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Unicef denuncia que el 30 % de los menores en Argentina son pobres

Cerca de 1,5 millones de niños están excluidos de los programas sociales para los más desfavorecidos

Niños en un comedor comunitario a las afueras de Buenos Aires.
Niños en un comedor comunitario a las afueras de Buenos Aires.

Cerca de cuatro millones de menores de edad en Argentina, el 30% del total, son pobres y un 8,5% de ellos vive en condiciones de extrema pobreza. Así lo revela un estudio de Unicef que mide la pobreza multidimensional a partir de 28 indicadores de privación, como la nutrición infantil, el acceso a la sanidad, a la educación y la exposición a la violencia, entre otros. De los datos, actualizados a 2015, surge un retrato-robot de la pobreza extrema en Argentina: en su mayoría se trata de niños nacidos en hogares con cinco hijos o más, con progenitores con estudios primarios incompletos y con trabajo en negro. Si viven en el norte de Argentina tienen también hasta seis veces más posibilidades de sufrir carencias básicas que los residentes en la capital. Ser niña en vez de varón y/o tener como cabeza de familia a una mujer también son factores que juegan en contra.

"Son características que un chico no elige, le vienen dadas", detalla en rueda de prensa Sebastián Waisgrais, especialista en monitoreo y evaluación de programas de Unicef. Según el informe, en los hogares en los que los padres no finalizaron los estudios primarios, las posibilidades de que los hijos padezcan privaciones se multiplican por 10 frente a los que están encabezados por progenitores con estudios universitarios. "Invertir en educación es una forma de romper con el círculo virtuoso de la pobreza", señala Florence Bauer, representante de Unicef en Argentina. El organismo destaca también la necesidad de llevar adelante políticas públicas que reduzcan la informalidad laboral, que ronda el 40 % en el país suramericano, por su fuerte correlación con la pobreza infantil. 

Al menos uno de cada cinco niños en Argentina sufre violencia verbal, según el informe

El mayor factor de desigualdad es el económico: los menores de familias que están en la base de la pirámide por ingresos tienen 13 veces más posibilidades de sufrir privaciones que los que están en la cúspide. El indicador por nivel de ingresos es la base de los estudios clásicos de pobreza, que establecen si las familias tienen la capacidad de satisfacer necesidades alimentarias y no alimentarias consideradas esenciales, como la vestimenta y el transporte. Sin embargo, el informe de Unicef advierte que casi uno de cada cinco niños que no son considerados pobres por el nivel de ingresos familiar sí lo son por otros indicadores.

"El ingreso monetario sólo contabiliza a los niños cuyos padres tienen la billetera vacía, y deja fuera de la estadística a las familias que técnicamente cubren las necesidades monetarias básicas y aún así son pobres si se consideran otras dimensiones", afirma Waisgrais. Los planes sociales vigentes, como la Asignación Universal por Hijo, dejan fuera a cerca de 1,5 millones de niños en situación de vulnerabilidad. Por ese motivo, el organismo pide, en primer lugar, la elaboración de estadísticas públicas confiables en este ámbito y, a continuación, un cambio de enfoque en las políticas públicas destinadas a combatir la pobreza que contemple un abanico de indicadores.

Entre las privaciones más extendidas que sufren los menores argentinos, Unicef destaca la falta de acceso a las tecnologías de la información, que afectan a casi el 21 % de los niños, la violencia verbal que padece al menos uno de cada cinco menores y la ausencia de tiempo para jugar.

La lista de carencias es mucho más larga y evalúa también aspectos como la salud, la nutrición y las condiciones de la vivienda. La mortalidad infantil en Argentina ronda el 10 por mil, pero alrededor del 70% de los fallecimientos "son por causas evitables", según Waisgrais. Por ejemplo, los cuadros severos de diarreas y de enfermedades respiratorias, más preponderantes en casas pobres con falta de acceso a agua potable, condiciones de hacinamiento y situadas en entornos muy vulnerables, como zonas de basurales y terrenos inundables o contaminados.