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Estados Unidos analiza qué buscaba el último ciberataque chino

La agresión no afecta a la seguridad nacional ni a secretos industriales

El secretario de prensa de la Casa Blanca, Josh Earnest.
El secretario de prensa de la Casa Blanca, Josh Earnest. AP

El ciberataque a la agencia de recursos humanos de la Administración federal de Estados Unidos es impactante por el número de afectados: unos cuatro millones de funcionarios, exfuncionarios y contratistas. Pero por ahora no hay indicios de que el robo, procedente de China según filtraciones anónimas de las autoridades estadounidenses, amenace la seguridad nacional. Tampoco parece un caso de espionaje industrial.

Los investigadores del FBI buscan el motivo de un asalto informático sin razón aparente. El ataque ocurrió a finales de 2014. El Departamento de Seguridad Interior lo detectó en abril gracias a una herramienta llamada Einstein. El jueves, la Administración Obama lo hizo público. El objetivo eran los datos de la Oficina de Gestión de Personal (OPM). Entre las tareas de la OPM figura verificar los antecedentes de los funcionarios, el pago de las pensiones y la formación de los empleados.

Datos de funcionarios

Los hackers o piratas informáticas comprometieron información sobre las tareas asignadas a los funcionarios y sobre la evaluación de su trabajo. Buscaban, según las filtraciones, datos sobre los números de la Seguridad Social. En EE UU, un país sin DNI, estos números son un identificador personal necesario para gestiones de la vida cotidiana.

El motivo de la ruptura de los sistemas de seguridad del Gobierno de EE UU no está claro y las informaciones verificadas son escasas. Entre los datos expuestos a los hackers no aparece información secreta ni que ponga en peligro los intereses de la política exterior, la defensa o el espionaje de la primera potencia mundial. Tampoco parece entrar en juego la rivalidad comercial entre EE UU y China. Según The New York Times, no existen pruebas de que los datos robados hayan servido para suplementar identidades o cometer fraudes con las tarjetas de crédito de los funcionarios.

¿Para qué entonces, el ciberataque? El Times lo atribuye a los mismos responsables que anteriores ataques a empresas aseguradoras. Y habla de “una nueva era en el ciberespionaje”, en la que los piratas roban “enormes cantidades de datos sin un motivo claro”. Almacenar por almacenar. ¿Un crimen absurdo? La información es dinero y poder: el big data como arma de la ciberguerra.

Con los datos disponibles ahora, el ciberataque —uno de los mayores que jamás haya sufrido el Gobierno de EE UU— es, a efectos prácticos, un engorro burocrático para los afectados. Poco más. Pero es mucho más. Primero, porque demuestra que las defensas de EE UU son vulnerables en un terreno en el que se dirimirán parte de los conflictos futuros. Y segundo, porque la supuesta responsabilidad china añade otro problema a una relación bilateral marcada en años recientes por la pugna por la influencia en Asia y por las acusaciones de Washington a Pekín de ciberespionaje.

En Washington nadie ha acusado abiertamente al Gobierno de Pekín. El portavoz del presidente Barack Obama se resistió ayer, en la rueda de prensa diaria, a señalar a ningún país. Fuentes anónimas de la Administración sí apuntan a China, pero sin concretar si se trata de hackers vinculados al Gobierno o criminales que actúen por libre. “Es irresponsable y poco científico lanzar acusaciones conjeturales y falseadas sin una investigación profunda”, replicó en Pekín el portavoz del Ministerio de Exteriores. China, dijo, “también es objeto de ciberataques”.