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4.000 civiles salen de Faluya a través de una vía abierta por el Ejército

Aún hay 50.000 personas atrapadas en la ciudad, lo que ha obligado a frenar la ofensiva contra el ISIS

Policías iraquíes resguardan a los huídos de Faluya
Policías iraquíes resguardan a los huídos de Faluya EFE

Cerca de cuatro mil personas han logrado escapar de Faluya desde el sábado gracias a un corredor relativamente seguro abierto por el Ejército iraquí. La presencia de entre 50.000 y 90.000 civiles en la ciudad había obligado a las fuerzas gubernamentales a ralentizar la operación para arrebatar su control al Estado Islámico (ISIS en sus siglas inglesas), que está utilizando a los habitantes como escudos humanos. Ese parón tres semanas después de que se iniciara el asalto estaba provocando tensiones entre los militares y los líderes de las milicias que les apoyan.

“Ha habido otras vías de escape con anterioridad, pero esta es la primera completamente asegurada y relativamente segura”, ha explicado este domingo el general Yahya Rasool, portavoz del Mando Operativo Conjunto, citado por Reuters.

El corredor, denominado Cruce de la Paz, se encuentra al sur de Faluya y su apertura solo ha sido posible una vez que las tropas lograron expulsar a los insurgentes de los barrios de la orilla oeste del río Éufrates. Aunque Rasool no ha dicho cuántos residentes han logrado huir de la ciudad a través de esa ruta, la ONG noruega Norwegian Refugee Council (NRC) estima que solo en las primeras 24 horas han sido cerca de cuatro mil.

“Esperamos que miles más puedan salir en los próximos días”, ha declarado Karl Schembri, un portavoz del NRC, cuyos equipos están atendiendo a los que consiguen ponerse a salvo.

No es tarea fácil. Aunque la ONU cifra en 20.000 quienes han escapado de Faluya y sus alrededores desde el pasado 22 de mayo cuando se anunció la ofensiva, el ISIS ha tratado de impedir la desbandada. Según relatos de los desplazados, incluso han disparado contra los que intentaban irse. Otros han muerto víctimas de las trampas explosivas que los insurgentes han plantado alrededor del perímetro urbano. Al menos 12 han muerto ahogados tratando de cruzar a nado el Éufrates.

Antes de la ofensiva aún quedaban en Faluya al menos una cuarta parte de los 300.000 habitantes que llegó a tener esa ciudad, situada a 50 kilómetros al oeste de Bagdad. La ONU que inicialmente estimó su número en 50.000 elevó después esa cifra a 90.000. En cualquier caso, un número suficiente para hacer que las autoridades políticas y militares tomaran la decisión de frenar la operación.

La población de Faluya es suní y que un Gobierno dominado por los chiíes (la comunidad mayoritaria de Irak) entrara a sangre fuego solo podía ahondar más la brecha sectaria que ha destruido el tejido nacional. Se imponía una pausa para minimizar las víctimas civiles. Sin embargo, algunas de las milicias más radicales que integran las Unidades de Movilización Popular, voluntarios que se alistaron a raíz de que el ISIS tomara Mosul en 2014, no han podido ocultar su impaciencia.

El líder de la Organización Badr, una de las milicias más poderosas, dio un plazo de 10 días a los residentes para que abandonaran la ciudad o asumieran las consecuencias. Significativamente, la fecha coincide con el día 14 de junio cuando se cumplirá el segundo aniversario de la creación de las Unidades en respuesta a un llamamiento del líder espiritual de los chiíes. Poco después, un responsable de esos cuerpos, Abu Mahdi al Mohandes, precisó que las milicias solo entrarían en Faluya “si son necesarias”.

Desde el principio de la operación, todos los portavoces oficiales han insistido en el carácter auxiliar de los voluntarios y en que serían las fuerzas regulares, encabezadas por el cuerpo de operaciones especiales conocido como Brigada de Oro, quienes asegurarían la ciudad. Quieren evitar abusos como los que cometieron en Ramadi, Tikrit y otras zonas liberadas, que solo ahondan la brecha sectaria. No obstante, algunos de los desplazados de Faluya han denunciado malos tratos y palizas por parte de los milicianos.

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