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Adiós a la izquierda en Marsella

Los socialistas de la ciudad del sur de Francia deben elegir entre la sobrina de Le Pen o un exministro muy conservador

Un ciclista pasa en Marsella delante de varios carteles electorales de la candidata del Frente Nacional, Marion Marechal-Le Pen.
Un ciclista pasa en Marsella delante de varios carteles electorales de la candidata del Frente Nacional, Marion Marechal-Le Pen. AP

Patrick Allemand sellaba el viernes las cajas de su mudanza, abandonando el despacho que ha ocupado desde 1998. El vicepresidente socialista de la región Provenza-Alpes-Costa Azul tenía la certeza de no salir reelegido en los comicios de hoy: su partido decidió retirar su lista electoral para impedir la victoria anunciada del Frente Nacional, pidiendo a sus electores que voten por el centro derecha. “A nivel humano resulta doloroso, pero a nivel político hemos tomado una decisión valiente”, afirmaba. Igual que él, 60 concejales de izquierda se quedarán mañana sin trabajo y las formaciones progresistas desaparecerán del nuevo consistorio durante los próximos seis años. “Era imposible que ganáramos. Formar parte de la oposición es importante, pero no lo es más que impedir un triunfo de la extrema derecha”, añadía Allemand.

Para los líderes del partido, con el primer ministro Manuel Valls al frente, el sacrificio era la única solución para evitar que Marine Le Pen, candidata en el Norte-Pas de Calais, y su sobrina Marion Maréchal-Le Pen, aspirante en esta región meridional, salgan victoriosas. Para las bases, en cambio, este harakiri ha abierto un dilema imposible: permitir que las herederas de la dinastía Le Pen ganen o apostar por los candidatos de Los Republicanos, el centroderecha de Nicolas Sarkozy, que durante la campaña no ha dudado en extremar sus propuestas para seducir al electorado indeciso. Por ejemplo, el candidato en la Provenza, el exministro Christian Estrosi, es conocido por sus contundentes posturas sobre seguridad e inmigración.

“Entre la peste y el cólera”

Para muchos, la duda consiste en escoger “entre la extrema derecha y la derecha extrema”, como afirmó el malogrado aspirante socialista en la región, Christophe Castaner, antes de la primera vuelta. “Ante esa elección, hay que elegir la derecha extrema”, se resigna el vicepresidente Allemand. En la federación socialista de Marsella, los militantes no mostraban la misma obediencia. “Es como elegir entre la peste y el cólera. Estrosi es un fascista y no tiene nada de moderado”, decía Stéphanie, operadora de cámara de 32 años. A su lado, Sylvie, funcionaria de la región de 61 años, afirmaba que votará en blanco. “Retirarse era la peor solución, porque ya no habrá oposición. Tanto si ganan unos como los otros, ¿quién se enfrentará a ellos?”, se preguntaba.

El candidato de la coalición entre el antiliberal Frente de Izquierda y los ecologistas, Jean-Marc Coppola, que obtuvo el 6,5% de los votos en la primera vuelta, votará “a regañadientes” a la derecha. Cree que la lista de izquierdas no debería haberse retirado: “Somos los primeros opositores al Frente Nacional, pero estos artificios no convienen en el proceso electoral. Son el síntoma de una democracia enferma, casi agonizante”.

En la sede marsellesa del Planning Familial, la asociación fundada en 1960 por el derecho a la contracepción y el aborto, reina la preocupación. La candidata Maréchal-Le Pen ha anunciado que les retirará las subvenciones si conquista la región. Los trabajadores dudan, pese a que sus puestos de trabajo peligren. “Es un dilema complicado. Nos sentimos casi obligados a votar por Estrosi, aunque hasta hace poco dijera cosas parecidas a la ultraderecha. Es increíble verlo convertido en defensor de la democracia y la lucha contra las discriminaciones”, opinaba Béatrice, de 45 años.

El cineasta marsellés Robert Guédiguian, apoyo histórico del Partido Comunista, votó por Jacques Chirac en las presidenciales de 2002, en el duelo que le enfrentaba a Jean-Marie Le Pen. Esta vez no votará por Estrosi. “Me siento impotente para remontar esta cuesta. Lo único que se me ocurre es una refundación total, pero puede que todavía no hayamos caído suficientemente bajo para planteárnosla en serio”, concluye.

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