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Protestas en Brasil

No es una banda de indie-rock, es la vanguardia anti-Dilma

Cinco jóvenes se consolidan como los ideólogos de las protestas contra el PT en São Paulo y pretenden marcar el discurso de la oposición

María Martín
De izquierda a la derecha: Kim Kataguiri (18), Frederico Rauh (23), Alexandre Santos (26), Gabriel Calamari (20) y Renan Santos (30). Los líderes del Movimento Brasil Livre en São Paulo.
De izquierda a la derecha: Kim Kataguiri (18), Frederico Rauh (23), Alexandre Santos (26), Gabriel Calamari (20) y Renan Santos (30). Los líderes del Movimento Brasil Livre en São Paulo.Victor Moriyama

Los cerebros que, desde las elecciones, han sacado a miles de personas a la calle a desgañitarse contra Dilma Rousseff tienen entre 18 y 30 años y bien podrían confundirse con estrellas de una banda de indie-rock. Manifestantes que podrían ser sus padres reciben con ovaciones casi cualquier cosa que Kim Kataguiri, el más joven del grupo, dice. Más de 72.000 personas siguen una de sus páginas en Facebook y otros cientos de miles ven sus vídeos en el canal de YouTube donde habla sobre liberalismo económico. “Nunca dejaremos que nuestro país esté bajo una dictadura totalitaria, que es el objetivo del Partido de lo Trabajadores”. Aplausos.

Kataguiri, junto a otros cuatro jóvenes vestidos con pantalones pitillo, zapatos de piel y ante, camisas vaqueras y gafas Ray-Ban, ha asumido el liderazgo de Brasil Livre em São Paulo, un movimiento que, desde el 1 de noviembre, promueve, organiza y financia a través de donaciones el discurso de oposición al PT en las calles. “Este no es un movimiento de la élite, esto es una revolución de quien trabaja y paga impuestos, del vendedor de palomitas de maíz al tipo de clase media tradicional", defiende Renan Santos, de 30 años, el miembro de más edad del grupo.

El grupo se ha volcado en las manifestaciones anti-PT, pero el objetivo es generar contenido cultural en blogs, vídeos, campañas o canales de televisión a través de una start-up que aún está en pañales. Su proyecto pretende “cambiar el lenguaje” asociado a la derecha. “La izquierda se apropió de la cultura, del arte, de la música, de lo que se considera cool o moderno. De lo hipster. Nuestros amigos artistas no pueden revelar su ideología porque sufren una represión cultural si no son de izquierdas”, critican. En una esquina de la oficina donde trabajan, el vocalista de una banda conocida internacionalmente asiente. Él prefiere no participar en la entrevista porque sus fans no están preparados para este discurso.

En ese esfuerzo de adoctrinamiento, más allá de la estética, los chavales no están solos. Un abanico de instituciones, algunas financiadas por empresas, como el Instituto Ludwig von Mises Brasil (un organismo privado para promocionar ideas liberales), proclama sus mismos ideales sobre la defensa del libre mercado y la libertad individual, y patrocinan la evangelización de la opinión pública.

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El pequeño grupo trabaja con cine, música y publicidad y se infiltra como una anguila en la Red para defender el ideal de un Estado mínimo. Se visten a la última, pero están lejos de las ideas que normalmente se asociarían a su estética joven y moderna. Ellos son liberales y conservadores y en Brasil no hay quien los represente: están más a la derecha que cualquier partido con oportunidades de ganar la presidencia. No lo expresan así, porque en Brasil nadie dice que es de derechas. “La verdad es que la derecha y la izquierda se quedaron en el siglo XX, su significado está desvirtuado. ¿Dónde se encaja el liberal? Nosotros somos liberales al estilo de Margaret Thatcher y Ronald Reagan”, defiende Alexandre Santos, socio de una productora de cine de 26 años.

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A pesar de que el conservador PSDB se subió al carro de las protestas –el candidato de la oposición Aécio Neves grabó un vídeo animando al pueblo a unirse a las marchas – el mayor oponente del PT no encontrará simpatías en esta oficina del centro de la ciudad. “No solo el PT va a sorprenderse con este fenómeno [de oposición], el propio PSDB también, que es el más beneficiado por los votos de esa gente que está ahora en las calles defendiendo valores democráticos y el partido no ha sabido oírlas. ¿Cuatro derrotas seguidas? ¿No será el momento de escuchar un poco? Aécio Neves va a tener que comenzar a hablar nuestro idioma”, defienden. “Has ahora los políticos siempre nos han marcado el discurso, de ahora en adelante, vamos a hacerlo nosotros”.

Ninguno de ellos había pisado antes una protesta

Autodenominados hoy como activistas, ninguno de ellos había pisado antes una protesta. Hasta que se involucraron en aquella que, en medio del clima de indignación de junio pasado, llevó a buena parte de la derecha a marchar contra la PEC37, la propuesta petista que proponía quitar al Ministerio Público el poder de investigación y dejarlo solo en manos de la policía. La enmienda acabó siendo derribada en el Congreso tras la presión popular. Con el recuerdo de aquella pequeña victoria, apenas dejaron pasar diez minutos tras la divulgación de los resultados electorales para convocar el primer acto contra Rousseff. No les ha ido mal: más de 3.000 personas en su estreno; 10.000 en la segunda marcha y cerca de 2.000 en la última, el 6 de diciembre.

