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Una insurrección del laborismo británico acecha a Miliband

Los socialdemócratas de Reino Unido achacan sus males al escaso carisma de su líder

El líder laborista, Ed Miliband, el lunes en un acto en Londres. Ampliar foto
El líder laborista, Ed Miliband, el lunes en un acto en Londres. Getty

El guion era muy diferente. A seis meses exactos de las elecciones generales, los laboristas deberían estar caminando unidos hacia la victoria, disfrutando de una cómoda ventaja en los sondeos. Pero la película muestra a un partido cuya ventaja se reduce a medida que avanza la recuperación económica, que se derrumba en sus feudos clásicos y que no logra conectar —como sucede en general a la socialdemocracia europea— con el descontento por las consecuencias de las políticas de austeridad. La película no se ajusta al guión. Y muchos parecen señalar a un culpable: el actor protagonista.

El portavoz parlamentario de los laboristas, Dave Watts, trasladó al equipo del líder un mensaje de descontento a finales de la semana pasada. Una veintena de diputados de la oposición “está sopesando activamente el futuro de Ed Miliband”. Los rebeldes tienen peso y pertenecen a todo el espectro del Partido Laborista. Aún no existe una carta pidiendo la dimisión de Miliband, declaran diputados anónimos en The Guardian, pero podría haberla pronto.

Parece que darían el paso si el exministro del Interior Alan Johnson indicara que está dispuesto a liderar el partido en caso de que este se quedara sin cabeza a pocos meses de las elecciones. De momento, no parece que Johnson esté dispuesto. “Para despejar dudas”, declaró a The Times, “no tengo intención de volver a la primera línea de la política”. El ruido de sables era tan alto que el propio Miliband tuvo que intervenir. “Seguimos centrados en este país y en cómo hacer que funcione de nuevo”, dijo, durante una visita a Northampshire. “No acepto que este tema aflore. Honestamente, es un sinsentido”.

El problema es que los números no le salen al líder whig. En una encuesta de YouGov para The Sunday Times, solo un 34% de los que votaron laborista en las pasadas elecciones consideran que Miliband está a la altura del cargo de primer ministro. Hace solo un mes, un 51% le consideraba apto. El 45% de los votantes laboristas, según esa misma encuesta, cree que Miliband debe dimitir. Y no se trata solo de los periódicos más cercanos a los tories. También The Observer publicaba una encuesta el domingo en la que, por primera vez, menos de la mitad de los votantes laboristas (49%) aprueba su liderazgo.

Las críticas internas han acompañado a Ed Miliband desde que asumiera el mando de las filas laboristas después de la dimisión de Gordon Brown, tras la formación del Gobierno de coalición entre conservadores y liberal demócratas en mayo de 2010. Con el apoyo de los sindicatos, se enfrentó y derrotó a su propio hermano mayor en la carrera. Los laboristas eligieron un líder poco carismático y poco fotogénico, pero que prometía ser el cerebro que alumbraría el discurso del laborismo después de Blair. Pero no ha resultado así. El mensaje no ha sido ni tan radical como para atraer a los votantes antiestablishment hartos de las medidas de austeridad, ni tan moderado como para convencer a las clases acomodadas. Ni siquiera han encontrado un mensaje claro en materia de inmigración, donde el Gobierno conservador lleva unas semanas torpemente enredado.

Se dedicaron los primeros tres años de oposición a sostener que las medidas de austeridad del Gobierno no harían despegar la economía, pero la realidad parece quitarles la razón. Solo en su rechazo a un referéndum sobre la permanencia en la UE conecta el discurso de Miliband con los poderes económicos.

El análisis en retrospectiva de su discurso en el Congreso del partido en septiembre pasado es unánimemente negativo. Las encuestas indican que la sanidad pública sigue de cerca a la economía en la lista de preocupaciones de los británicos. Y que los votantes se fían más de los laboristas para gestionar la sanidad y de los conservadores para gobernar la economía. Así que Miliband centró su discurso en la sanidad. Tanto que olvidó mencionar el déficit público y sus planes para reducirlo. Los peligros, dijo después, de intervenir sin la ayuda de un teleprompter (la pantalla en la que se proyecta el discurso). Un despiste que explotaron con saña los conservadores.

Los laboristas siguen por delante en las encuestas, con un 32% de intención de voto, tres puntos por encima de los conservadores. Pero la salud de un partido es mala cuando incluso las victorias saben a derrota. El no ganó en el referéndum de Escocia. Pero su asociación con los tories en la campaña del “mejor juntos” está pasando factura a los laboristas. El descontento con la política tradicional ha acabado fortaleciendo al nacionalismo populista del SNP. Según las últimas encuestas, este podría arrebatar de largo la victoria en Escocia a los laboristas, que conservarían solo cuatro de los 41 diputados escoceses que ahora tiene en Westminster. Esto, por si solo, podría cerrar a Ed Miliband las puertas de Downing Street.

En las elecciones parciales de hace un mes, los conservadores perdieron su escaño por Clacton, que fue al partido xenófobo y populista UKIP. Los laboristas conservaron su escaño en Heywood, pero el escaso margen convirtió también esa victoria en derrota, alertando de que también a ellos puede hacerles daño UKIP. Las próximas elecciones parciales de Rochester y Strood, el 20 de noviembre, serán importantes para el futuro de Ed Miliband. Todo indica que quedarán terceros, por detrás de UKIP y de los tories. Pero necesitan asegurar un 20% de apoyo para acallar las alarmas. Quedan menos de seis meses y los laboristas se niegan a que la película termine con otros cinco años de espera en la oposición.

En busca de un candidato

A favor de la continuidad de Ed Miliband al frente de la oposición en Reino Unido no solo está el miedo de muchos diputados laboristas a buscar un líder a escasos seis meses de las elecciones. También las normas internas del Partido Laborista lo ponen difícil. Los rebeldes no solo necesitan reunir a un 20% del total de diputados del partido (51 de los 257) sino que todos apoyen al mismo candidato alternativo. Entre los nombres que han salido esta semana —además del exministro Alan Johnson, que se ha descartado— se habló de una alianza entre Andy Burnham e Yvette Cooper, portavoces de Sanidad y de Interior. Pero ni ellos lo han confirmado ni parece que haya ya una candidatura.

Si lo consiguen, lo siguiente sería convocar un congreso. Podría hacerse en pocas semanas. Pero en la práctica el líder amenazado lo tendría fácil para retrasarlo hasta el ordinario del otoño próximo. El último líder laborista derrocado fue George Lansbury, cuando en 1935 perdió el apoyo de los sindicatos. Tony Blair sobrevivió a un golpe interno en 2006. Y el intento contra su sucesor Gordon Brown fracasó cuando David Miliband, hermano de Ed, retrocedió en el último momento.