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El juez apunta a Rusia por el envenenamiento de Litvinenko

Londres abre una investigación pública sobre el asesinato con polonio-210 del exespía ruso en 2006

Marina Litvinenko, viuda del exespía ruso envenenado, entra a la audiencia.
Marina Litvinenko, viuda del exespía ruso envenenado, entra a la audiencia. Getty

La capital británica ha empezado a revivir hoy, al inaugurarse la investigación oficial pública de la muerte por envenenamiento en 2006 del exespía ruso Alexander Litvinenko, lo que el abogado de la viuda no ha dudado en llamar “un acto de terrorismo nuclear patrocinado por un Estado en las calles de Londres”.

El Gobierno británico, que se había resistido inicialmente a que se abriera un proceso de estas características para no perjudicar sus relaciones con Rusia, decidió en julio del año pasado autorizar esta investigación judicial independiente, después de enfriamiento entre los dos países por la crisis de Ucrania. La negativa inicial del ministerio del Interior a celebrar esta investigación pública, que permite escuchar en secreto determinados testimonios, fue afeada por la Justicia británica, que dio la razón a Martina Litvinenko, viuda del ex agente secreto. Ella es la verdadera impulsora del esclarecimiento de un suceso que conmocionó hace ocho años a la opinión pública, que asistió al deterioro de su marido, postrado en una cama de un hospital londinense, víctima de la sustancia radioactiva polonio-210 vertida en su taza de té.

El espía ruso Alexander Litvinenko yace en una cama de un hospital de Londres tras haber sido envenenado con polonio.
El espía ruso Alexander Litvinenko yace en una cama de un hospital de Londres tras haber sido envenenado con polonio.

El juez Robert Owen, que preside desde hoy la investigación pública, ha afirmado que el caso plantea cuestiones "de extrema gravedad" y que hay pruebas que aparentemente apuntan a la implicación del Estado ruso. Algo que comparte Marina Litvinenko, que ha acusado al presidente Vladímir Putin de ser responsable de la muerte de su esposo. El polonio-210, ha añadido el juez, pudo haberse usado para “matar a un gran número de personas o para propagar el pánico y la histeria entre la ciudadanía”.

El exespía de la KGB Alexander Litvinenko vivía exiliado en Londres desde el año 2000. Reino Unido le proporcionó asilo político al llegar con su familia –tras una huida que “no desentonaría en las páginas de un thriller”, según el abogado de la acusación-, después de cumplir casi un año de prisión en Rusia tras denunciar públicamente en 1998 la supuesta corrupción en el Servicio Federal de Seguridad ruso (SFS, sucesor del KGB). Desde Reino Unido continuó con su campaña contra Putin y trabajó para el servicio de inteligencia británico MI6. Según el abogado de la viuda, también trabajó para el CNI español, vigilando a las mafias rusas que operan en España.

Litvinenko falleció el 23 de noviembre de 2006, a los 43 años, en la cama de un hospital londinense. Desde su lecho de muerte acusó al Krémlin, según su viuda. Rusia siempre ha negado su participación en la trama. Tres semanas antes de morir, Litvinenko tomó el té en el hotel Mienium del centro de Londres con dos antiguos colegas, Andrei Lugovoi y Dmitry Kovtun. La policía británica apunta a estos dos ciudadanos rusos como sospechosos del asesinato.

Ambos se encuentran supuestamente en Rusia, cuyas autoridades se han negado a entregarlos a Reino Unido, alegando que su Constitución no lo permite. El juez Owen ha invitado a los dos sospechosos a declarar por videoconferencia, a lo que espera “que accedan” ya que ambos niegan cualquier participación en los hechos.

Antes de aquel supuesto envenenamiento mortal en un hotel el 1 de noviembre de 2006, la acusación ha contado al juez que Litvinenko sobrevivió a otro intento dos semanas antes, el 16 de octubre, cuando se reunió con Lugovoi y Kovtun en una oficina de Grosvenor Street. En aquella ocasión el exespía vomitó, pero no enfermó tanto como tras la segunda y mortal dosis. Los dos sospechosos habrían viajado hasta en tres ocasiones desde Rusia a Londres transportando polonio. La acusación aseguró que la sala escuchará la declaración de un testigo de Hamburgo que asegurará que Kovtun le preguntó si conocía a algún cocinero en Londres, porque necesitaba alguien para administrar “un veneno muy caro” a Litvinenko, a quien llamó “un traidor con las manos manchadas de sangre”.

Como oficial de la SFS, Litvinenko recibió a orden de matar al empresario ruso Boris Berezovsky en 1997, según la acusación. Pero el espía no obedeció, alertó del plan al empresario y expresó su desacuerdo al entonces jefe de los servicios secretos, Vladímir Putin. En marzo de 2013 Berezovsky apareció ahorcado en su mansión inglesa, en un aparente suicidio.

El juez Owen ha asegurado que en audiencias previas ha visto pruebas que apuntan “a primera vista” a Rusia. Algunas de ellas las volverá a escuchar pero lo hará, ha confirmado, en sesiones cerradas al público por cuestiones de seguridad.