A pesar del relativo éxito de convocatoria, o quizá por ello, cosechan una buena lista de detractores y en cada manifestación sigue habiendo más que palabras con los defensores de la intervención militar, que también quieren su pedazo de calle. “Somos odiados por todos, desde la izquierda a la derecha radical”, asumen.

Con orgullo, asumen ser los ideólogos del “Raio Privatizador”

Subidos a un coche de sonido, los chavales se dejan la voz insuflando ánimo a los participantes, poco acostumbrados también a dejarse las suelas en el asfalto de la Paulista. Recurren al “Lula borracho” o al “Dilma, vete a tomar por culo”, que siempre funciona, pero también a discursos algo más elaborados sobre el capitalismo, la libre iniciativa, la reducción de impuestos, la privatización o la reducción de la intervención del Estado. Con orgullo, asumen ser los ideólogos del “Raio Privatizador”, el gancho de la campaña a diputado estatal del candidato Paulo Batista, que pretendía privatizar hasta la Universidad de São Paulo. Batista no ganó su asiento, pero la campaña se convirtió en un fenómeno en las redes recogido por The New York Times y el humorista estadounidense John Olivier.

Los cachorros anti Rousseff volverán después de las Navidades. Habrá más manifestaciones e intervenciones algo más sutiles que comiencen a identificarles. “Nos preocupa el futuro, si supiéramos que nuestro Estado y la libertad están garantizadas, no tendríamos este afán por estar en las calles”.

La prueba de los anti-Dilma

El movimiento Brasil Livre tiene cerca de 150 organizadores en 10 estados del país. Su estructura poco tiene que ver a la de movimientos de izquierda que defienden la horizontalidad de su organización. Aquí hay líderes. “La horizontalidad termina a la hora de pagar la cuenta en el restaurante”, dicen. Los representantes de São Paulo evitan opinar como grupo sobre algunos de los temas más calientes de la actualidad. No quieren descartar seguidores, pero sí se posicionan individualmente.

Aborto

“El movimiento no tiene una opinión consensuada sobre ese asunto”. La mayoría de ellos se posiciona contra.

Matrimonio gay

“El movimiento no tiene una opinión consensuada sobre ese asunto”. Los líderes de São Paulo están a favor.

Criminalización de la homofobia

“No está en la agenda del grupo". El joven Kim Kataguiri añade: “Tenemos que criminalizar todo tipo de violencia”.

Reducción de la edad penal

“No es el asunto central del grupo”. Renan Santos, sin embargo, está a favor de que los jueces calibren el crimen con independencia me independentemente de la edad del autor. “¿Por qué el crimen va a ser diferente si lo comete un chico de 15 años? Acaba siendo un incentivo para que lo adultos utilicen a menores”, argumenta. “Pero el asunto es muy complejo para ser tratado así, la cuestión no es esa".

Legalización de las drogas

“Tampoco está en la agenda del grupo”. Ninguno se muestra en contra.

Privatizaciones

“No hay por qué estar contra las privatizaciones: las mejores universidades del mundo son privadas, los mejores sistemas de salud son privados, etc. Los servicios públicos son más caros y menos eficientes por naturaleza. Lo peor es que estamos obligados a pagar por los servicios públicos, algo que no sucede en la iniciativa privada: paga solo quien los usa”, defiende Kataguiri .

Declaraciones del diputado de derechas Jair Bolsonaro a una compañera de escaño: “Ya le dije que no la violaba porque no se lo merece”

“Desafortunadas. Pero hay que recordar también las acusaciones de [la diputada] Maria do Rosário [que en 2008 insinuó que que Bolsonaro promovía la violencia sexual]”.

Informe final sobre la dictadura brasileña de la Comisión de la Verdad

“Será de la media verdad, porque solo escuchó a un lado. Revuelve el pasado e hiere para la democracia, dependiendo de cómo se haga. Ha servido como instrumento para la victimización de la izquierda. Siempre están atacando a enemigos que ya no existe y siguen colocándose como víctimas de algo que acabó hace 30 años”, afirma Kataguiri.

Ley de amnistía de la dictadura

“Fue un acuerdo de la época, duro y necesario en aquel contexto histórico, pero para nuestra generación no tiene el mismo peso. Para nosotros, hoy, no es un tema relevante, lo es para la antigua política. Solo está atrapado en él quien lo sufrió y quien quiere las indemnizaciones”.

Programa de ayudas Bolsa Família

“Básicamente queremos que no sea necesario. Creemos, por un lado, que el programa tiene sus virtudes, pero por otro vemos cómo quien quiere emprender se siente asfixiado. El agricultor, por ejemplo, es un emprendedor con muchos impuestos que tiene que matricular hasta el tractor. Es posible la inversión en el área rural".

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Sobre la firma

María Martín
Periodista especializada en la cobertura del fenómeno migratorio en España. Empezó su carrera en EL PAÍS como reportera de información local, pasó por El Mundo y se marchó a Brasil. Allí trabajó en la Folha de S. Paulo, fue parte del equipo fundador de la edición en portugués de EL PAÍS y fue corresponsal desde Río de Janeiro.

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