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Los dos grandes favoritos en las primarias argentinas

Daniel Scioli por el kirchnerismo y Mauricio Macri por la oposición son los más destacados

DANIEL SCIOLI / Candidato del Frente para la Victoria, oficialista

Daniel Scioli
Daniel Scioli. AFP

Un resistente callado por el que “nadie daba un mango”

A Daniel Scioli le fascina la idea de que el mundo de la política y del poder lo haya subestimado siempre. No es un líder ni quiere serlo. Es un resistente y le gusta que se le vea así. Un rival temible. Es una especie de corcho que siempre sale a flote y que lleva toda su vida, desde que era un deportista de la jet set que corría con lanchas fueraborda, obsesionado por la imagen. Gasta fortunas en publicidad —es muy rico, tiene muchos amigos entre los que financian la política y gobierna desde hace ocho años la provincia más rica del país— y siempre está pendiente de cada plano, de cada foto. Tanto que los estrategas de su rival, Mauricio Macri, han decidido no atacarlo porque se les vuelve en contra. Porque cae bien.

Scioli es un hombre que ha ido ascendiendo a fuerza de estar ahí, siempre bien valorado en las encuestas pero sin un gran protagonismo. No tiene un carisma arrollador como su mentor, Carlos Menem, ni entra a todas las batallas como su antecesora, Cristina Fernández de Kirchner. A él lo que le va es no mojarse mucho, poner una sonrisa, aguantar, ofrecer la imagen de sufridor que tanto rédito le da en los sondeos —perdió un brazo en un accidente de lancha fueraborda hace 25 años en el que pudo morir y no deja de utilizar esa imagen de superviviente— y esperar su momento. Que al fin está aquí.

Scioli parece incluso impactado con haber llegado tan lejos. Aunque insiste en que lleva toda la vida preparándose para este momento, su carrera es extraña. Vino de la jet set —que no ha abandonado del todo— para entrar en política y siempre ha estado a la sombra de alguien. Pero a sus estrategas les encanta esa idea de la superación. “Nadie daba un mango [un euro] por mí” dice Scioli todo orgulloso mirando a la cámara en su anuncio electoral. “Cuando alguien les diga que no pueden, no le escuchen, sí que pueden”, insiste.

Los que lo conocen bien insisten en que tiene una enorme capacidad para dar una imagen de sí mismo como alguien alejado de la política, sin colmillo, tranquilo y que nunca contesta a los ataques. En realidad, señalan, tiene una enorme ambición, es calculador, machaca a todo aquel que se pone en su camino y tiene una única obsesión: llegar a ser presidente. Lo que nadie tiene claro es qué hará cuando lo consiga, y él solo promete que gobernará a su manera.

 

Maurio Macri / Candidato del PRO, principal líder opositor

Mauricio Macri
Mauricio Macri. AFP

El alcalde rico que demostró en el fútbol sus dotes de gestor

Mauricio Macri se salió por completo del camino que la vida tenía marcado para él. Hijo de Franco, italiano, uno de los empresarios más ricos de Argentina, se crió entre la élite económica, fue al mejor colegio y tenía que ser el heredero del emporio del padre, un hombre de personalidad arrolladora que logró su fortuna como constructor de obras públicas con muy buenos contactos en la política. En el momento más dramático de su vida, Macri sufrió incluso un durísimo secuestro que duró 12 días. Su padre pagó un rescate de 6 millones de euros. El candidato suele decir que esa experiencia le cambió la vida.

Todo estaba programado. Entre la empresa y la política, al ingeniero Macri le correspondía estar del otro lado, el del dinero. Pero Mauricio no quería vivir a las órdenes de un padre que aún hoy sigue siendo el jefe del emporio. Dejó las empresas y se embarcó en una aventura: ser presidente de Boca Juniors. No solo lo logró, sino que protagonizó la época dorada del club y logró fama de buen gestor.

En Argentina el fútbol y la política son casi la misma cosa. Los políticos locales controlan y a veces presiden los clubes de su ciudad. Y los ultras son utilizados en las peleas políticas locales y hasta para repartir propaganda, como sucede estos días. El salto a la política desde Boca Juniors era algo natural. Macri lo dio con esa fama de buen gestor y unos modos siempre educados. Sin atacar a nadie, logró ser alcalde de Buenos Aires durante ocho años con una buena valoración, tanto que ha logrado colocar como sucesor a quien él quería, pese a que no tenía mucho carisma.

Ahora quiere dar el salto definitivo a la presidencia, pero para eso tiene que convencer a buena parte de las clases populares —las que más desconfían de él— de que no es un rico de derechas que viene a reducir el peso del Estado y a trabajar para los intereses de los grandes empresarios como su padre. Macri lleva meses haciendo un esfuerzo para huir de esa imagen. Incluso ha dado un giro a última hora para garantizar que mantendrá las ayudas sociales y las nacionalizaciones clave del kirchnerismo. Ganarle al peronismo, admiten los suyos, es muy difícil. Para Macri supondría además una victoria muy personal: llegaría mucho más lejos que su omnipresente padre, que en estos años ha apoyado a los Kirchner.

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