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El tirano tras el león

Que la muerte de ‘Cecil’ haya dado la vuelta al mundo y no los atropellos de Mugabe indigna a los activistas zimbabuenses

Robert Mugabe y su esposa, Grace, saludan a los congregados en el Estadio Nacional en agosto de 2013 para asistir a su séptima investidura.
Robert Mugabe y su esposa, Grace, saludan a los congregados en el Estadio Nacional en agosto de 2013 para asistir a su séptima investidura.

Como la mayoría de los zimbabuenses, no conocí a Cecil hasta después de muerto. Al fin y al cabo, en mi país todas las temporadas de caza mueren leones y otros grandes animales, y muchos de nosotros ignoramos los detalles de este truculento sector.

En la cultura de Zimbabue, estos animales son símbolos venerados, y el concepto de matar a animales salvajes sólo por deporte es algo que no tiene nada que ver con nosotros. Por eso no nos hacía falta conocer al león para que nos indignara la manera cruel, calculada e inútil de matarlo.

Pero lo que es asombroso es el grado de indignación que ha despertado en todo el mundo este incidente.

¿Pero acaso los occidentales no saben que cientos de leones como Cecil mueren cada año en África, dentro de una industria de la caza que está sostenida por el espíritu sanguinario de sus propios compatriotas? ¿No saben esos estadounidenses que hacen pintadas en la consulta del doctor Palmer que el dentista sigue una larga tradición de norteamericanos ricos, incluido su vigésimo sexto presidente, Teddy Roosevelt, que vienen a África a herir y quitar la vida a animales salvajes como forma de entretenimiento?

La historia de Cecil ha colocado a Zimbabue en los informativos de todo el mundo y ha acallado cualquier otra perspectiva sobre el país. No podía llegar en un momento más apropiado para el presidente Robert Mugabe, de 91 años, que no ha dudado en aprovechar la indignación mundial en su favor. Las autoridades se han precipitado a convocar ruedas de prensa para proyectar la imagen de un Gobierno que está reaccionando como es debido a la muerte de Cecil.

Qué diferencia con la respuesta de ese mismo Gobierno al secuestro del periodista y activista Itai Dzamara hace más de tres meses, se sospecha que por parte de agentes del Estado. Su captura no ha suscitado ninguna protesta internacional, y por eso muchos activistas en favor de la democracia se han sentido ofendidos, e incluso enfurecidos, ante las lamentaciones de Occidente por la muerte de un animal.

Mientras los medios de comunicación informaban sin parar sobre Cecil, los medios digitales de Zimbabue son los únicos que han informado de que la esposa, los hijos y los amigos de Dzamara conmemoraron hace unos días su 36º cumpleaños en la misma plaza de Harare en la que él se había manifestado para exigir la marcha de Mugabe. El de Dzamara es uno más en la larga y sobrecogedora historia de secuestros, detenciones y asesinatos de opositores políticos y activistas que el Estado ha autorizado bajo el mandato de Mugabe.

Qué diferencia de respuesta del Gobierno a la muerte de 'Cecil' y al secuestro del periodista y activista Itai Dzamara

La clave para comprender la torpe reacción del Gobierno contra las inocuas manifestaciones de Dzamara es la grave situación de inseguridad y el sentimiento de asedio que atenaza las esferas del poder. La economía nacional ha descarrilado y existe auténtico miedo a una revuelta repentina.

Los analistas consideran que no hay perspectivas inmediatas de recuperación y prevén que el país caiga en recesión a finales de año, y, aunque el Gobierno prometió crear hasta dos millones de puestos de trabajo durante la legislatura actual, no dejan de cerrar empresas.

Un fallo reciente del Tribunal Supremo da a los empresarios la potestad de despedir a sus empleados con previo aviso pero sin declarar ningún motivo ni pagar ninguna indemnización. La consecuencia ha sido la pérdida de unos 20.000 empleos en menos de un mes, y la ola de despidos prosigue. En las ciudades, la mayoría de los que salen adelante con la venta ambulante han recibido la orden de marcharse, por lo que es posible que haya una explosión de enfrentamientos entre ellos y la policía.

La economía nacional ha descarrilado y existe auténtico miedo a una revuelta repentina

Sin embargo, ninguna de estas cosas ha hecho que Mugabe piense en dimitir y entregar el poder a un sucesor. Mugabe ha cambiado los estatutos del partido para centralizar todo el poder y ha conseguido ser el candidato en las elecciones de 2018, con 94 años.

Su mujer, Grace, ha desempeñado un papel fundamental de perro de presa, atacando a todos los subordinados sospechosos de tener ambiciones.

Grace Mugabe ha negado que tenga la ambición personal de suceder a su marido, aunque muchos creen que aspira a hacerlo.

Quizá sí haya algo positivo en el furor mundial por la muerte de Cecil. La muerte del león ha servido para recordar al mundo que Zimbabue sigue en manos de un viejo tirano.

Chofamba Shitole es periodista zimbabuense residente en Reino Unido.

Traducción de Mª Luisa Rodríguez Tapia

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