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Viaje al califato a través de Turquía

El país refuerza la vigilancia de la frontera siria por la presión occidental

Familiares de las huidas Abase y Begum, tras comparecer el día 22 en Londres.
Familiares de las huidas Abase y Begum, tras comparecer el día 22 en Londres. Getty Images

Probablemente nunca fue tan fácil como ahora unirse a la yihad violenta. De ahí que unas adolescentes como las británicas Amira, Shamima y Kadiza puedan haber llegado, según las últimas informaciones, hasta Siria. No son las primeras ni serán las últimas. A lo largo de los cuatro años de guerra civil en este país el flujo de islamistas radicales a Siria a través de Turquía ha sido constante, escondiéndose entre los millones de turistas, comerciantes y empresarios que cada año atraviesan esta región.

El viaje, desde Europa, comienza con un simple billete de avión. Con el empuje que ha gozado el turismo en Turquía durante las últimas dos décadas, las aerolíneas y los aeropuertos con destino a Estambul han incrementado su capacidad, y es muy fácil encontrar vuelos a bajo coste en cualquier momento del año. Además, Ankara ha firmado acuerdos con numerosos países europeos, asiáticos y del norte de África que eximen a sus ciudadanos de la necesidad de solicitar un visado para entrar en el país.

El pasado 2 de enero, una semana antes de que su marido, Amedy Coulibaly, pereciese en el ataque a un supermercado kosher de París, Hayat Boumedienne llegó al aeropuerto Sabiha Gökçen de Estambul, procedente de Madrid. La acompañaban otras cuatro personas, entre ellas Mohamed Belhoucine, ya anteriormente implicado en actividades yihadistas. Según una fuente cercana a la inteligencia turca consultada por EL PAÍS, en muchas ocasiones los aprendices de yihadista viajan acompañados de mentores o facilitadores o, en caso contrario, disponen de un contacto en Estambul que les ayuda a proseguir el viaje.

"Se ve a muchos barbudos hablando lenguas extranjeras", dice un analista

Pese a que la vía aérea es la más habitual para llegar a Estambul, en los últimos meses se ha detectado también un incremento de los cruces a Turquía a través de la frontera búlgara, de acuerdo al Ministerio del Interior de ese país.

La siguiente etapa del viaje es más sencilla y consiste en desplazarse —bien en avión, bien en autobús— hasta la región sureste de Turquía, principalmente a la provincia de Urfa, que linda con territorio sirio controlado por el Estado Islámico (EI). La señal telefónica de Boumedienne se detectó por última vez en Akçakale, localidad fronteriza de la provincia de Urfa, sólo separada por una valla de la población siria de Tel Abyad, en manos del EI.

Según los expertos consultados, Akçakale es actualmente el principal punto de paso a Siria y la zona es un hervidero de yihadistas. “Se ve a muchos barbudos hablando lenguas extranjeras, incluso en la capital de la provincia”, asegura Ismail Kaplan, dirigente provincial del partido kurdo DBP. Es más, este político afirma que sus colegas han sorprendido a supuestos yihadistas tratando de penetrar en Siria a través de los campos de cultivo en torno a la localidad de Suruç y descendiendo por la ribera del Éufrates a la altura de Karkamis, pues al otro lado se encuentra otro de los bastiones del EI en Siria: Jarabulus. Otro importante punto de paso se encuentra en la provincia turca de Kilis, unas decenas de kilómetros más al oeste.

Kaplan denuncia que, pese a sus quejas, las autoridades turcas han hecho poco por reforzar los controles. “Turquía siempre ha hecho la vista gorda a [las actividades] de estos grupos extremistas para debilitar a los kurdos de Siria”, opina por su parte el analista kurdo Mutlu Civiroglu.

Sin embargo, debido a la presión occidental, la situación ha cambiado en los últimos meses y Turquía se ha tomado más en serio la vigilancia. A finales del año pasado se instalaron “centros de análisis de riesgo” en aeropuertos y otras entradas al país y el ministro del Interior turco, Efkan Ala, se ha defendido alegando que en los últimos años Turquía ha denegado la entrada de unas 10.000 personas por supuestos lazos yihadistas y otro millar ha sido deportado de Turquía por ser sospechoso de pertenecer al EI. “La mayor dificultad es no dar una imagen de que Turquía ve a cada turista como un terrorista en potencia. Turquía recibe más de 25 millones de visitantes cada año y hay que compaginar las exigencias de seguridad con el no intimidar a los turistas”, señala Mehmet Özkan, director del centro de estudios sobre terrorismo UTSAM, vinculado a la policía turca. Para Özkan, aunque ha mejorado, es imprescindible que los aliados compartan con Turquía más información de inteligencia para poder detener a los radicales antes de que abandonen el país.

Por otro lado, el Ejército turco ha incrementado sus patrullas y, en las últimas semanas, varias decenas de personas han sido arrestadas en la zona fronteriza. Pero los cerca de 400 kilómetros de frontera que comparten Turquía y Siria son muy porosos y esta región ha sido tradicionalmente un lugar de contrabando de mercancías. Ahora, los traficantes se ganan la vida ayudando a transportar combatientes al otro lado de la frontera.

Una vez dentro de Siria llega lo que una reclutadora del EI, la escocesa Aqsa Mahmoud, considera “la cuestión más difícil” para los voluntarios extranjeros: la llamada a casa. Avisar a la familia de que se está en Siria, de que se ha terminado la vida anterior y comienza una nueva, al servicio de la más brutal de las organizaciones yihadistas.

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