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El rey de Marruecos conquista Tánger a golpe de inversión

Una de las ciudades más relegadas durante el mandato del anterior monarca se ha convertido en el segundo motor económico del país

Obreros de la construcción trabajan al anochecer en Tánger en las obras del paseo marítimo, el pasado 17 de abril.
Obreros de la construcción trabajan al anochecer en Tánger en las obras del paseo marítimo, el pasado 17 de abril.

Los obreros y las grúas trabajan día y noche en el paseo marítimo de Tánger. El que se ausenta un mes de la ciudad encuentra un nuevo edificio levantado, un aparcamiento, un hotel, un bloque de viviendas, un tramo de ferrocarril de alta velocidad. Es como si Tánger ultimase a marchas forzadas una exposición universal. Pero no hay ninguna a la vista, ni Juegos Olímpicos, ni nada que se le parezca. Solo el empeño del rey Mohamed VI en convertirla en la joya del norte, el primer puerto del Mediterráneo, por delante de Algeciras, y la segunda potencia económica del país, detrás de Casablanca.

Si es verdad aquello de que el órgano más sensible del hombre es el bolsillo, el rey de Marruecos tiene la gloria ganada en Tánger. Sigue habiendo niños en la calle, mendigos y delincuencia. Pero la eclosión económica salta a la vista. Un tren de alta velocidad de fabricación francesa unirá dentro de año y medio Tánger con Rabat y Casablanca. Para entonces, el puerto de Tánger Med, inaugurado en 2007 y aún pendiente de ampliación, ya habrá sobrepasado en capacidad al de Algeciras. Y mientras tanto, se han creado decenas de kilómetros de autopistas, decenas de miles de viviendas sociales. En apenas una década la ciudad marginada durante el reinado de Hassan II (1961-1999) ha duplicado su medio millón de habitantes.

Para explicar la desafección entre Hassan II y Tánger hay diversas teorías. Unos creen que el antiguo rey marginó al norte desde que en el Rif se gestaron las revueltas de 1958 y 1959, que ya protestaban contra la marginación de la región y que fueron sofocadas con napalm y fósforo blanco. Tánger está situada en el norte, pero no pertenece al Rif. Sin embargo, también sufrió una discriminación económica.

Hay quienes piensan que en ese rechazo tuvo algo que ver el atentado que sufrió Hassan II en 1972, cuando regresaba desde Francia a Rabat en un Boeing 727 y se encontraba sobre la vertical de Tetuán, a 60 kilómetros de Tánger. Otros estiman que el abandono respondía a la inercia de que en Rabat se concentró desde la independencia (1956) todo el poder y el norte siempre estuvo considerado como tierra de drogas y contrabando.

En cualquier caso, el rey apenas visitó Tánger durante sus 38 años de reinado y el rechazo era mutuo, mientras que su hijo, Mohamed VI ya pasaba largas temporadas de vacaciones en Tánger cuando era príncipe y le gustaba consultar a la gente sobre los problemas de la ciudad y del país.

“Tánger ha salido de la noche gracias a Mohamed VI”, explica la tangerina Amal Boussouf, directora de la Cámara Española de Comercio de Tánger. “Y eso lo sabe el pueblo”. Boussouf explica que tras impulsar el proyecto del puerto Tánger Med, el rey consiguió traer a Renault en 2008, y con ella se crearon 7.000 puestos de trabajo directos; después, llegó el grupo PSA Peugeot-Citroën, fueron viniendo cientos de miles de emigrantes de los pueblos del interior, el Gobierno inició un proyecto especial de construcción de viviendas sociales. Y el monarca volvió a impulsar otro proyecto de modernización, el Tánger Metrópoli, con 12 ministerios implicados en obras previstas entre 2013 y 2017 y 700 millones de euros en inversiones. Todo eso se tradujo en hospitales, autopistas, colegios, centros comerciales, un palacio de Congreso, un nuevo estadio de fútbol…

“Gracias a esas inversiones el rey es sin duda el personaje más querido de Tánger”, explica el periodista local Abderrahim Zebbakh. “Y poco a poco ese desarrollo llegará a otras partes del norte del país”, añade. “El reto ahora”, precisa Amal Boussouf, “consiste en cambiar las mentalidades. A veces la gente en el norte sigue esperando a que el rey diga, ‘voy a hacer un control dentro de 15 días’ para entonces ponerse las pilas”.

