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Malasia comienza a buscar barcos de rohingyas

Se calcula que todavía hay 7.000 refugiados a la deriva y 3.000 ha llegado a tierra

Un día después de comprometerse, junto con Indonesia, a acoger a los miles de refugiados rohingya a la deriva en el mar de Andamán y la bahía de Bengala, Malasia ha empezado a cumplir su promesa. El primer ministro, Najib Razak, ha anunciado que ha dado orden a la Marina para que busque y rescate a los barcos que los transportan. Su ministro de Exteriores, junto a la jefa de la diplomacia indonesia, se encuentran en Birmania para conversar sobre la crisis con el Gobierno de Naypyidaw.

“He dado orden a la Marina y al servicio de guardacostas para que lleven a cabo misiones de búsqueda y rescate de barcos rohingya. Tenemos que impedir la pérdida de vidas”, ha indicado Razak en su cuenta de Twitter. “Es cuestión de básica compasión humana que nos aseguremos de que los hambrientos reciben agua y alimentos y los enfermos obtienen tratamiento y suministros médicos”.

Aproximadamente 3.000 refugiados han pisado tierra firme en Indonesia y Malasia en las últimas dos semanas. Otros 7.000, según los cálculos de las organizaciones humanitarias, se encuentran a la deriva, hacinados en botes en condiciones precarias, posiblemente muchos de ellos -incluidos ancianos o niños- enfermos o desnutridos.

Hasta este miércoles, Malasia e Indonesia habían rechazado la entrada en sus aguas de estos refugiados, a los que devolvían al mar tras entregarles agua, comida y combustible, reparar el motor de su barco si era necesario y ofrecerles nociones básicas de navegación para llegar a otro puerto. Pero tras una reunión ese día de ministros de Exteriores que incluyó a Tailandia los dos países cambiaron de actitud. A partir de ahora, aseguraron, aceptarán a los refugiados que ya se encuentren en el mar. No así -subrayaron- a los que aún no hayan zarpado.

La provisión de acogida no será incondicional tampoco. La comunidad internacional tiene un plazo de un año para ofrecer realojamiento a estos refugiados, de religión musulmana.

Tailandia, que a diferencia de Indonesia o Malasia no es un país de mayoría islámica, ha rechazado sumarse al acuerdo. Este país ha convocado una cumbre regional para el próximo día 29 sobre la crisis.

Precisamente, el problema estalló después de que hace tres semanas el Gobierno tailandés lanzara una campaña contra los traficantes de personas, que hasta entonces utilizaban la jungla del sur de este país para ocultar a los refugiados y esperar a que estos o sus familias pagaran el transporte hacia su país de destino definitivo, generalmente Malasia. A raíz de la campaña gubernamental, los contrabandistas, temerosos de ser capturados, optaron por abandonar los barcos a su suerte.

Los refugiados son principalmente bangladesíes que huyen de la pobreza de su país o rohingyas, una minoría de 1,1 millones de personas que habitan principalmente en Birmania. Este país, de mayoría budista, les niega la ciudadanía al considerarles inmigrantes ilegales bangladesíes, aunque su familia se encuentre afincada allí desde hace generaciones. En los últimos tres años ha aumentado la persecución contra ellos, que ha dejado casi 300 muertos y cerca de 140.000 refugiados en campamentos en torno a la ciudad de Sittwe, en el oeste birmano.

Además de los ministros de Malasia y Tailandia, se encuentra este jueves también en Birmania para tratar sobre la crisis el subsecretario de Estado de EE. UU, Antony Blinken, cuyo país también se ha declarado a hacer más en favor de los rohingya. El Gobierno birmano, que inicialmente había rechazado participar en la cumbre regional del 29 e insiste en que no reconocerá a los rohingya como minoría, ha indicado que está dispuesto a participar, después de que el miércoles decidiera ofrecer ayuda humanitaria.

Mientras tanto, en los campos rohingya en Birmania crece la desesperación por la suerte de aquellos que han huido y de los que no tienen noticias desde hace semanas. Algunas comunidades intentan recaudar dinero para pagar a los traficantes y que traigan a sus seres queridos de vuelta. Según informa Reuters, que cita a pobladores de uno de estos campamentos, el fin de semana pasado regresaron al menos 50 rohingya después de haber pagado entre 200 y 300 dólares a los capitanes de los barcos. Muchos de ellos habían sufrido palizas y habían recibido escasos alimentos o agua.

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