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El golpe, una tragedia turca en dos actos

El líder del AKP ha afrontado como auténtico líder de su pueblo una resistencia heroica ante la asonada, pero las desmedidas represalias le restan legitimidad ante el mundo

Poco después de la medianoche del viernes, Akin Özcer, un turco liberal que antes ejerció como diplomático y ahora escribe columnas políticas, atravesaba el segundo puente sobre el Bósforo. “Si me hubiera demorado una hora más habría muerto acribillado por los militares que abrieron fuego contra la multitud”, recordaba aún con estupor en un café de la orilla asiática del Bósforo.

Golpe de Estado en Turquía
Manifestantes participan en una protesta contra el fallido golpe de Estado en Turquía. EFE

A esa misma hora, Recep Tayyip Erdogan volaba en un avión privado desde la costa del Egeo. Un pelotón de soldados se había dirigido a su hotel en la zona turística de Marmaris con la orden de capturarlo vivo o muerto. El pequeño reactor del presidente de Turquía ya estaba marcado por el radar de disparo de misiles de dos F-16 golpistas cuando su piloto tuvo la sangre fría de contestar por la radio que se trataba de un vuelo comercial de Turkish Airlines.

Con el aliento de la muerte —o la cautividad— en la nuca, el líder que ha acumulado más poder en Turquía después de Mustafá Kemal Atatürk, se ocultó de madrugada en el principal aeropuerto de Estambul. Recurrió a las mismas redes sociales y televisiones privadas cuya libertad ha tratado de limitar desde el poder para llamar a los ciudadanos a parar el golpe en las calles. Sus seguidores, y otros ciudadanos que no le han votado nunca, aún siguen celebrando en las plazas de Turquía el fracaso del mayor levantamiento castrense desencadenado en Turquía desde 1980.

Yavuz Baydar, analista político defenestrado de uno de los principales diarios turcos por las presiones del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdogan, también circulaba por el puente norte del Bósforo cuando la radio informaba del bloqueo militar en el puente del sur. “Los expertos sostienen que detrás del golpe estarían tres sectores diferenciados de la cúpula de mando”, explica Baydar, que apoyó las reformas del AKP en sus primeros Gobiernos antes de rechazar la deriva autoritaria del partido islamista. “Hay seguidores de Fetulá Gülen, kemalistas y simples oportunistas que intentaban sacar partido en la nueva jerarquía militar tras el golpe”, detalla.

Su diagnóstico coincide en parte con el de Egemen Bagis, exministro de Asuntos Europeos y antiguo asesor internacional de Erdogan en el seno del AKP. “El golpe de Estado fue dirigido principalmente por generales adscritos a la cofradía islámica del imán Gülen, exiliado en Estados Unidos, aunque también han participado otros mandos, a quienes prometieron una recompensa”, sostiene Bagis.

Este sería el caso del exjefe del Fuerza Aérea, general Akin Özturk, a quien se atribuye la dirección de la asonada y que supuestamente aspiraba a ser designado jefe del Estado Mayor. Las imágenes de Özturk difundidas tras su captura en las que aparece con marcas de hematomas y una oreja vendada, han dado pie a Amnistía Internacional a denunciar abusos y malos tratos en las redadas masivas contra los golpistas.

Erdogan permanece en Estambul —feudo político del líder islamista (y cuya alcaldía desempeñó) y sede del Primer Cuerpo del Ejército, que se mantuvo leal al Gobierno el viernes—, en su residencia del distrito de Usküdar, en la conservadora parte asiática de la ciudad, desde que fracasó la intentona. No tiene previsto regresar al palacio presidencial de Ankara hasta hoy para presidir una decisiva reunión del Consejo de Seguridad Nacional, el órgano que dirige la defensa nacional y designa a los miembros de la cúpula castrense. La filtración de que estaba en marcha una depuración masiva de elementos gülenistas en las Fuerzas Armadas es barajada como hipótesis de los motivos del levantamiento.

“Desde la experiencia de haber vivido cuatro golpes de Estado a partir de 1971, tengo la impresión de que este pronunciamiento se ejecutó de forma muy extraña”, analiza Baydar los movimientos militares del pasado viernes, “pero lo que más me sorprende es la descomunal magnitud de las represalias —una purga general en toda regla— ordenadas por el presidente Erdogan”.

El exdiplomático Özcer, destinado en Francia y España antes de trabajar en el acercamiento de Turquía a la Unión Europea, secunda ahora la política de mano dura del Gobierno, con miles de detenciones y decenas de miles de servidores públicos apartados de sus cargos. “Es la única forma de impedir que vuelvan a disparar contra su propio pueblo”, alega. El exministro Bagis también se muestra partidario de la reinstauración de la pena de muerte para los golpistas si así lo aprueba el Parlamento. “No le debemos nada la UE”, replica ante la amenaza de Bruselas de excluir a Turquía del proceso de adhesión si aplica la pena capital.

Sociedad crispada

La crispación ha aflorado incluso entre sectores sociales habitualmente moderados tras el trauma de un golpe que se ha cobrado más de 230 vidas y que convirtió edificios oficiales de Ankara bombardeados por los alzados en auténticas zonas de guerra. Este estado de opinión, que se ha extendido entre la sociedad turca, puede estar siendo aprovechado como una señal del cielo, teme el columnista Baydar, “para implantar un sistema monolítico de inspiración baazista, de partido único en una Administración purgada por Erdogan”.

Los turcos esperan haberse librado de la maldición de medio siglo de golpes militares en un acto de heroísmo democrático colectivo, encabezados por su líder político desde hace más de una década. Pero, como en toda tragedia, el destino parece haberlos arrastrado por la senda del sectarismo y la venganza desmedida.

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