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El fin de las sanciones es sólo el primer paso para desarrollar Irán

Los expertos coinciden en que el acuerdo nuclear puede transformar la economía iraní

El ministro iraní de Exteriores, Mohammad Javad Zarif (segundo por la izquierda), antes de una reunión sobre el pacto nuclear en Viena.
El ministro iraní de Exteriores, Mohammad Javad Zarif (segundo por la izquierda), antes de una reunión sobre el pacto nuclear en Viena. EFE

La prensa iraní está llena de noticias sobre empresas extranjeras que tantean su regreso a la República Islámica y proyectos oficiales para doblar la producción de petróleo o renovar la industria aeronáutica… en cuanto se levanten las sanciones. Muchos iraníes confían en ello para mejorar su vida tras años de penurias. Los expertos coinciden en que el acuerdo nuclear tiene el potencial de transformar la economía de Irán y estimular un resurgir comercial y financiero sin parangón. Sin embargo, también advierten de riesgos y obstáculos en el camino.

“Debemos evitar las exageraciones. No va a ser el paraíso de repente”, señala Saeed Laylaz, un reputado economista que asesora al Gobierno. Como otros analistas, precisa que la retirada de las sanciones tras el acuerdo va a llevar tiempo y que se traduzca en crecimiento aún más. “Es posible que el rial se revalúe respecto al dólar, pero el impacto económico no será inmediato; habrá que esperar a ver cómo funciona el acuerdo y luego la economía se recuperará paso a paso”, explica.

Es fácil olvidarse de esa gradualidad en medio de los titulares que anuncian el regreso de las grandes petroleras, o la visita de empresarios e inversores occidentales deseosos de explorar posibilidades de negocio.

“El levantamiento de las sanciones resulta fundamental para rehabilitar la economía, al abrir el flujo de inversiones a diferentes sectores, en especial los servicios que es donde más puestos de trabajo se generan; más de la mitad de la población son jóvenes con educación superior que buscan empleo y un futuro estable”, declara un asesor financiero iraní de fondos de inversiones, para explicar las enormes expectativas.

Millones de barriles de petróleo

Irán, con las cuartas mayores reservas de petróleo (y las terceras de gas), es hoy el tercer mayor productor de la OPEP. Cada día extrae en torno a tres millones de barriles, de los que desde la imposición de las sanciones en 2012 exporta un tercio.

Se estima que tiene almacenados 40 millones de barriles de crudo y otros productos petroquímicos en buques anclados frente a sus costas, a la espera de que se levanten las sanciones para ponerlos a la venta. El Ministerio de Petróleo también está trabajando en un nuevo sistema de contratos para atraer a las compañías occidentales y asegurarse los 100.000 millones de dólares de inversiones que necesita el sector.

Su objetivo es aumentar la producción hasta cinco millones de barriles para finales de esta década. Los analistas calculan que podría añadir 600.000 barriles en el plazo de un año.

El impacto que supone el regreso de una economía importante como la iraní al sistema financiero y comercial global resulta innegable. De entrada, Irán accederá a entre 100.000 millones y 150.000 millones de dólares que, según las fuentes, tiene congelados en bancos extranjeros. También espera doblar sus ingresos por venta de petróleo y la entrada de tecnología y capital occidental que ayude a reactivar sectores básicos desde las infraestructuras hasta los transportes.

“La recuperación de esos fondos va a ser útil, pero también puede alentar la inflación”, advierte Laylaz que dice confiar en la prudencia de[l presidente Hasan] Rohaní. De momento, los medios iraníes han celebrado la vuelta a casa de 13 toneladas de oro, valoradas en 700 millones de dólares. Simbolismos aparte, es el oro negro el que despierta mayores expectativas. Según este experto, “hará falta al menos un año para doblar la producción de petróleo [porque] el sector necesita cientos de miles de millones de dólares para recuperarse de su estado actual”.

El economista recuerda que a la falta de inversiones de la última década, hay que sumar la baja productividad desde hace treinta años. “Esos problemas no van a solucionarse de la noche a la mañana”, afirma. “Las sanciones son un obstáculo, pero no la causa. Hace falta más inversión, más productividad, menos gobierno, y más sector privado”, manifiesta.

De ahí el modesto efecto inicial con el que están trabajado: un 2% del PIB en 2015, 4% en 2016. En su opinión, “sólo a partir de 2017 empezará a ser significativo, si no hay turbulencias locales”. Apunta que en los últimos años la población ha perdido entre un 40% y un 50% de su poder adquisitivo y ha aumentado el número de pobres. Además, ha cambiado la situación regional, en especial por la amenaza del Estado Islámico, “lo que puede forzar al Gobierno de Rohaní a destinar más fondos a la seguridad”.

“El acuerdo nos pone en la situación de 2004, no en la de 1979. La enemistad [con EEUU] no ha terminado, todavía va a haber problemas en la puesta en práctica del acuerdo”, prevé. En aquella fecha, la inversión extranjera estaba rondaba los 4.000 millones de dólares al año apenas un 3%-4% de los entre 120.000 y 150.000 millones que, según Laylaz, necesita Irán. “No había sanciones pero pocos querían invertir, salvo en el sector del petróleo, debido a la atmósfera local para los negocios”, subraya.

Las empresas consultoras advierten a sus clientes sobre las peculiaridades del marco legal iraní, el control de la economía por los Pasdarán (a los que un informe de Reuters atribuye una sexta parte del PIB) o “la lentitud de los procesos legales”. También les aconsejan estar atentos al cumplimiento del acuerdo por parte de Teherán.

Laylaz teme que el interés de los inversores extranjeros se limite a los hidrocarburos, la aviación y las infraestructuras de transporte. Todo ello es importante, pero los iraníes necesitan ver una mejora de su capacidad adquisitiva porque las sanciones han golpeado sobre todo a las clases medias y trabajadoras, mientras que una élite conectada con el poder político se ha forrado con el contrabando y la falta de competencia.

“Las mejoras [para la población] van a depender mucho de que las empresas extranjeras hagan transferencia de tecnología y know-how, que no se limiten sólo a exportar a Irán; sólo así se pueden crear los puestos de trabajo que necesita cualquier país en vías de desarrollo”, estima por su parte el mencionado asesor financiero.

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