EE UU hace gestos conciliadores a Rousseff tras su reelección

El espionaje de la NSA afecta la relación bilateral entre ambos gigantes

Rousseff y Obama, en la Casa Blanca en 2012.
Rousseff y Obama, en la Casa Blanca en 2012.AFP

Si hay que juzgar por gestos y palabras, el Gobierno de Estados Unidos quiere hacer un esfuerzo en relanzar la relación con Brasil tras la reelección de Dilma Rousseff como presidenta. Así lo sugieren las primeras reacciones tras las elecciones del domingo. Las relaciones entre ambos gigantes se deterioraron hace más de un año tras destaparse que EE UU espió a Rousseff. La revelación llevó a la mandataria a cancelar la distintiva visita de Estado a Washington prevista para el pasado octubre.

A primera hora de la mañana del lunes la Casa Blanca emitió un comunicado en que el presidente Barack Obama felicitó a Rousseff. La Casa Blanca solo valora los resultados electorales de determinados países y en otras ocasiones ha tardado más tiempo en hacerlo, por lo que este caso puede interpretarse como un gesto hacia Brasil.

Y este martes Obama felicitó a Rousseff por teléfono. Los dos presidentes no hablaban desde septiembre de 2013 cuando se suspendió la visita oficial. Obama enfatizó el “valor estratégico” de la relación bilateral y manifestó su compromiso en “fortalecer” la cooperación en áreas como el comercio y la energía, según un comunicado de la Casa Blanca. Rousseff le dijo que fortalecer los lazos con EE UU es una “prioridad” para Brasil, según Washington.

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Al mediodía del lunes, el secretario de Estado, John Kerry, también divulgó una felicitación a la presidenta. Kerry se alejó del tono prudente de muchos comunicados diplomáticos y sugirió una clara voluntad de pasar página. Dijo que la relación con Brasil es “vital” para el hemisferio y para el mundo, y que su componente “estratégico es mayor que cualquier diferencia”.

El jefe de la diplomacia estadounidense citó “numerosos intereses en común” entre las dos mayores democracias y economías de América, como la lucha contra la epidemia de ébola, la estabilidad de Haití o asuntos de educación y comercio. “Si ambos hacemos de esta relación la prioridad que puede y debe ser, nuestra cooperación y compromiso solo seguirá profundizándose”, agregó, en una petición implícita a que Brasil también ponga de su parte.

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La duda es si estas palabras se traducirán en acciones concretas y si Brasilia seguirá esperando que Washington se disculpe por el escrutinio de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA por sus siglas en inglés) para enterrar definitivamente la tensión. Fuentes diplomáticas brasileñas consultadas por este periódico aseguran que Brasil no puede olvidar de golpe el espionaje y hacer como si nunca hubiera sucedido. Aún así, creen “probable” que Rousseff reanude en 2015 la visita a la Casa Blanca.

Una primera señal conciliadora podría ser que Obama, en su llamada telefónica, la invitase oficialmente, pero la Casa Blanca no dio ninguna información al respecto. En marzo, el embajador de Brasil en EE UU, Mauro Vieira, dijo que la mandataria “desea mucho venir” a Washington.

Si ambos hacemos de esta relación la prioridad que puede y debe ser, nuestra cooperación y compromiso solo seguirá profundizándose” John Kerry, secretario de Estado de Estados Unidos

Peter Schechter, director del centro latinoamericano del Atlantic Council, un laboratorio de ideas en Washington, considera que EE UU tiene que demostrar que realmente ve en Brasil a un “socio estratégico”, al nivel de otros gigantes emergentes como China o India. “Los dos se dan la espalda, pero mucha de la culpa es de EE UU”, dijo este martes en un coloquio en Washington.

Más allá de lo que pueda hacer Washington, Ricardo Sennes, analista del mismo centro, cree que el frenazo económico brasileño obligará a Rousseff a ampliar la relación con EE UU en los sectores de energía, tecnología y comercio dado que no ve a Europa y los BRICS -el bloque de emergentes- como alternativa. Aún así, no vaticina una gran mejora de la relación política.

En el terreno diplomático, Washington parecía haber superado con Rousseff el recelo con el que veía el intervencionismo de su antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, pero el escándalo de espionaje dilapidó todo ese progreso. Desde entonces, ha tenido lugar un acercamiento incipiente entre ambos países. Pese a que Rousseff tiene un perfil más discreto en política exterior, a EE UU le gustaría que se distanciara del Gobierno venezolano y se involucrara más en grandes causas, como la lucha contra el extremismo islámico o la presión a Rusia por su rol desestabilizador en Ucrania.

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