Francia prohíbe manifestaciones por la violencia contra la policía

La gasolina escasea en varias regiones tras una nueva jornada de protesta contra la reforma laboral

Una patrulla de policía arde este miércoles tras un ataque de manifestantes contra la reforma laboral del Gobierno francés en París.CHARLES PLATIAU (REUTERS) / ATLAS (atlas)

Desde hace días, millones de franceses se enfrentan a interminables atascos, barricadas en las avenidas de sus ciudades, autopistas cortadas, refinerías y puertos bloqueados y manifestaciones por doquier. Sin embargo, la guerra de los sindicatos contra el Gobierno a cuenta de la denostada reforma laboral no ha hecho más que empezar. Es lo que aseguran las dos principales organizaciones de trabajadores, la CGT, y Fuerza Obrera, que este jueves se plantean redoblar sus movilizaciones tras una nueva jornada de protestas por todo el país. El Gobierno empieza a prohibir protestas por la violencia registrada hasta ahora.

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El día se ha iniciado con graves problemas en el transporte de mercancías y de personas. Mientras los camioneros bloqueaban por tercer día consecutivo varias refinerías y puertos, los paros de controladores y técnicos del aeropuerto de París-Orly han obligado a cancelar el 15% de los vuelos. Mientras, millones de franceses se las han tenido que ingeniar para llegar a sus puestos de trabajo porque solo han funcionado la mitad de los trenes de cercanías y largas distancias.

La situación empieza a agravarse. En al menos dos regiones, Normandía al Oeste y Picardía al Norte, las gasolineras dicen estar al límite de sus reservas. Los camioneros no solo bloquean las refinerías, sino también depósitos para almacenar combustible. Se quejan de que, de acuerdo con la reforma laboral, cobrarán solo un 10% más por cada hora extra trabajada, en lugar del 25% como media actualmente. El primer ministro, Manuel Valls, les ha explicado que esa hipótesis solo será factible si hay un amplio consenso sindical, un argumento que no les ha tranquilizado nada.

Mientras, los siete sindicatos de trabajadores y estudiantes continúan organizando decenas de manifestaciones todas las semanas. En las de este jueves, han participado decenas de miles de personas. Solo en París, unas 100.000, según la CGT —entre 13.000 y 14.000, según la policía—, pero también han salido a la calle miles de manifestantes en Le Havre —con el puerto y la refinería cerrados—, Lyon, Montpellier o Clermont-Ferrand.

En París, como en jornadas anteriores, se han registrado incidentes entre pequeños grupos de manifestantes y la policía, que ha lanzado botes con gas lacrimógeno. “Vamos a seguir hasta el final”, comentaba un manifestante que repartía un periódico denominado Le Bolchevik, cuyo titular en primera página decía: “Reforma laboral, máquina de guerra antisindical”. De fondo, miembros del sindicato CNT cantaban La Internacional.

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Los brotes de violencia han sido especialmente reiterados en Nantes. Este mismo jueves, han sido detenidos 19 enmascarados cuando destrozaban a primera hora de la mañana sistemas de control en estaciones de metro. El prefecto ha optado por suspender la manifestación convocada para horas después. Es la primera que ocurre desde que hace dos meses se iniciaron las protestas contra la citada reforma.

En declaraciones a RTL, Valls ha dicho que los sindicatos debieran meditar sobre “la pertinencia” de mantener las oleadas de protesta dada la violencia registrada en las últimas semanas: 350 policías heridos, un coche con dos agentes en su interior incendiado el miércoles en París con un artefacto, dos jóvenes golpeados por la policía (uno ha perdido un ojo)…

La presencia de grupos violentos entre los manifestantes ha hecho que los servicios de orden de los sindicatos acudan a veces a las protestas armados con palos y bates de béisbol, un hecho que el prefecto de París califica de “inquietante e indeseable”. “Hay que saber defenderse”, ha respondido el líder de la CGT, Philippe Martinez.

El pulso va a seguir en las próximas semanas. Los sindicatos se plantean dar un paso más y organizar un paro o huelga general en toda Francia o una manifestación gigante en París. “El presidente debe escuchar nuestra cólera. Es necesario que los asalariados sigamos protestando”, dice Martinez.

Sobre la firma

Carlos Yárnoz

Es Defensor del Lector, llegó a EL PAÍS en 1983 y ha sido jefe de Política, subdirector o corresponsal en Bruselas y París. El periodismo y Europa son sus prioridades. Como es periodista, siempre ha defendido a los lectores. Ahora, oficialmente.

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