Juca Ferreira | Ministro de cultura de Brasil

“No habrá desarrollo en Brasil sin desarrollo cultural”

Modernizar y democratizar la cultura son las dos obsesiones de Ferreira que ya ocupó la misma cartera durante el mandato de Lula

Juca Ferreira, ministro brasileño de cultura
Juca Ferreira, ministro brasileño de cultura Jaime Villanueva

Juca Ferreira (Salvador de Bahía, 1949) repite por segunda vez como ministro de Cultura de Brasil. Sustituyó al músico Gilberto Gil en la cartera de 2008 a 2010, durante el segundo mandato de Lula da Silva. Sociólogo de profesión, habla un “portuñol avanzado”, como él mismo lo define entre sonrisas, lleva un pendiente en una oreja y tiene un aspecto poco convencional para un ministro. Embajador especial de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) entre 2011 y 2012, estuvo en Madrid recientemente para presentar un acto organizado por esta institución con el título “Brasil Remix: Modernización y democratización de la cultura”, una síntesis de dos de sus máximas obsesiones, ahora dos asignaturas pendientes de aprobar en un país sumido en una doble crisis económica y política y con un Ministerio que siempre ha tenido, como ocurre en muchos países, un presupuesto “magro”.

Pregunta. Repite como ministro. ¿Es ahora más fácil o más difícil su tarea en un contexto de crisis económica?

Respuesta. Por un lado más fácil y por otro más difícil. Más fácil porque la experiencia es un capital importante y además estuve dos años en Madrid y pude reflexionar sobre los ocho años del Gobierno Lula, sobre los cambios que hicimos, sobre la velocidad increíble a la que se transformó Brasil y la necesidad de modificar las políticas culturales. Pero Brasil vive una crisis económica… y política. Dos crisis juntas. Eso agrega dificultades enormes, pero nada que no pueda superarse. Estamos trabajando bien y tenemos un gran reconocimiento de los artistas, de las organizaciones culturales, de las redes sociales…

P. ¿Qué balance hace de estos seis meses? Usted representa el ala izquierda dentro del Gobierno frente a ministros liberales como Joaquim Levy y ha luchado porque no se hicieran recortes en el presupuesto de Cultura, pero al final los ha habido...

R. Por debajo de la media. Estamos teniendo un buen tratamiento. Comprendo que cuando un Gobierno gasta más de lo que recauda es necesario contener el gasto, pero creo que es necesario un corte inteligente, hay diferentes tipos de sacrificios. Siempre le pongo una metáfora a la presidenta Rousseff sobre tres personas que llegan a una clínica de adelgazamiento. Una gorda, una normal y una por debajo de su peso. Si tu cortas el 30% de la obesa, todavía tiene que seguir controlando su dieta para adelgazar, el normal se va a quedar un poco tonto, pero se recuperará fácilmente, pero el flaquito se muere. Como el presupuesto de Cultura es tan pequeño, no podía recibir el mismo tratamiento que los demás.

P. Usted ha dicho que quiere cambiar la Ley Rouanet, que concede incentivos fiscales a las empresas que invierten en Cultura..

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R. Vamos a lograr cambiarla. No es buena porque genera concentración y porque el 90% del presupuesto se queda en Minas Gerais, el 80% en Río y São Paulo, el sudeste más desarrollado del país, y de ese 80%, un 60% va a parar a dos ciudades: Río de Janeiro y São Paulo y dentro de esas ciudades son siempre los mismos. ¿Quiénes? Aprobamos decenas de millares de proyectos y los departamentos de márketing de las empresas son los que deciden. Y los que eligen son aquellos que benefician a la imagen de la empresa y a los artistas que menos necesidades tienen, lo que supone un refuerzo de la desigualdad. Y además casi el 100% del dinero es público, un dinero público que se decide con criterios privados. No tiene futuro esa ley, yo la llamo el huevo de la serpiente en Brasil. Tiene una cara muy impresionante, pero un interior… Y además no ha creado mecenazgo en estos 20 años, si el dinero es público, no es mecenazgo.

P. ¿Cómo se las van a arreglar con la crisis para que esos millones que salieron de la pobreza en Brasil accedan a la cultura?

R. Trabajamos con tres indicadores básicos: desarrollar el lenguaje artístico de toda la producción simbólica brasileña, porque la cultura es mucho más que el arte. El segundo criterio es universalizar la inclusión social a los bienes culturales. Brasil tiene unos indicadores muy malos. Por ejemplo, poco más del 5% ha entrado en un museo, solo el 13% va al cine con frecuencia, la media de lectura es de 1,7 libros al año. Es necesario hacer un esfuerzo para hacer un proyecto para ampliar el desarrollo social del país. Desarrollo no es solo ampliar la producción y poner un poco más de dinero en el bolsillo de la gente para que consuma, es mucho más. Es fundamental y nuestra lucha, incluso dentro del Gobierno, es que comprendan que no hay posibilidad de desarrollo del país sin desarrollo cultural. El tercer componente es fomentar la economía de la cultura.

P. Usted dijo que su ministerio estaría abierto a la cultura popular y africana…

R. De la ópera al funky, que es la música preferida de la periferia. Todo es cultura y merecen apoyo.

P. Para salirse de la samba, la caipirinha y el fútbol, las más conocidas exportaciones de Brasil, ¿cómo se plantea expandir la cultura brasileña del siglo XXI en el mundo?

R. Es una tarea de todos. De todas formas, hay una visión turística que va muy definida en la relación programada del turista con el local, pero la cultura brasileña está presente en el mundo desde hace mucho tiempo. La música brasileña es reconocida como una de las mejores. Yo viví, a causa de la dictadura y el exilio, ocho años en Suecia y hay una música instrumental muy típica, el brasileirinho, que muchos suecos piensan que es suya. Nuestra cultura ya es global porque nosotros conseguimos dialogar internamente en la creación con los flujos que vienen de fuera, pero también porque sale al mundo. Es necesario renovar permanentemente para que no quede Jorge Amado como único icono de la cultura brasileña, hay un trabajo de exportación, pero también de integración con las otras culturas. Es necesario que Brasil conozca el cine argentino, español, que solo llega cuando lo permiten las distribuidoras americanas, pero es necesario construir una cultura de colaboración sin intermediarios para que haya un intercambio cultural mayor.

P. Jorge Amado dijo que Brasil es un país no racista, lleno de racistas. ¿Cree que ese Brasil dicotómico se da también en la cultura?

R. Brasil es un país paradójico. Predispuesto a la convivencia, pero con los mayores índices de violencia social del mundo. Tiene predisposición a integrar a los diferentes, pero hay racismo y discriminación, es una marca brasileña. En este momento de crisis, ha emergido de la propia sociedad un programa muy reaccionario, racista, misógino, contra los derechos de las mujeres, contra el Estado laico, a favor de rebajar la edad penal, un programa que los más optimistas piensan que no puede convertirse en hegemónico, pero al mismo tiempo ocupa espacios en el Congreso y creo que la sociedad ha empezado a reaccionar y creo que los partidos políticos y el Gobierno también tienen que reaccionar porque es una amenaza a la convivencia y la democracia. Parece como si quisieran llevar Brasil a la Edad Media, cuando el país ni existía. Tenemos la ventaja de ser un país nuevo que puede pensar en el futuro sin las marcas del ayer, las taras de la civilización occidental.

P. ¿Cree que habrá impeachment contra Dilma?

R. No creo. La oposición lo hace para mantenerla flaca.

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