Tragedia aérea en Francia

Despedida a los pies de los Alpes

Médicos y técnicos de la Cruz Roja se preparan para atender a los allegados

Miembros de los equipos de rescate despliegan banderas de las nacionalidades de las víctimas ante sus familiares, este jueves en Le Vernet.
Miembros de los equipos de rescate despliegan banderas de las nacionalidades de las víctimas ante sus familiares, este jueves en Le Vernet.Massimiliano Minocri

A las cuatro y cuarto de la tarde de este jueves llega una comitiva de siete autobuses, silenciosos, escoltados por policías, por la Cruz Roja y equipos médicos. En ellos viajan más de 200 familiares de las víctimas del Airbus A-320 que se estrelló contra el macizo de Trois-Evêchés. Han llegado a Le Vernet, el municipio más cercano al pico contra el que chocó el avión. Algunos autobuses tienen los cristales tintados; otros, no. Algunas familias han corrido las cortinas para que no les puedan ver los centenares de periodistas que captan la escena a unos 300 metros de distancia; otras, miran directamente a los medios, quizá sorprendidos.

Poco después, lentos, bajan de los vehículos y caminan a los pies de los Alpes. Apenas hay cuatro bungalows en la zona. Delante tienen un paisaje que, en otras circunstancias, podría definirse como bucólico. Las autoridades han preparado una pequeña ofrenda. Hay banderas de todas las nacionalidades de las víctimas del avión. Allí, a los pies de la montaña, rinden homenaje a las personas que han perdido.

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"Terapéuticamente pensamos que era mejor no venir, porque aquí no podrán ver ni los cuerpos, ni los efectos personales de las personas que han perdido", explica Jordi Sánchez, coordinador del equipo de 11 personas de los Servicios de Emergencias Sociales del Ayuntamiento de Barcelona que se ha desplazado a la zona. Las últimas noticias sobre el accidente suponen además "un componente que no favorece", añade Toni Sánchez, que dirige el grupo de nueve personas de la Cruz Roja en el lugar. Pero ambos entienden la necesidad de algunas personas de acercarse hasta el sitio en el que murieron las personas a las que querían.

La intención este jueves era que los familiares, después de otro pequeño acto de homenaje en Seyne-les-Alpes, regresasen a sus casas. "Pero por si acaso, si han dispuesto alojamientos en la ciudad", explicó Sánchez, que recordó que ahora una de su función es asistir y hacer entender a los familiares que sus sentimientos, ya sean de ira, de culpabilidad o de tristeza, son normales, y que con el tiempo se irán calmando.

Tanto en Seyne-les-Alpes como en Le Vernet, la población se ha volcado. "Es terrible, tengo ganas de llorar", dice Gerard Maroselli, de 70 años. Él vive en Le Vernet, tiene una pequeña casa, de madera, con dos habitaciones. "Es para ellos, para quienes quieran venir". Pero a primera hora de este jueves no sabía si sería así. El Ayuntamiento está centralizando y coordinando ese tipo de ayuda. Régis Thezan, también del municipio, explica que muchas familias han dejado las llaves de sus segundas residencias en la zona para que puedan alojar a la gente el tiempo que haga falta.

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Las tareas de rescate de los cadáveres y de los restos del avión pueden alargarse durante semanas. Este jueves, los helicópteros se elevaron de nuevo a las ocho y media de la mañana. A primera hora, los equipos tuvieron problemas al llegar debido a la niebla, que finalmente se disipó. Desde el miércoles por la tarde, están recuperando restos de los cadáveres de las 150 víctimas, según fuentes del Gobierno catalán. Estos son trasladados hasta el aeródromo de Syene-les-Alpes, donde han dispuesto diversos camiones frigoríficos, según esas mismas fuentes.

Este jueves, subieron diversos investigadores, acompañados de expertos de alta montaña. La zona sigue teniendo partes heladas, lo que la hace especialmente peligrosa, según explicó el responsable de la seguridad del dispositivo. Otro problema añadido es el viento que genera el movimiento de las hélices de los helicópteros, que hacen volar los restos de la zona. Los aparatos no pueden aterrizar en el lugar, que es sumamente escarpado, lo que obliga a acercarse el máximo para que los equipos se puedan descolgar con cuerdas. Además del rescate de los cuerpos, la prioridad era dar con la segunda caja negra del Airbus.

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