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Bosnia celebra unas elecciones generales que la alejan de la UE

Una ley aún impide a las minorías como judíos o gitanos aspirar a la presidencia

Una mujer pasa con una niña ante carteles electorales en Sarajevo.
Una mujer pasa con una niña ante carteles electorales en Sarajevo.

Con el país profundamente lastrado por la crisis y el desempleo, Bosnia celebra este domingo sus séptimas elecciones generales desde el final de la guerra (1992-1995). A la cita están convocados unos 3,3 millones de ciudadanos para designar a sus representantes públicos, incluidos sus tres presidentes rotatorios, uno por cada una de las tres comunidades mayoritarias que habitan el Estado: bosnios (musulmanes), croatas (católicos) y serbios (ortodoxos). Pero estos comicios, además de perpetuar la compleja arquitectura administrativa que mantiene al país burocráticamente paralizado, lo alejan de su camino a la candidatura a ser miembro de la Unión Europea. Bosnia sigue sin emprender el cambio legislativo que permita concurrir a la presidencia a ciudadanos de minorías, como judíos o gitanos, que no son esos tres grupos mayoritarios.

Pese a las reiteradas advertencias comunitarias, y a que acumula dos condenas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el Gobierno bosnio mantiene una Constitución discriminatoria. Es herencia de los acuerdos de Dayton, que en 1995 pusieron fin al conflicto armado y que diseñaron una organización administrativa fragmentada —hay dos entidades autónomas, la República Srpska de Bosnia y la Federación croata-bosniaca, dividida a su vez en cantones; además de los Gobiernos municipales— y complicada de manejar, que otorga el poder de modo equilibrado a las tres comunidades en conflicto.

Jakob Finci, presidente de la comunidad judía de Bosnia, trató de presentarse a las elecciones presidenciales en 2006. La Comisión Electoral no se lo permitió y Finci acudió a Estrasburgo. Ganó el caso, pero lamenta que la sentencia no ha servido aún para nada. “A pesar de las eternas promesas se sigue sin respetar los derechos de todos los ciudadanos”, critica por teléfono desde Sarajevo. En julio, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a Bosnia de nuevo, esta vez por el caso de Azra Zornic, que quiso concurrir a las elecciones pero rehusó declarar su pertenencia a un grupo étnico en particular; se definía como ciudadana de Bosnia-Herzegovina.

El país acumula dos condenas de Estrasburgo por discriminación

Sin embargo, señala Nikola Tankosin, del laboratorio de ideas Centro de Estudios de Bosnia, pese a que el cambio constitucional es imprescindible para que el país cumpla su agenda europea, ese punto no ha tenido presencia en la campaña. "La mayoría de los discursos políticos tienen que ver con la economía y con las reformas que el país debe emprender; que también son puntos fundamentales en nuestra agenda y en la agenda europea", incide el analista económico Damir Saljic. "Con los parámetros más catastróficos de los últimos 20 años, las reformas y una apuesta política por ellas son lo único que ayudará al país", añade.

El país, con un 40% de desempleo —un 60% entre los jóvenes— está una complicada situación económica, a lo que hay que añadir una lenta recuperación de las secuelas de las inundaciones que en mayo dejaron cientos de damnificados y daños materiales por más de 2.000 millones de euros. El desastre mitigó las protestas que en febrero sacaron a la calle a cientos de personas contra la parálisis política, la corrupción y la crisis económica. “Si los comicios hubieran sido antes, es probable que hubieran servido para impulsar un cambio; ahora tengo mis dudas”, apunta la activista política Vedrana Kolar.