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Elecciones en Veracruz: destino, el juzgado

Expertos consultados por EL PAÍS opinan que el margen entre los candidatos es tan exiguo que gane quien gane, la contienda acabará en los tribunales

El candidato del PAN-PRD, Miguel Ángel Yunes.
El candidato del PAN-PRD, Miguel Ángel Yunes. AP

Ángel Fernández, un jarocho robusto y risueño, gestiona el Café de la Parroquia de Boca del Rio, la ciudad hermana del Puerto de Veracruz, sobre el Atlántico mexicano. Cada mes, dice, unas 75.000 personas pasan por el café. “Es el Facebook real”, bromea, aunque tiene parte de razón. Ya sea en la sucursal de Boca del Rio o en las del puerto, las mesas del café conforman la red social suprema de la costa jarocha. Allí nacen los chismes, allí crecen, se reproducen y luego mueren. En la mañana de este sábado, el chisme era por ejemplo unas fotos del hermano de Miguel Ángel Yunes Linares, candidato a la gubernatura estatal por la alianza estatal PAN-PRD. Las fotos son selfies de su hermano desnudo.

Las imágenes carecerían de importancia si no fuera por el tono de la campaña, brusco, zafio, exagerado. Veracruz y otros 11 estados eligen gobernador este domingo en México y la entidad costeña, la más importante en contienda, atestigua una de las campañas más sucias que se recuerdan. Ángel, que gasta el día en el café hablando con unos y otros, dice que la gente está cansada. “Te lo digo yo que hablo con mucha gente todos los días”, zanja.

Además de las fotos del hermano de Yunes Linares, este sábado trascendió el ataque con cócteles molotov a la sede del PRD en Xalapa, la capital del estado; el incendio de la camioneta de un dirigente del PAN; los balazos contra el síndico del municipio de Catemaco que, afortunadamente, se estrellaron contra el parabrisas de su auto. Han aparecido pancartas con amenazas en Córdoba y Orizaba, se han denunciado secuestros y balaceras. La madrugada del sábado, los vecinos de Carrizal, un pueblo cercano a la capital, amanecían con la noticia de que alguien había dejado una cabeza en el parque del municipio, frente a una escuela primaria. Junto a la cabeza habían dejado una manta con amenazas al alcalde y a su hijo, candidato del PAN a la asamblea del estado.

Alberto Olvera, profesor de la Universidad Veracruzana, achaca el tono de la campaña a la “incertidumbre” sobre el resultado. Las últimas encuestas dan un empate entre los tres candidatos, Yunes Linares, su primo, Héctor Yunes, del PRI y Cuitláhuac García, contendiente por Morena, que se ha colado en la fiesta a última hora. Olvera opina que si el PRI “ve que pierde, incurrirá en actos que empañen la elección: acarreos descarados de votantes, robo de urnas”. Todo eso, añade, para que el Instituto Federal Electoral no tenga más opción que invalidar las elecciones. Si eso ocurre, tendrían que repetirse dentro de los tres meses siguientes.

El politólogo Carlos Ronzón explica que la elección es pareja en el ámbito urbano pero no tanto en el campo. “Las encuestas que salen en los diarios se han hecho con entrevistas a vecinos de las ciudades, no en el campo. En el ámbito rural, el PRI es más fuerte”. La elección, dice, acabará en los tribunales, pero porque “la va a llevar el PAN”.

La derecha del PAN y sus aliados izquierdistas del PRD ya han denunciado hoy ante la fiscalía de delitos electorales unas fotos en las que aparece supuestamente una asistente del candidato del PRI, junto a una maleta llena de dinero y unos sobres. Eso, dicen los denunciantes, “expresa conductas desesperadas porque saben que la elección ya está perdida”.

Ronzón opina que si se invalidan las elecciones, el PRI tiene las de ganar y refiere los casos de otros estados, como Colima o Tabasco, en donde el partido, que ha gobernado Veracruz por más de 85 años, ganó en la repetición. “Al final”, concluye, “las elecciones terminarán siendo una moneda de cambio: no me impugnes, yo te dejo ese estado, pero a cambio no me impugnes en este otro”.

Veracruz parece demasiado importante, en todo caso, como para que sirva de moneda de cambio. El PRI se juega el poder en el estado más poblado del Golfo, el PAN-PRD, un golpe de autoridad a dos años de las elecciones generales; Morena, un salto de calidad que lleve en volandas a su líder, Andrés Manuel López Obrador, a las presidenciales de 2018.

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