicepresidente en asumir el poder en la democracia brasileña. Rousseff lo llamó traidor.

Desde que está en el poder ha oído insultos mayores. Temer ha admitido sentir envidia de la gente que tiene gracia. Él, que en 2013 publicó un libro de poemas, sabe que su carácter es trágicamente serio. Le hace transmitir una imagen que un diputado de Bahía definió como de “mayordomo de una película de terror”. Para sus detractores, su sequedad solo recuerda que nunca se ha presentado a unas elecciones. Él no ideó el impeachment, pero lo representa. Es el blanco de la ira de los sectores de la población que se sienten estafados por él. Sus detractores aseguran que su Gobierno acarreará una avalancha de recortes en salud, educación y derechos laborales. Pero él ha prometido que mantendrá los programas sociales emblemáticos de los Gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, ambos del Partido de los Trabajadores (PT).

Temer ha admitido sentir envidia de la gente que tiene gracia

Su vida personal tampoco ha servido para revertir sus problemas de popularidad. En abril, su mujer, Marcela Tedeschi, protagonizó un artículo en la revista Veja con un titular que hizo más mal que bien: “Bella, recatada y 'de su hogar". Y seguía sin ironía: "La casi primera dama, 43 años menor que su marido, se deja ver poco, disfruta al llevar vestidos a la altura de los tobillos y sueña con tener más de un hijo con su marido”. Marcela se casó con Temer hace 12 años: ella tenía 20 años y él, de 62 y con otros cuatro hijos, era su primer novio oficial. A finales de julio, avisó a los periodistas políticos de Brasilia de que se disponía a buscar a Michelzinho, su hijo pequeño, al colegio. La prensa comentó más el aviso que el hecho en sí.

El 5 de agosto tuvo que declarar inaugurados los Juegos Olímpicos en una ceremonia que se retransmitiría por todo el mundo. Retrasó su intervención hasta el final (el programa indicaba que iba a ser al principio). La redujo a 10 segundos. Y aún así no llegó a terminarla sin que el sonido de los abucheos llenase las gradas. Las fuerzas de seguridad pasaron días ocultando de las gradas olímpicas carteles con el que se ha convertido en mantra de muchos en el país: “Fora Temer” (Fuera Temer).

Ya ha anunciado que no será candidato para las elecciones generales de 2018

El actual presidente tiene un índice de aprobación del 14%, como Rousseff cuando fue apartada del poder. Ya ha anunciado que no será candidato para las elecciones generales de 2018. Esto asusta a sus detractores, que saben que esto le da libertad para tomar decisiones mortalmente impopulares. Tendrá media legislatura, pero desde ya, es presidente. Uno que, como recuerdan sus críticos, solo fue elegido en una candidatura en la que iba detrás de Dilma Rousseff. No es la primera vez que el niño que se fascinó con una gota de sangre se adapta a la circunstancias. Cuando contó de la gota de sangre en el piano, la remató: “Aprendí a puntear las teclas de la máquina como si fueran las del teclado”.