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Hillary Clinton vuelve a luchar por la Casa Blanca

La ex secretaria de Estado prevé hacer oficial el domingo su candidatura electoral

Elecciones EEUU 2016: Hillary Clinton
Hillary Clinton, en la ONU el pasado 10 de marzo. REUTERS

La fecha largo tiempo esperada ya está aquí. Lo inevitable siempre acaba por pasar. La ansiedad que ha tenido a la prensa escrutando cada gesto y cada comentario de la ex secretaria de Estado de Estados Unidos en los últimos meses para adivinar el cuándo y dónde proclamaría su candidatura a las elecciones presidenciales de 2016 ha terminado. Hillary Rodham Clinton anunciará este domingo sobre el mediodía que lanza el guante para convertirse en la primera mujer presidenta de EE UU. El campo demócrata contará ya con un candidato a suceder a Barack Obama.

El formato elegido por la ex secretaria de Estado no puede ser de más bajo perfil, ya que según citan todos los medios norteamericanos, basándose en fuentes cercanas a una campaña todavía no iniciada, Clinton usará Twitter para lanzar su candidatura y unirá el anuncio a diferentes plataformas de las redes sociales con un vídeo que supuestamente ya está grabado.

Todo para evitar los errores cometidos en 2008, cuando a la exsenadora de Nueva York se le criticaron sus aires de grandeza. En esta ocasión, Hillary Clinton quiere acercarse a la gente, llamar puerta a puerta, evitar la atmósfera de coronación que puso en escena entonces y la sensación que le quedó al votante de que se creía con derecho a ganar la nominación por ser quien era.

Cuando se produzca el anuncio, Clinton respirará hondo y arrancará la sábana a su primer fantasma al iniciar viaje a Iowa, territorio enemigo y donde la ex primera dama fue vapuleada en 2008 por Barack Obama y John Edwards, al quedar en una vergonzante tercera posición en los primeros caucus de la nación. A Iowa le seguirá New Hampshire. La conquista por la Casa Blanca en noviembre de 2016 ya habrá empezado y las ansiedades serán otras.

El edificio en Brooklyn ampliar foto
El edificio en Brooklyn REUTERS

Si en su anterior carrera hacia la Casa Blanca, Clinton estableció su centro de campaña en Arlington, a las afueras de Washington, ahora ha elegido un sencillo edificio de ladrillo en el distrito neoyorquino de Brooklyn. La elección puede interpretarse como una declaración de intenciones: Clinton se aleja del establishment, del poder de Washington, y se acerca al perfil de votantes que dio la victoria a Obama en 2008.

El número 1 de Pierrepont Plaza está en el corazón de Brooklyn Heights, un barrio vibrante y en auge, con diversidad racial y étnica, y una población joven. Todo para calmar los recelos del flanco izquierdista del partido, a quien le rechinan los lazos de Clinton con la élite y Wall Street.

En la búsqueda de ese gesto que resolviera el enigma de cuándo dejaría Clinton la tranquilidad que asegura haber vivido desde que dejó el Departamento de Estado —y su nuevo papel como abuela—, la noticia, la semana pasada, de la firma del alquiler de dos plantas de oficinas fue un reflejo de que el anuncio de la candidatura era inminente: la ley electoral permite que solo pasen 15 días entre el inicio de actividades de campaña y el trámite para optar a los comicios.

Al establecerse en Brooklyn, Clinton se aleja del establishment y se acerca al perfil de votantes que dio la victoria a Obama en 2008

“No tengo ni idea”, replica el conserje del edificio al preguntarle por el desembarco de Clinton. También se muestra sorprendido un trabajador de la tienda de alimentación y diarios ubicada en la planta baja. “Pero es emocionante, sería una muy buena presidenta”, dice, confiado en que sus ventas crezcan. Otro empleado del edificio sí conoce la noticia, que ha propiciado un debate en su oficina. “Es bueno para el barrio, atraerá a gente”, señala.

Entre los inquilinos del edificio -con vistas al East River y Manhattan- hay bancos, consultas médicas y la fiscalía del distrito. En la elección se intuyen guiños personales y políticos. Hillary fue senadora por Nueva York, un feudo demócrata, y en Manhattan están su oficina personal, la de la fundación familiar y la de su marido, Bill.

Intencionado o no, justo detrás del edificio está la calle Clinton. Enfrente, hay una estatua de Bobby Kennedy, el senador demócrata que, como su hermano expresidente, fue asesinado. Y en los alrededores, entre tiendas, cafés y restaurantes (algunos de moda, otros sencillos), hay varias sedes judiciales. Quizá sea un eco de los estudios en Derecho de Hillary en Yale, donde conoció a Bill.

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