Auge y caída del gran ‘tigre’ Zhou

Los contactos del influyente exjefe de seguridad han sido su mayor debilidad

El exjefe de seguridad Zhou, durante el Congreso del Partido Comunista Chino, en octubre de 2017.
El exjefe de seguridad Zhou, durante el Congreso del Partido Comunista Chino, en octubre de 2017.JASON LEE (REUTERS)

La que parecía la mayor baza del otrora todopoderoso Zhou Yongkang, su red de conexiones, ha resultado ser su mayor debilidad. El exjefe de las fuerzas de seguridad chinas, cuya detención se anunció formalmente el pasado día 5 y que se ha convertido en la mayor captura en la campaña contra la corrupción, afronta ahora un negro futuro tras perder su lucha de poder contra Xi Jinping. Está acusado de cargos que oscilan desde la filtración de secretos de Estado y del Partido Comunista, a la corrupción, pasando por la promiscuidad. Pocos dudan de que el castigo será ejemplar.

Las acusaciones pueden acarrearle la pena capital. A lo largo de esta semana los medios oficiales chinos han dedicado un lenguaje especialmente duro contra el “traidor” Zhou. No obstante, expertos como el analista político Willy Lam, residente en Hong Kong, consideran que factores atenuantes, como su cooperación con los investigadores, le podrían valer una condena suspendida a muerte, que en la práctica equivale a una cadena perpetua.

Es un enorme cambio de fortuna para el que hace poco más de dos años era uno de los hombres más poderosos del país, miembro del Comité Permanente, el máximo órgano de mando del régimen comunista chino. De 72 años y de orígenes humildes en la provincia de Jiangxi, Zhou Yongkang comenzó su carrera, y sus contactos políticos, en el sector petrolero, donde llegaría a la cabeza del principal gigante estatal chino del sector, CNPC, donde crearía una amplia red de protegidos.

De allí saltó a la próspera provincia de Sichuan, donde continuó extendiendo su red de contactos como secretario general del partido de la zona. En 2007 llegaría al Comité Permanente y al frente de los servicios de seguridad, que bajo su mando adquirieron un enorme poder y un presupuesto mayor que el del propio Ejército Popular de Liberación.

Por el camino había forjado estrechos lazos con una estrella en ascenso del partido, Bo Xilai. Bo, su protegido, estaba destinado a ser su sustituto en el Comité Permanente, algo que hubiera prolongado la influencia de Zhou tras su jubilación. Cuando Bo cayó en desgracia, fue Zhou el único que intentó salvarle. En ese momento selló su destino. Poco después del relevo de 2012 en el Comité, que encumbró a Xi Jinping y que supuso la retirada del exjefe de los servicios de seguridad, la Comisión Central de Investigación para la Disciplina le abría una causa.

Hasta el momento no se ha anunciado una fecha para su juicio, que dada la gravedad de los cargos muy probablemente se desarrolle a puerta cerrada. El analista Lam cree que podría celebrarse el próximo febrero, antes de la reunión anual del Legislativo chino. Otros, como el profesor Li Chengyan, del Centro de Estudios sobre Gobierno Limpio de la Universidad de Pekín, creen que podría retrasarse hasta el verano: “Zhou tuvo mucho poder, mucho peso y mucha influencia. Parece que sus delitos no se limitan a la corrupción, sino que incluyen violaciones de la ley penal. Si es así, eso hace el caso mucho más complicado”, explica.

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El caso Zhou no se ciñe únicamente a este exdirigente. Otros 39 altos cargos relacionados con él ya han caído, según la revista Caixin. Entre ellos, el viceministro de Seguridad Pública, Li Dongzheng, o el jefe de los servicios secretos de Pekín, Liang Ke. La lista, a todas luces, se hará aún más larga.

Pero en la campaña contra la corrupción tardará en caer otro tigre de tanta importancia. Lam no lo cree posible antes de 2017, cuando se produzca la próxima renovación del Comité Permanente y el mandato de Xi entre en su segunda mitad. “El caso Zhou ha sido demasiado desestabilizador”, considera el experto.

Sobre la firma

Macarena Vidal Liy

Es la corresponsal de EL PAÍS en Asia. Previamente trabajó en la agencia EFE, donde ha sido delegada en Pekín, corresponsal ante la Casa Blanca y en el Reino Unido. También ha cubierto conflictos en Bosnia-Herzegovina y Oriente Medio como enviada especial. Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.

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