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El Vaticano condena al sacerdote español por filtración de secretos

El tribunal deja libres a los periodistas Nuzzi y Fittipaldi al reconocer que no tenía jurisdicción para juzgarlos

El tribunal del Vaticano ha condenado a 18 meses de prisión al sacerdote español Lucio Ángel Vallejo Balda por la filtración de documentos secretos de las finanzas de la Santa Sede y a 10 meses a su antigua colaboradora, la relaciones públicas Francesca Chaouqui. Los periodistas Gianluigi Nuzzi y Emiliano Fittipaldi han resultado absueltos, así como Nicola Maio, un antiguo administrativo de la COSEA, la comisión de investigación instituida en el verano de 2013 por el papa Francisco para investigar los desmanes financieros de la Santa Sede. En el caso de los periodistas, el Vaticano reconoce que no podía condenarlos por un "defecto de jurisdicción". El tribunal justificó además la absolución "en virtud del derecho divino de libertad de pensamiento y de libertad de prensa". Ni Vallejo ni Chaouqui tendrán que ingresar en prisión.

El periodista Emiliano Fittipaldi llega a la lectura del veredicto este jueves.

La fiscalía pedía tres años y un mes para Vallejo –que ya ha descontado los ocho meses que ha permanecido en prisión o en arresto domiciliario en el interior del Vaticano— y tres años y nueve meses para Chaouqui, quien tras su detención fue puesta en libertad en atención a su entonces incipiente embarazo –el proceso ha resultado tan largo que el bebé ha asistido a las últimas sesiones en los brazos de su padre, un informático que también trabajó para el Vaticano--. Los fiscales acusaban al monseñor y a su antigua amiga de los delitos de “divulgación de secretos” y de “asociación para delinquir” por forjar una “alianza de poder” paralela a la comisión de investigación creada por el Papa y en la que también participó supuestamente Nicola Maio, quien desempeñaba el papel de secretario ejecutivo de la COSEA y para el que se pedía un año y nueve meses. El tribunal del Vaticano también acusó a los periodistas Gianluigi Nuzzi y Emiliano Fittipaldi por “divulgación de secretos” al publicar los documentos filtrados en sus respectivos libros, Via Crucis y Avarizia, pero finalmente retiró los cargos contra Fittipaldi por falta de pruebas. Para Nuzzi se pedía un año de prisión.

Antes de declarar el juicio visto para sentencia, el fiscal Roberto Zannotti aseguró que la acusación contra Nuzzi y Fittipaldi no había sido “un proceso a la libertad de prensa”, pero, a pesar de sus palabras, es difícil entenderlo de otro modo. Sobre todo porque nada de lo que denunciaron Nuzzi y Fittipaldi en sus respectivos libros ha resultado falso, sino todo lo contrario. Sus investigaciones han certificado lo que ya se barruntó Bergoglio nada más sentarse en la silla de Pedro. La Santa Sede no tenía nada que ver con “la Iglesia pobre y para los pobres” que dijo desear en su primera alocución ante la prensa llegada de todo el mundo, sino más bien todo lo contrario. Un monumento al lujo y al descontrol.

En la información recopilada por la COSEA, y publicada en sendos libros, consta un listado de los lujosos apartamentos —algunos de 500 metros cuadrados— que disfrutan algunos cardenales de la curia. O los 4.000 millones de euros que suponen —tirando por lo bajo y solo en Roma y alrededores— las propiedades inmobiliarias del Vaticano. O la desviación de los fondos del hospital del Niño Jesús para que monseñor Tarcisio Bertone remodelara su lujoso ático o viajara en helicóptero. O el descontrol de las tiendas libres de impuestos o de la gasolinera del Vaticano —a las que en realidad solo tendrían que acceder los empleados pero de las que se beneficia media Roma—. O el negocio fuera de toda lógica de la llamada “fábrica de santos”, los postuladores que cobran a precio de oro las candidaturas a santos... “Hay algunos casos”, explicó en su día Fittipaldi, autor de Avarizia, “en los que los parientes de los aspirantes a beatos o santos pueden pagar hasta 400.000 euros a los postuladores”.

Lo curioso es que, durante los últimos meses y a causa del juicio, no se ha hablado de nada de eso en el Vaticano, sino del sainete en que degeneró la relación entre Vallejo, un sacerdote de 54 años, y su antigua amiga y colaborada más cercana, la relaciones públicas italiana Francesca Immacolata Chaouqui, de 34. De colaboradores pasaron a ser amigos íntimos –el sacerdote llegó a asegurar que cayó rendido ante los encantos de la joven—y enseguida a enemigos feroces. “Escúchame, gusano”, escribió Chaouqui a Vallejo en un mensaje de móvil, “eres un gilipollas, pero un gilipollas honesto que se ha equivocado al hacerse cura. He intentado protegerte pero estoy cansada de ser tu niñera. Eres un medio marica, qué culo roto eres”.

Vallejo y Chaouqui fueron detenidos el 2 de noviembre de 2015 por la gendarmería del Vaticano, que ya había tenido noticias de la publicación inminente de los libros de Nuzzi y Fittipaldi. Los dos fueron acusados por la fiscalía vaticana de sustraer y filtrar abundante documentación secreta sobre las finanzas de la Santa Sede. Unos documentos a los que tuvieron acceso como miembros de la COSEA. Vallejo confesó enseguida. No tenía otra salida. En sus teléfonos y ordenadores permanecían sin borrar los frecuentes mensajes cruzados con los periodistas.

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