Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Colombia autoriza la erradicación de cultivos ilícitos con glifosato

La determinación del Consejo Nacional de Estupefacientes establece que será terrestre y tendrá que cumplir con un protocolo especial

Glifosato en Colombia Ampliar foto
Fumigación aérea sobre narcocultivos en el sur de Colombia. EFE

Tras cumplirse un año del freno a la aspersión aérea de glifosato para erradicar cultivos de coca en Colombia, el Consejo Nacional de Estupefacientes (CNE) anunció que este herbicida podrá seguir siendo usado para el mismo fin, pero a través de la vía terrestre. El nuevo método estará en manos de la Policía Antinarcóticos y se espera que en un año se hayan destruido por este método al menos 16.200 hectáreas de sembrados ilícitos. Aunque la medida se pondrá formalmente en marcha en unos seis meses, las opiniones frente a esta medida ya han causado divisiones.

Mario Alejandro Viteri, gobernador de Nariño, una de las zonas en que se hará el plan piloto de la fumigación terrestre, aseguró que los resultados del uso del glifosato no han sido efectivos para combatir la siembra de coca y que por el contrario se ha demostrado que genera efectos colaterales. Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dicho que el uso de esta sustancia podría estar asociado a enfermedades y por esta razón hace un año Colombia suspendió su aspersión aérea, la posición del Gobierno ahora es otra. El Ministerio de Salud ha señalado que este modelo de fumigación deberá cumplir con un protocolo especial, que deberá garantizar que no se perjudicará a quienes trabajen en ese terreno ni a las comunidades que vivan en las áreas fumigadas.

En mayo del 2015, cuando se suspendió la fumigación aérea, los cultivos de coca habían crecido en el año anterior entre el 15% y el 20 %, según cifras de Naciones Unidas. El Gobierno, a través del ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, ha reconocido ese crecimiento y ha asegurado que este se debe al freno a la aspersión por aire. Sin embargo, analistas del tema como Ariel Ávila, de la Fundación Paz y Reconciliación, han señalado que el aumento en los cultivos se ha generado porque el precio de la hoja de coca subió en los últimos meses casi un 40% y como consecuencia del fracaso de las políticas para la sustitución de estas plantaciones. “Las políticas del Gobierno no han sido lo que se esperaba. El cultivo de arroz y de palmito no han significado lo que se creía para los campesinos, que no tienen más opción que la siembra de coca. Ha sido difícil que prosperen las ideas para la sustitución porque no hay vías terciarias y los campesinos no tienen cómo acceder a un crédito, entre otros grandes obstáculos”, dice Ávila.

La posición de las FARC

La guerrilla de las FARC también se ha mostrado en contra de la medida. A través de Pastor Alape aseguró que “la fumigación manual con glifosato es una política fracasada. El camino es sustitución e implementar acuerdo de La Habana”. La aspersión terrestre empezará a regir una vez se modifique el Plan de manejo ambiental y se analicen los resultados de seguimiento a esta práctica, informó el Consejo Nacional de Estupefacientes.

Quienes respaldan la determinación del CNE señalan que esta técnica permitiría erradicar hasta seis hectáreas por día. Sin embargo, otras voces no han dudado en señalar que la decisión es más política que técnica y que es una respuesta a posiciones como las del procurador Alejandro Ordóñez, que se ha opuesto a la erradicación del glifosato para combatir los cultivos. “Suspender la fumigación con glifosato sería el desmonte de la política antidrogas”, dijo Ordóñez. El expresidente Álvaro Uribe también se ha opuesto a la medida y ha exigido que se continúe con la fumigación por medio de este herbicida. “Los cultivos de drogas ilícitas han financiado al terrorismo y destruido más de dos millones de hectáreas de bosque primario en Colombia. Drogas ilícitas son grandes contaminantes de fuentes de agua. Basta constatar extinción de especies acuáticas en el Putumayo”, expuso Uribe.

Aunque el Gobierno ha fundamentado su determinación en el aumento de cultivos, las críticas se concentran en que no se están teniendo en cuenta varios estudios que han determinado el riesgo para la salud ni se han analizado las verdaderas razones por las que la siembra de coca ha aumentado en Colombia.