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El acuerdo marca un “giro” pero las ONG llaman a no bajar la vigilancia

El acuerdo relega a las energías fósiles al "lado malo de la Historia", sostiene Greeenpeace

Activistas sostienen una pancarta por un acuerdo este sábado en París.
Activistas sostienen una pancarta por un acuerdo este sábado en París. AP

El grueso de las ONG da la bienvenida al acuerdo finalmente logrado este sábado en París, el cual supone un “giro” y envía una “fuerte señal” de que la transición energética está en curso. En particular aplaude la incorporación de un objetivo a largo plazo de limitar muy por debajo de los dos grados el calentamiento global, aunque lamenta la falta de medios suficientes para alcanzar este objetivo y los plazos demasiados largos dados para revisar los objetivos nacionales. En las calles de París, miles de manifestantes llamaron antes incluso de aprobarse el acuerdo a no bajar vigilancia y a fijarse objetivos más ambiciosos.

“La rueda de la acción gira lentamente pero en París, ha girado. El texto coloca claramente a las industrias fósiles del lado malo de la Historia”, declaró así el director de Greenpeace International, Kumi Naidoo, al conocer el borrador finalmente aprobado. Pese a todo consideró que distaba mucho de ser satisfactorio para quienes se encuentran en primera línea de los impactos del calentamiento y recordó que la lucha ahora se centra en presionar a gobiernos y empresas para cumplir el acuerdo y revisar al alza las ambiciones.

El principal motivo de satisfacción es la inclusión a largo plazo del objetivo de limitar el calentamiento muy por debajo de los dos grados, con vistas a 1,5 grados, como lo reclamaban los países más afectados. Este “envía una fuerte señal de que los gobiernos están comprometidos a estar en línea con lo que dice la ciencia”, según Tasneem Essop, jefa de la delegación de WWF para las negociaciones climáticas en París. Para Tim Gore, de Oxfam, "es una victoria moral importante" pero necesita "un aumento de la acción en los próximos años".

El texto impone un mecanismo de revisión a los países de sus planes de limitación o reducción de sus emisiones cada cinco años, pero la primera fecha obligatoria se ha fijado a 2025, un horizonte considerado demasiado lejano. La Fundación Nicolas Hulot reclama por ejemplo que se inicie antes de 2020. Acción contra el Hambre por su parte definió el acuerdo como “necesario” pero “paradójico” ya que no “estipula los medios y las acciones suficientes para lograr” el objetivo de 1,5 grados.

Antes incluso de conocerse los detalles del borrador y del posterior acuerdo, varios colectivos habían convocado a diferentes manifestaciones para hacer oír la voz de la sociedad civil. “No nos fiamos nada de los políticos, ya han superado varias líneas rojas, se debería haber hecho mucho más y mucho antes”, contó así la joven Freja, de 19 años, de la delegación de jóvenes socialistas daneses. “Ya sabemos que son incapaces de resolver el problema desde la cúspide, tiene que ser la sociedad civil, la gente, desde la base, la que lo haga”, reaccionó Hector García, de la marcha ciclista por el clima que partió desde Valencia en octubre para llegar a París hace unos días con unas 45 personas.

El movimiento 350.org y la organización Attac habían convocado a una concentración entre el arco de triunfo y el distrito financiero de La Défense, sede entre otros de grandes petroleras como Total. Unas miles de personas cubrieron la avenida de una grandes cintas rojas, simbolizando esas líneas rojas que no deben superarse en las negociaciones. La cabecera observó luego un minuto de silencio en homenaje por las víctimas del calentamiento global. “Depende de nosotros que se quede en el suelo”, rezaban muchas de las pancartas, en referencia al petróleo.

“El problema es que aunque hablen de un objetivo de dos o 1,5 grados, las medidas apuntan a un calentamiento de tres grados, y eso es un crimen contra la humanidad”, reaccionó así Eyal, de 30 años, del colectivo Alternatiba. “Tenemos zonas enteras que estarán desestabilizadas, o que ya lo están, cientos de miles de refugiados climáticos, terrenos que desaparecerán bajo el agua”, añadió. “Esto no es el final de la COP, es el principio de la movilización ciudadana para combatir el cambio climático”, añadió su compañera Rita, de 27 años.

El desfile se dirigió a continuación a los pies de la Torre Eiffel para reunirse con la concentración convocada por Alternatiba, que estima en unas 20.000 personas las asistentes. A la tribuna se sucedieron los representantes de diferentes organizaciones, con un mismo mensaje: denunciar la incapacidad de alcanzar una verdadera reducción del calentamiento a menos de dos grados. Geneviève Azam, portavoz de Attax, denunció así que “el acuerdo de París valida el calentamiento del planeta en más de tres grados. En vez de un despertar de la civilización, se anuncia un programa de renuncia. El clima no esperará las citas previstas de 2023 o 2025 para poner en peligro los ecosistemas y los pueblos!”

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