También existen voces discordantes. El presidente en Tánger de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), el abogado Rifai Abdelmorisum, asume que el norte del país se benefició con la llegada de Mohamed VI. Pero cree el rey ha incumplido sus promesas de democratizar el país y que ha habido un retroceso en el campo de los derechos humanos. “Hay gente que solo ve el desarrollo económico. Pero también hay quienes ven cómo el Estado ha endurecido la represión contra las asociaciones como la nuestra o Amnistía Internacional”, afirma Abdelmorisum.

“Con la primavera árabe los partidos pidieron una democracia parlamentaria donde el rey reina, pero no gobierna. Y el rey pronunció un discurso el 9 de marzo de 2011 donde también habló de democracia parlamentaria. Pero eso no se ha producido. Aunque la nueva Constitución de 2011 contempla la separación de poderes, el rey lo supervisa todo. Él es el que ostenta el poder Ejecutivo y el que se encarga de los grandes proyectos, como el de Tánger Metrópolis. Él inaugura las grandes obras y eso hace que la gente piense que el rey lo hace todo y el Gobierno nada”, añade el letrado.

En cuanto a las obras que se hacen en Tánger, Rifai Abdelmorisum también se muestra crítico sobre la forma de ejecutarlas. “Quieren hacer muy rápido las expropiaciones de los terrenos para el tren de alta velocidad y se saltan todos los procesos judiciales. Además, están poniendo palmeras por toda la ciudad. Y la empresa encargada de hacerlo ha conseguido el contrato a dedo, en vez de mediante concurso público”.

El diario local La Dépêche publicó un artículo el 16 de abril en el que denunciaba que el representante del rey en la región de Tánger, el muy poderoso wali Mohamed El Yacubi, había prohibido criticar los proyectos en curso. “En el fondo, la gente cree que la calidad de los trabajos es muy mala, pero esta mala apreciación también es muy mal apreciada por el primer responsable de la ciudad”, rezaba el artículo. El wali, según afirma el periodista local Abderrahim Zebbakh, se queja de que ahora todo el mundo en Tánger parece ser ingeniero.

La arquitecta tangerina especializada en urbanismo Firdaus Oussidhoum opina, sin embargo, que la población es consciente de los esfuerzos que ha hecho el rey para democratizar el país. “Pero es un proceso que requiere tiempo y educación. Gracias a que el rey ha escuchado y entendido las necesidades del país, nosotros no hemos sufrido los retrocesos que se han vivido en otros países a raíz de la primavera árabe”.

“El rey”, continua la arquitecta, "puso en marcha en 2005 la Iniciativa Nacional para el Desarrollo Humano. Con ella se pretendía organizar la sociedad civil y empoderarla, dándoles presupuestos a los proyectos civiles estructurados. Pero, al mismo tiempo, en su filosofía fue une escuela de democracia para todos. De allí nacieron por ejemplo muchos proyectos de asociaciones de mujeres por las cuales crearon sus propios recursos para vivir el dia a dia, y tomaron su sitio en la sociedad civil. El ciudadano aprendió que tiene derechos y responsabilidades, lo que ha generado un nuevo dialogo entre él y la administración. El rey entendió que sin inclusividad no hay desarrollo".

Entre las críticas de unos y la ilusión de otros, las grúas siguen trabajando día y noche en la ciudad del Estrecho, acortando la distancia que separa el norte del sur.

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