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La iglesia cubana renueva su cúpula con el retiro del cardenal Jaime Ortega

El arzobispo de La Habana fue un mediador clave en el deshielo entre Cuba y EE UU

El cardenal Jaime Ortega.
El cardenal Jaime Ortega. AP

La Iglesia cubana, una institución clave para el proceso de cambio en Cuba, renueva su cúpula. El Vaticano ha anunciado este martes que ha aceptado la renuncia del cardenal Jaime Ortega, de 79 años, por motivos de edad y que el nuevo arzobispo de La Habana será Juan de la Caridad García, de 67 años, hasta ahora arzobispo de Camagüey.

Ortega, al frente del arzobispado de la capital desde 1981, fue una figura importante en el proceso de deshielo entre Cuba y Estados Unidos, intermediado por el Vaticano. En la primavera de 2014, antes del anuncio de normalización diplomática que harían Barack Obama y Raúl Castro el 17 de diciembre, Ortega viajó a Washington con el pretexto de dar una conferencia en la Universidad de Georgetown pero con la misión confiada por el papa Francisco de entregar en mano al presidente de Estados Unidos una carta apremiándolo a resolver la situación con Cuba.

Dos años después, el pasado mes de marzo, Ortega recibió en la catedral de La Habana a Obama en la primera visita de un presidente estadounidense en ejercicio en 88 años de historia. Fue el broche del cardenal a una intrincada tarea de décadas en favor de la apertura de la isla.

Él mismo fue víctima de los rigores de la revolución. En 1965, con 20 años, pasó ocho meses encerrado en uno de los reclusorios conocidos entonces como Unidades Militares de Ayuda a la Producción, a los que eran enviados curas, homosexuales y otros ciudadanos que no encajaban en el molde doctrinal comunista. "Fue una experiencia única en la vida para un sacerdote", diría Ortega décadas después.

Con hilo directo con el presidente Raúl Castro, Ortega ayudó a la liberación en 2010 de decenas de presos políticos en un empeño del que también fue partícipe la diplomacia española. Como arzobispo de La Habana recibió a tres Papas (Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco), y desde la reforma constitucional de 1992 que suprimió el ateísmo como principio del Estado encabezó la reconstrucción del tejido de la Iglesia en Cuba.

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